Un debut de película

El día que debutas en un Mundial debe ser un momento único e irrepetible. Algo inolvidable. O al menos, a este lado de la pantalla así creemos que debe ser. En un partido que se debe tildar de histórico, Islandia y sus cerca de treinta mil vikingos presentes en Moscú se enfrentaban a un gigante del fútbol mundial como la Argentina de Messi. Una cita para la que estaban perfectamente preparados, pues la machada islandesa en su primera Eurocopa hace dos años no fue algo fruto de la casualidad. Así lo dejó claro Heimir Hallgrímsson, seleccionador islandés, en la previa y también sus pupilos instantes después sobre el terreno de juego.

El plan de juego de Islandia fue el esperado, el más próximo al que desplegaron durante esa Eurocopa de Francia y el que les ha traído a su primera cita mundialista. Un juego directo buscando la segunda jugada en la pugna de su delantero referencia con los centrales y un repliegue bajo que dificulte al máximo las posesiones del rival. Islandia renunció al balón, ocupó todos los espacios de forma magistral impidiendo que Messi recibiese con ventajas en la zona central y obligó a Argentina a buscar la salida por fuera, una situación que los pupilos de Hallgrímsson controlaron de maravilla, anulando por completo toda acción que involucrase a Meza o a un inédito Di María.

Islandia estuvo tan ordenada como acostumbra, cerrando todo espacio interior en un 4-4-2 en repliegue definido con los once hombres por detrás del balón, obligando a Messi a recibir muy lejos del área o desviando el juego de Argentina a las bandas.

En el único tercio de partido en que este guion se salió de lo esperado fue cuando llegaron los dos goles del encuentro. En unos minutos de ida y vuelta inusuales para la estabilidad que promulga la colonia islandesa, Argentina partía con ventaja al encontrar más espacios de los habituales entre las líneas isleñas y lograba conectar con asiduidad con Agüero y Messi en el balcón del área. En una de estas ocasiones, el habilidoso delantero del Manchester City logró revolverse y batir la portería vikinga con un potente disparo. En este punto se podía decir que la albiceleste había logrado lo más difícil; abrir el marcador. Y si esto suponía ensanchar un poco el campo y estirar a unos islandeses necesitados de marcar para igualar la contienda, ya tendrían dado un paso muy importante.

Pero nada más lejos de la realidad. Islandia, como ya hiciera durante la pasada Eurocopa, se mostró sólida en su plan, continuó buscando a su delantera con balones directos, prescindiendo del centro del campo, y atacó con verticalidad por los costados, exigiendo a una defensa argentina que se mostró muy poco contundente en su propio área. Si bien Otamendi parecía controlar las ofensivas aéreas islandesas, cerca de la meta de Caballero no se mostraron nada seguros. Fruto de esa inseguridad llegó el gol de Finnbogason. El ex de la Real Sociedad entre otros inauguró el casillero a favor en la historia de Islandia en los mundiales en una jugada muy embarullada con sucesivos rebotes en el interior del área que la defensa argentina no debió permitir.

Tras empatar, Islandia se estabilizó, redujo el ritmo de partido y siguió trazando su plan de partido para frenar a Argentina.

Con el empate de nuevo en el luminoso el partido comenzó a ser como quería Islandia. El repliegue bajo islandés generó desesperación en los jugadores albicelestes, que se vieron incapaces de encontrar un solo hueco entre la defensa vikinga. Además, el plan inicial de Sampaoli con Biglia y Mascherano en el doble pivote no surtió efecto, pues defensivamente no estuvieron nada exigidos por el inexistente juego combinativo islandés, mientras a la hora de elaborar y generar solo consiguieron ralentizar el juego de los suyos. Solo las entradas de Banega, que logró aportar algo más de fluidez en los primeros metros, y de Pavón, que se mostró más desequilibrante en los pocos minutos que estuvo sobre el césped que Di María el resto del encuentro, fueron argumentos para generar alguna esperanza positiva en la apática Argentina que Sampaoli aún está descubriendo y construyendo.

Un proyecto que ayer volvió a despertar fantasmas del pasado cuando Leo Messi erró de nuevo una pena máxima, como en aquella final frente a Chile. Un lanzamiento mal ejecutado que uno de los héroes de la tarde mundialista -y por ende de su país-, Hannes Halldórsson, adivinó y atajó con firmeza, poniendo la primera escena a la película de la vida de este productor de cine. El idilio que comenzó en la Eurocopa se prolonga en el Mundial. Una historia, la de Islandia, que da para película.

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