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Jürgen Klopp como Bobby Fischer

Hace tiempo que nos creímos e interiorizamos el personaje de Jürgen Klopp. El entrenador rubio con gafas de hipster y pinta de loco. El mismo que recorre media banda de Anfield celebrando cada uno de los goles del Liverpool -que no son pocos-. No sabíamos que estábamos equivocados. No era una caracterización, es la forma de ser del alemán. Extremadamente metódico y con una gran confianza en sus hombres, el sistema de juego del Liverpool no tiende a la anarquía. Como en su día hacía el ajedrecista norteamericano Bobby Fischer, estudia cada uno de sus movimientos y anticipa los de los rivales. Un Fischer excéntrico que también ofrecía ciertos motivos para pensar que estaba loco: demandaba un determinado tono de luz y no quería ni a espectadores ni fotógrafos en sus partidas.

Virgil Van Dijk ha mejorado a sus compañeros.

El Liverpool-Real Madrid de la final de la Copa de Europa no será el partido más rico en términos tácticos, los jugadores no serán esclavos del minucioso estudio de pizarra. Gran parte de las posibilidades de los ingleses para ganar el duelo recaen en la capacidad de defender a uno de los mejores ataques del continente. Desde la llegada de Klopp al banquillo de Anfield, el exentrenador del Borussia Dortmund dibujó una de los puntos determinantes del actual Liverpool. El gegenpressing, la presión que ejerce en campo rival, permite robar cerca del área contraria y trazar una finalización exprés. Uno de los puntos donde más sufrió el equipo fue en la columna vertebral. Los centrales se colocan a mucha distancia de la portería y cualquier movimiento mal medido puede suponer una situación de gran ventaja para el adversario. Este factor, sumado a las deficiencias técnicas de los defensores, hacían del Liverpool un equipo vulnerable en fase defensiva. Un equipo que, para ganar, tenía que convertir más goles que errores cometiese su defensa. Sin embargo, el fichaje de Virgil Van Dijk en el mes de enero ha mejorado considerablemente los números negativos. De encajar más de un gol por partido en Premier League, los reds han pasado a recibir 0,75. La incorporación del central holandés va más allá de los términos futbolísticos. Emocionalmente, se ha convertido en el líder de la línea y ha mejorado a sus compañeros. Dejan Lovren, señalado por sus errores a lo largo de la temporada, ha dado un paso al frente y se ha mostrado mucho más sólido. Por contra, en Anfield siguen conviviendo ciertos momentos de desconexión, tanto en la primera como en la segunda parte.

Benzema cae a banda izquierda para dar fluidez a la salida de balón.

La adaptabilidad del Liverpool a los diferentes escenarios que planteará el Madrid, cómo defenderlos, marcará el devenir de la final. Principalmente, los ingleses no deben soslayar ni las transiciones defensa-ataque de los de Zinedine Zidane, ni el dominio del área de Cristiano Ronaldo. Los merengues han tenido problemas en partidos donde el rival le ha presionado de forma muy pautada, algo que el Liverpool tratará de hacer. Para corregir esta situación, Karim Benzema emerge como una figura clave para facilitar el ejercicio de salida de balón. Siendo el costado izquierdo la zona de apertura del movimiento del francés, el triángulo formado por Alexander-Arnold, Lovren y Jordan Henderson vigilará al nueve blanco. En este contexto, Cristiano Ronaldo sufre si el balón viaja por arriba, puesto que debe trazar movimientos explosivos más largos para dotar al equipo de tiempo para ganar altura en campo rival. Si el Liverpool no permite la fluidez del balón a ras de suelo, pese al hilo conductor de Sergio Ramos junto a Toni Kroos con la vigilancia de Luka Modric, podrá robar en territorio merengue. A los movimientos de Benzema, el Liverpool no puede ofrecer una respuesta individualizada, sino coyuntural. Una de las piezas de la defensa que no tiene asegurada su titularidad es Alexander Arnold. Establecido en el once durante casi toda la temporada, ofrece una opción exterior en ataque al equipo para contrarrestar la dificultad de crear de los centrocampistas. Por contra, defensivamente -pese a una gran eliminatoria ante el Manchester City- ha dejado algunas dudas, y Kiev es uno de los contextos en el que estará completamente exigido. Nathaniel Clyne, que ha sido baja gran parte de la campaña, ofrece una mayor consistencia defensiva y tiene el punto de experiencia que siempre juega a favor al afrontar un escenario tan complejo. A pesar de ello, la inclusión del joven lateral en la lista de Gareth Southgate indica las aptitudes para aparecer en una gran cita.

Dominar a Cristiano Ronaldo en el área es una tarea prácticamente imposible.

El ataque posicional del Madrid será otro de los escenarios que los de Klopp encontrarán. La dependencia de los actuales campeones de Europa sobre el Ronaldo goleador, así como la capacidad de convertir del mismo en esta competición, es enorme. El mayor reto del Liverpool es la defensa de este espacio. Y pasa por saber detectar y anticipar los movimientos de Ronaldo. Sin embargo, el portugués tiene un catálogo de movimientos muy variado, remata con facilidad con ambas piernas, al primer o al segundo palo y se desmarca en pocos metros con una inteligencia que le convierte en diferencial. Uno de los puntos donde Van Dijk puede imponerse es en el juego aéreo, otro dígito dominado por el portugués. El holandés, aun siendo un central de gran envergadura, salta bien a tapar y no tiene dificultad para moverse con rapidez en espacios reducidos. Por otro lado, Henderson convivirá en una constante situación de ofrecer ayudas y coberturas, sin poder perder el centro de gravedad del eje central.

Como en su día Bobby Fischer se enfrentó a Borís Spassky, de la hegemónica hornada de ajedrecistas de la Unión Soviética, el próximo sábado será el Liverpool de Klopp el que se medirá ante el también máximo dominador de Europa. El tablero de Kiev espera a los respectivos trebejos.

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