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Finalmente Kane

Harry Kane es más que un delantero. El jugador del Tottenham posee un olfato goleador diferente que le permite anticiparse a la acción y prever el lugar propicio donde enfocar el remate decisivo. El guion parecido de los dos goles que marcó frente Túnez no fue casual. El de Walthamstow es de esos atacantes que transmiten la sensación constante de avanzarse al gol y no solo desde la finalización, sino también desde la producción. Kane es cazador pero también arquitecto. Es hijo del área pero también se mueve con soltura fuera de ella. Descarga, cae a banda, tira el desmarque de ruptura, ayuda en los primeros metros, asiste y concluye. Hasta ha demostrado la capacidad de decidir partidos, una virtud que puede ser muy importante en un contexto competitivo corto y de máxima exigencia como el Mundial. No solo es el punto referencia de la selección de Southgate sino que, al mismo tiempo, estimula el sector ofensivo con su abanico de recursos fuera del área. Las posibilidades del colectivo británico nacen y mueren en el nueve y, a partir de su huella, se explica lo que puede ser esta Inglaterra. En un partido de altibajos contra Túnez, donde se pudieron ver todas las versiones de los ingleses, la de Kane no fue una excepción.

Como Brasil, Inglaterra empezó en modo apisonadora. El 3-5-2 de Southgate optimiza sus recursos en ataque y potencia las virtudes asociativas e individuales de Kane. Con un cuadrado de jugadores en zona de tres cuartos, resguardados por sendos carrileros, los británicos tenían la capacidad de presionar arriba y situar la jugada en campo contrario. La selección de Túnez completó una actuación notable con una propuesta eficiente con y sin balón. Pero la movilidad constante de las cuatro piezas rivales desvirtuaba el buen planteamiento defensivo de los tunecinos, que se limitaba a perseguir a sus contrincantes. Alli y Lingard empezaron como mediapuntas mientras que Kane y Sterling como delanteros, pero todos asumiendo las mismas funciones en el flanco de ataque, ya fuese descargando, cayendo a banda o tirando el desmarque de ruptura. Inglaterra difuminó sus líneas delanteras y la retaguardia rival se desestabilizó.

Los movimientos constantes y la fluidez en el juego de la ofensiva inglesa desmanteló el planteamiento defensivo de Túnez en la primera mitad.

En esa actividad ofensiva de los británicos hubo dos actores importantes: los carrileros y Henderson. Trippier y Young acompañaron al cuadrado atacante dando amplitud y profundidad en el momento que la jugada se estrechaba en el interior. Los dos supieron contemporizar su papel ofensivo y cumplieron dando solidez atrás, como Henderson. El mediocentro del Liverpool fue pulmón y corazón. Colaboró en tareas defensivas y, sobre todo, personalizó las jugadas desde el inicio, bombeándolas con su desplazamiento preciso tanto en corto como en largo. Su visión de juego activó los movimientos del cuadrado ofensivo y dio fluidez a un escenario que en la reanudación se apagó.

O antes. El gol fruto del penalti absurdo de Walker recordó a aquella Inglaterra que no conseguía llegar a las últimas eliminatorias. Aquella que tenía jugadores para aspirar a todo pero que siempre se marchaba con un mal sabor de boca. El empate dañó e Inglaterra desapareció. No solo por su estado de ánimo deteriorado sino por el nuevo planteamiento tunecino. Túnez supo corregir su principal flaqueza: acumuló más jugadores atrás, con defensa de tres, y replegó más abajo, donde mejor se siente. Los británicos no consiguieron restablecer el dinamismo de los primeros cuarenta y cinco minutos debido, en parte, a la mejoría defensiva rival. El juego dejó de desprender su vitalismo ofensivo y su fluidez. Los ingleses tendían más al error y Túnez se fortalecía con el paso de los minutos. Hasta las entradas de Rashford y Loftus-Cheek, Inglaterra sorprendió por su inédita horizontalidad e incapacidad de encontrar la fórmula que desestabilizase la puesta en escena de los tunecinos. El del United y el del Crystal Palace consiguieron agujerear el muro defensivo rival. Ambos dieron un punto de rapidez a la asociación y permitieron desatascar el entramado contrincante desde la profundidad, amplitud e intensidad. Pero la chispa inicial que parecía haber vuelto a la Inglaterra de los primeros minutos se volvió apagar. La defensa tunecina lo ganaba todo, inhabilitaba todo movimiento que pudiera repercutir y se anticipaba a lo diferente. Pero Inglaterra los superaba en los centros. Los ingleses remataron ocho de los once que realizaron durante el encuentro. Y allí estuvo siempre Kane para aprovecharlos. Hasta el final.

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