Balón en Profundidad

Fútbol hasta la línea de gol

Mundial Rusia 2018

Ya está aquí

Hay partidos que te obligan a amar este deporte. No tienes decisión. El vivido en Sochi entre España y Portugal es de aquellos que dejan huella. Que marcan con fuerza y vertebran la historia de los Mundiales. Porque están hechos de partidos como este.

Isco Alarcón debutaba en una gran competición internacional. A sus 26 años, es uno de los jugadores más dominantes del continente en su posición, pero «solo» lo era en el Real Madrid. A ojos del mundo, España era de Iniesta, quizás aún de Xavi, con el recuerdo imborrable de Kiev en la retina. El cambio generacional que viene gestándose se confirma y reafirma en Isco, que ante los lusos ha cuajado una actuación apabullante de fútbol, de energía, de determinación. Fue lo que Portugal no quería que fuese. Derribó muros con sutileza y se fundió con Silva para dotar a España de una clarividencia técnica cegadora. Portugal no podía aguantar. Pero lo hizo. Tan incomprensible como Cristiano Ronaldo. Héroe por abrasión.

El relevo generacional de la selección española lo encabeza Isco Alarcón.

Fernando Hierro desveló sus intenciones con su primer once, apuntalando la defensa del carril diestro con Nacho y Koke. Diego Costa era la punta, el martillo pilón encargado de bregar con Pepe y Fonte. El duelo estaba servido. España salió demasiado contemplativa, incapaz de superar a Portugal en una defensa pasiva, un repliegue a media altura que invitaba a relajarse. La sobreexplotación de Isco hacía de embudo, ocupando de una forma contraproducente los espacios para España. Demasiada distancia entre Costa y los demás. Y esto lo aprovechó él. Cristiano Ronaldo es legendario. Cuando pensábamos que este equipo le ayudaría, le brindaría facilidades para ser determinante, el jugador del Real Madrid ejecutó el plan trazado por Santos; fue Guedes y Bernardo Silva sin dejar de ser Cristiano. Una primera mitad directa a la hemeroteca de los Mundiales.

Cuando Isco entendió que necesitaba esperar más arriba, para allí encontrarse con Iniesta y Alba, fue cuando España ganó soltura, brillo. El balón empezó a rodar rápido y ahí no hay quién les tosa. Y más cuando Diego Costa nos dejó uno de esos goles que el de Lagarto llevaba tiempo esperando. Balón largo y Diego contra el mundo. Tumbó a Pepe, recortó, amagó, recortó y gol. Latigazo para cerrar heridas. España sintió que el colmillo estaba afinado y siguió. Pero Cristiano no se rendía. 2-1 al descanso.

Los de Fernando Hierro no habían logrado profundizar, sobre todo por el costado de Nacho, y Portugal había castigado las transiciones defesnivas de España, que no se habían arreglado con Koke, ya que subía mucho dejando a Busquets con mucho terreno por abarcar. Cuando el partido más se perfilaba hacia el lado de los lusitanos, dos zarpazos, de Costa y Nacho, pusieron a España 2-3 y con la sensación que el partido no se les iba a escapar. Entró Thiago, y ahí, con los de Santos cansados, dejó 20 minutos de puro mareo, asociándose, apareciendo. Isco, Silva, Thiago. Entre ellos hicieron menor el pobre partido de Iniesta y dejaron minutos que invocaron a los mejores de 2008 y 2012. Pero el fútbol no concede. Y Cristiano menos. Cazó una falta en la frontal, qué más daba cuánto tiempo llevaba sin meter un gol de lanzamiento directo, era su día. Golazo mayúsculo para cerrar una batalla épica. La primera de este Mundial.

¿Algo que añadir?