Balón en Profundidad

Fútbol hasta la línea de gol

Mundial Rusia 2018

Un guion inaudito

La previa del partido que enfrentaba Uruguay contra Egipto se basaba en un guion muy claro. La renovada selección de Óscar Tabárez se estrenaba en Rusia con la expectativa de que su capacidad asociativa y temporizadora en el medio campo le hiciese partir con una ventaja diferencial para encarar el camino de la victoria contra un rival inferior y dependiente. La Egipto de Héctor Cúper funciona desde su sistema defensivo riguroso y las posibilidades que le pueda ofrecer Mohammed Salah en el último sector del campo, pero, sin este sobre el tapiz verde, las opciones de la ecuación egipcia se reducían considerablemente. La lógica acentuaba aún más el dominio uruguayo, pero los charrúas cayeron en la telaraña defensiva rival y no consiguieron responderla.

El sistema defensivo egipcio frenó toda intención combinativa de la nueva Uruguay.

A parte del mérito defensivo egipcio, el carácter horizontal de Uruguay en la primera parte se desarrolló en tres puntos: la falta de amplitud, movilidad y profundidad. El conjunto árabe edificó un muro que ensanchó los espacios por dentro y frenó la tendencia de Nández y De Arrascaeta de interiorizar su posición. A los celestes les costaba hacer llegar el esférico a sus referencias ofensivas, intentaban cruzar el puente hacia tres cuartos de campo pero terminaban ahogándose en la orilla. El problema se encontraba en la pobreza de su juego exterior. Con el equipo egipcio instalado en su campo, Uruguay tenía que sumar ayudas para generar situaciones de superioridad, pero los dos laterales estuvieron intermitentes ofensivamente, sobre todo Cáceres, a pie cambiado e intimidado por Warda. La pobre lectura en las incorporaciones a campo contrario desequilibró a un equipo que los echó mucho de menos. Sin el recurso exterior, los jugadores interiores tuvieron una participación menos vistosa y solo intimidaron a partir de la movilidad, ya fuese en la descarga, el desmarque de ruptura o cayendo a banda y fijándola. Pero tanto Suárez, muy espeso y errático de cara a gol, como Cavani, estuvieron lejos de su rendimiento esperado: solo se vieron destellos de Bentancur y la dominante pareja de centrales Giménez-Godín.

La poca coordinación en ataque también se traducía en defensa, donde los uruguayos llevaban a cabo una presión atrasada que, no solo daba margen a Egipto, sino que les hacía recuperar más atrás, un inconveniente notorio debido la dificultad para llegar a los últimos metros. Aun así, Diego Godín y José María Giménez mantuvieron vigente la personalidad charrúa siendo sólidos atrás y dando alternativas en ataque. Su capacidad de liderazgo dio oxígeno a un equipo ahogado en campo contrario, que se benefició de su superioridad física. Cúper planteó un partido defensivo y directo y sacó rédito de la capacidad coral de un equipo sin su estrella. Pero le sobraron diez minutos. Egipto mostró un nivel competitivo imprevisible y se mantuvo a la altura de su rival con dos líneas de cuatro en campo propio que pusieron en apuros a una Uruguay con más intenciones que fútbol.

Egipto aguantó a Uruguay casi hasta el final, que acabó superándolos gracias al aspecto que les había hecho superiores en el partido: el físico.

Habrá que ver si Egipto consigue volver a conjurar su espíritu colectivo con Salah en la finalísima contra Rusia mientras Uruguay tratará -y deberá- corregir sus flaquezas en el juego exterior. El guion que se preveía no se siguió, de la misma manera que sus actores protagonistas tampoco relucieron. Contra un rival asequible, Uruguay tendrá una oportunidad sin presión para corresponder a sus expectativas.

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