El arte del engaño

El fútbol, como todo deporte, precisa de la necesidad de etiquetar y catalogarlo todo. Posiciones, jugadores, roles… Todo debe estar sujeto a algo que le de sentido, como si las piezas estuvieran predeterminadas sin importar quién ocupe estos roles. Si mirásemos desde esta óptica el once del Liverpool, veríamos un 4-3-3, con Roberto Firmino en punta y el 9 a la espalda. Dos señales que, inequívocamente, invocan a nuestro imaginario colectivo la imagen de un delantero centro. Pero ya hace unos años que algo está cambiando, que las posiciones no son algo estático, sino un mero punto de partido desde el que potenciar al equipo. Un nexo, una referencia desde la cual se van a abrir nuevos caminos y escenarios. Y Roberto Firmino es, sin lugar a dudas, una de las grandes constataciones de este nuevo modelo.

10 goles y 8 asistencias son el aval numérico de Firmino hasta la final

Son muchas las claves que hay sobre la mesa en una final de Champions League. Pero uno de los porqués más interesantes es el de cómo va a defender el Real Madrid al punta carioca. Firmino representa, en esencia, el falso nueve por excelencia. Un jugador que potencia y dota de sentido a todos los ataques del Liverpool. Los Reds juegan a un “rock’n roll” constante, un frenesí ofensivo que demanda la presencia de un futbolista que, precisamente, ponga la pausa necesaria, la cordura entre tanta locura. Choca ver que el encargado sea el teórico 9 del equipo. Cada posición tiene supeditada una serie de funciones que vienen de serie. Y Firmino no encaja en ninguna de ellas. De la mano de Jürgen Klopp, el brasileño ha sabido ser el cuarto centrocampista del Liverpool y, de hecho, el que tiene más peso creativo. Pero su papel no es el de solo un agitador, sino que ha participado en 18 de los 40 goles del Liverpool. Números de súper élite para un jugador que este curso ha trascendido lo numérico, y es que seguiría siendo una delicia si no marcase. Pero lo hace.  Sus recepciones entre líneas y sus finísimas devoluciones han potenciado al entramado Red, sobretodo al hombre de moda; Mohamed Salah.

Para entender la temporada de Salah es imprescindible acudir a Firmino. Él ha sido el encargado de facilitar el gol, de acercarlo. Sus caídas en banda han permitido que, de facto, fuese el egipcio el que actuara mucho más cerca del área, sobretodo en el pico, en donde ha resultado diferencial. Firmino ha logrado que Salah no solo sea un monstruo corriendo al espacio, sino que le ha “obligado” a jugar mucho más cerca del área. Roberto es el que mueve los hilos.

Salah ha conseguido los mejores números de su carrera por méritos propios, pero también bajo la influencia de lo que supone para él la presencia de Firmino.

Ante una pieza así, la figura de su compatriota, Carlos Henrique Casemiro oposita como candidato a intentar menguar su impacto. Es de esperar que Klopp le pida a Firmino que abandone el centro para caer en banda derecha, zona de Marcelo, para poder orquestar sus ataques con más comodidad, castigando las eternas subidas del 12 del Real Madrid. El Liverpool va corto en calidad bruta en su centro del campo, por lo que se antoja coherente pensar que los de Klopp intentarán castigar al Madrid de forma directa, llevando el balón a la banda, donde una pérdida es menos sensible y a los pies del mejor gestor de su equipo, o sea, Firmino.

Si Casemiro abandona su posición para ser la sombra del 9 -vamos a decirlo así- es muy probable que los ingleses opten por cargar el vacío que deje por dentro con las llegadas de los infatigables Milner y Wijnaldum, quienes van a intentar atacar las zonas más débiles. Salah y Mané, cada uno en su particular hábitat, serán los encargados de estirar al Real Madrid, de forzarles a correr hacia atrás. Sergio Ramos estará pendiente de Salah, un duelo que apunta muy alto, así que Varane quedaría como el hombre libre en la defensa, donde su velocidad y potencia se antojan claves para frenar las acometidas de los de Klopp. El Liverpool tratará de enajenar el partido. Pero siempre bajo las órdenes del 9 menos 9 de todos. Porque Firmino nos ha engañado a todos.

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