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Éver, adelante

La temporada del Sevilla ha estado llena de luces y sombras, tanto en el aspecto futbolístico como en el extradeportivo. Todos podemos recordar con nitidez los problemas de salud del Toto Berizzo así como su posterior recuperación, la remontada al Liverpool en el Pizjuán de aquel 0-3 al 3-3 definitivo o su pase a los cuartos de final de la Champions League tras vencer en Old Trafford. Sin embargo, a pesar de diversos momentos positivos esta temporada, su juego nunca ha sido estable. Grandes actuaciones contrastaron con partidos menos lúcidos, mucho más grises. Solo esto explica que el conjunto hispalense, tras su histórica actuación en la Copa de Europa y acabando como finalista de la Copa del Rey, se encuentre al final de la temporada luchando por los puestos de acceso a la próxima Europa League en el torneo donde más prima la regularidad a lo largo de toda la campaña.

Tras dos cambios de banquillo, precisamente por esos resultados tan desalentadores entre la afición hispalense –en 8 encuentros han encajado 4 o más goles-, Joaquín Caparrós ha llegado a la capital andaluza para tratar de confirmar el objetivo que buscan desde la entidad de Nervión; certificar su presencia en la próxima edición de la Europa League. En un plazo de tiempo tan corto como el que dispone el técnico utrerano los cambios o detalles tácticos apenas son perceptibles o de gran trascendencia para cambiar la dinámica del equipo. Caparrós sabe que la recuperación de su equipo pasa más por lo intangible. Tener al equipo anímicamente estable, que recupere esa garra y esa confianza en su juego termina por ser más importante que los ajustes desde la pizarra -siempre que hablamos de proyectos tan a corto plazo como unas pocas jornadas-.

La imagen del Sevilla de esta temporada contrasta con partidos y victorias memorables con otras duras y abultadas derrotas en numerosas ocasiones.

Desde esta premisa el Sevilla debe trabajar por formar un grupo con la actitud correcta para encarar los últimos desafíos del equipo y así alcanzar el objetivo marcado. Y es algo que la dirección deportiva del club tuvo en cuenta sin duda, pues desde esta óptica entendemos mejor el fichaje de Caparrós, un mito dentro del club además de un gran motivador nato. Su impulsivo mascado de chicle de nuevo en la banda del Pizjuán, casi como un reflejo de la intensidad que quiere reflejar en sus jugadores sobre el tapete. Un corte similar a un Simeone o un Emery de la vieja escuela. En ese aspecto es difícil que se le escape la gestión del vestuario.

Ya en términos de juego es otro cantar. El Sevilla no se caracteriza por un estilo marcado y cerrado, sino que posee mimbres para poder desarrollar diferentes modelos. En su primer encuentro, el que habría la jornada 36 frente a la Real Sociedad en la noche del viernes, pudimos ver algunos matices diferentes en cuanto a los planteamientos de Berizzo o Montella. El dibujo, sin apenas variar demasiado más que en alturas de juego, mostró una apuesta que podría ser su principal variación. Joaquín colocó un doble pivote más enfocado a la contención en fase defensiva, alineando un 4-2-3-1 que se convertía en un 4-1-4-1 en transición ofensiva. Roque Mesa era el encargado primero en dar salida al balón, situándose unos metros por delante un N’Zonzi recuperado para la causa, buscando del francés precisamente su capacidad para ocupar con solvencia muchos metros del terreno de juego. Pero la principal novedad -o no tanto- estuvo en la vuelta de Banega a la mediapunta.

Roque Mesa lideró la salida de balón, liberando a un Banega que volvía a ser el cerebro del equipo en su zona predilecta, la mediapunta.

El argentino ocupó una posición más adelantada de lo que venía haciendo con los técnicos anteriores, en detrimento del Mudo Vázquez, que tomó especial protagonismo con Montella. A diferencia del preparador italiano y también de su predecesor Berizzo, que muchas veces apostaba por un trivote con Guido Pizarro como escolta, Caparrós decidió devolver al argentino a la zona de tres cuartos, donde se desenvuelve con especial soltura y desde donde es capaz de filtrar unos últimos pases exquisitos para que los pueda aprovechar ese delantero de desmarque y remate. Por ello la elección de Sandro en el puesto de ‘9’ se entiende a partir de la presencia de Banega por detrás. Aunque también encajaría a la perfección en dicha descripción un hombre como Ben Yedder. Éver ha vuelto a alejarse de la base de la jugada para ser decisivo en la zona de definición y no tanto de generación, algo que quizás se ajusta más a su perfil, aunque el Sevilla pueda sufrir su falta atrás a la hora de crear, por ello la apuesta en firme por Roque Mesa tendría especial cabida.

Sea como fuere, Caparrós ha sido contratado para tarea muy concreta y trabajando al equipo en lo mental sabe que tendrá parte del trabajo hecho, pero como ya hemos podido ver en su primera -aunque no nueva- aparición en el Sánchez Pizjuán también nos va a dejar ciertos detalles tácticos que ayuden a encajar los engranajes de su juego en la capital hispalense. El primer paso, con Éver adelante.

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