La edad no importa

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El Atlético de Madrid se coronó campeón de la Europa League por tercera vez en la lluviosa noche de Lyon. Lluviosa, aunque solo por un momento. Y es que las inclemencias meteorológicas se mostraron como el propio partido; diversas y cambiantes. El Marsella arrancó sorprendiendo al Atleti con su alto ritmo de circulación y recuperando el balón con suma facilidad. Como destacamos en la previa, la presión ejecutada por cada uno de los equipos sería clave para entender el devenir del encuentro, y la mejor muestra la tuvimos en los primeros 20 minutos aproximadamente. Los rojiblancos eran incapaces de trenzar jugadas de tres o más pases consecutivos. El OM presionaba muy arriba y con mucha intensidad tras pérdida, generalmente en el entorno del área colchonera, y el balón siempre acababa despejado a campo contrario por un jugador atlético. Esto facilitó que la posesión fuese marsellesa durante este tramo, con un Atleti incapaz de inquietar la meta de un Mandanda que tomaría protagonismo en uno de los puntos de inflexión del encuentro.

En el contexto del dominio marsellés varios nombres propios brillaron con luz propia. Por un lado Ocampos se mostraba como el hombre más activo cerca del área atlética, incordiando a un correcto Vrsaljko que siempre necesitó de una cobertura eficaz para que el argentino no pudiese internarse en dirección a Oblak. Por otro lado Zambo Anguissa estaba cumpliendo con su rol a la perfección. Todo balón ‘sucio’ o trabado que pasase por su zona era recogido por el camerunés, que le daba una salida rápida. Sin embargo todo su excelente trabajo en el apartado físico quedó ensombrecido por protagonizar, junto a Mandanda como comentábamos, la acción que favoreció el 0-1. Aunque centrar toda su actuación únicamente en este error sería frivolizar en el análisis. El meta francés, fruto de la presión, dio un pase frontal al centrocampista camerunés, pues no tenía muchas más alternativas, el balón no era el mejor posible y el jugador, que no se esperaba el pase, realizó un control defectuoso de espaldas a los rivales que terminó en pérdida y en una posterior asistencia a un Griezmann que se aprovechó de lo abiertos que estaban los centrales para definir, como ya viene acostumbrando, a gol. Pues otra cosa no, pero la capacidad de resolución del punta galo es superlativa.

Una vez más Griezmann demostró en la final su capacidad para definir a gol.

Con el Atlético por delante en el marcador, el partido cambió ligeramente, pero breves instantes después llegó la desgracia para el aficionado olympien con la lesión de su capitán y principal conductor de juego ofensivo durante el partido, Dimitri Payet. Con lágrimas en los ojos, fruto de la impotencia de tener que abandonar a su equipo en una final, fue el fiel reflejo de lo que sus compañeros desarrollaron desde entonces en el terreno de juego.

Remontar ante uno de los mejores equipos defensivos de Europa, con un gol fruto de un error y la lesión de Payet, mermaron mentalmente a los jugadores del OM.

En desventaja, teniendo que remontar a uno de los equipos más difíciles en esa tesitura de Europa y sin la presencia de tu capitán y mejor jugador, el Marsella se mostró anímicamente tocado. Fue entonces cuando la segunda mitad desequilibró la balanza por completo y se desarrolló como una auténtica clase magistral de los jugadores rojiblancos. Costa apareció, desquiciando a un Luiz Gustavo que rozó la expulsión, generó los espacios que necesitaba Griezmann para seguir brillando una noche más, siendo clave en el segundo gol atlético. Koke se cambió la bota por un guante de nuevo para ejercer de asistente y organizador. Y Gabi demostró que la edad no importa. Si en la primera parte apenas estuvo acertado para despejar algunos balones peligrosos y poco más, en la segunda dio un auténtico recital. Recordando a aquel Gabi de 2014, se enfundó el mono de trabajo y dio un clínic de recuperaciones, de cómo ocupar los espacios y de los galones que le han llevado a ser el capitán del Atlético de Madrid. Se podía pensar en Thomas de cara a un encuentro que se preveía tan físico, pero Gabi demostró estar a la altura sin importar en absoluto que en apenas dos meses cumplirá 35 años. Culminando además su gran actuación con un gol más característico de un gran delantero por su calidad y calma en la definición.

Pero si de leyendas colchoneras hablamos, más aún en cuanto a delanteros de esa índole se trata, no podía ser otro el que levantase el trofeo. Fernando Torres tuvo la oportunidad de entrar en los últimos minutos del encuentro con la misión principal de elevar la copa de la Europa League al cielo junto al capitán madrileño. Un broche de oro a un ídolo del club que abandonará la disciplina rojiblanca este verano pero, al igual que Gabi, suman un título más a su extenso palmarés. Y es que como dice el tópico; “viejos rockeros nunca mueren”. Y en el mundo del fútbol se demuestra una vez más que la edad no importa.

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