Un debut engañoso

El resultado del primer encuentro del Mundial puede dar una sensación diferente si solo nos fijamos en eso, en el resultado. Rusia debutó frente a su afición en un abarrotado -y precioso- Estadio Olímpico de Luzhniki, el escenario que abrió y cerrará este Mundial. Y lo hizo endosando una ‘manita’ a la débil Arabia Saudí. Lo cierto es que en la previa del partido, aunque se presumía cierto favoritismo en favor de los soviéticos, se podía esperar que el combinado árabe fuese capaz de explotar sus principales virtudes y hacer sufrir a los rusos en determinados momentos del encuentro. Sin embargo, esto no llegó a ocurrir.

Rusia dominó el encuentro con suma facilidad, moviendo el balón con la lentitud habitual que le caracteriza y aprovechando los múltiples errores saudíes en salida y combinación. La mala colocación de los chicos de Juan Antonio Pizzi dificultaron que fuesen capaces de mover el esférico con fluidez y facilitaron -y mucho- las recuperaciones rusas en la medular. Al final, fruto de estos errores y de la fragilidad defensiva de los asiáticos, Rusia no sufrió en exceso más allá de algún conato de contraataque saudí que en ningún caso llegó a buen puerto, aunque argumentos para explotar este recurso tenían.

Los errores en colocación impidieron a Arabia Saudí jugar con fluidez, facilitando las recuperaciones de balón rusas.

Rusia dominó desde el balón y el ritmo de juego, pero acabó aprovechando otra de las ventajas que tenía frente a su rival: la estatura. Arabia Saudí se presenta en este Mundial como la selección con menor altura media, mientras los soviéticos presentan varias figuras de importante envergadura. Así, y con el buen pie de su estrella Golovin, abrieron el marcador y sentenciaron el encuentro. El menudo mediapunta del CSKA, que ya brilló en la última Europa League, tiene una gran oportunidad para aprovechar un escaparate como es un Mundial para lograr dar un paso importante en su carrera. Su calidad técnica quedó patente con dos asistencias y un gran gol de libre directo que puso la guinda a la goleada rusa. Además participó de forma decisiva en el contraataque del segundo tanto del partido, obra de otro de los protagonistas de la tarde del jueves; Denis Cheryshev.

El jugador del Villarreal debutó en un Mundial, logrando así algo que su padre, el mítico ex del Sporting de Gijón Dmitri Cheryshev, no había conseguido hacer en su carrera, y vaya forma de estrenarse. Un doblete con dos auténticos golazos, a cada cual mejor, aunque en los minutos transcurridos entre uno y otro tampoco tuvo gran trascendencia en el juego de su selección, que según aumentaba la renta se iba relajando en torno a la pelota, sin gran oposición por parte del combinado saudí.

Dos individualidades brillaron sobre el resto: Cheryshev y sus golazos y Golovin y su trascendencia en el juego ruso. Dos nombres propios a vigilar en este Mundial.

Esto define muy bien lo que fue el partido de Rusia, dos individualidades destacadas marcaron la diferencia en un encuentro en el que uno de los dos equipos se mostró muy estable mientras el otro estuvo totalmente errático. Un encuentro desequilibrado desde lo táctico que no sirve mucho para medir lo que puede ser Rusia en este Mundial. Podíamos esperar mucho más de Arabia Saudí, cuya imagen fue realmente pobre, pero quizás no podíamos esperar menos de Rusia. No porque su partido fuese brillante o por encima de lo esperado, si no porque cumplió con su deber y salieron a relucir sus mejores jugadores, pero su juego sigue generando las mismas dudas que mostraba en los amistosos previos de preparación, aunque sin el agravante de no lograr una victoria. Ahora, estos tres puntos serán un colchón importante para luchar la clasificación ante Egipto y Uruguay, dos planteles que le pondrán en muchos más problemas que Arabia Saudí, de eso no hay duda.

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