“Hooligan” Costa

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Irán se presentó en el Kazán Arena sacando agua de su propio barco desde el primer minuto. Carlos Queiroz planteó un escenario inmutable y metódico con el fin de que España se ahogara en la orilla del río Volga. Y los de Fernando Hierro pusieron a prueba una de las cuestiones que parecen no tener una respuesta clara: cómo España puede generar ocasiones de peligro.

Isco barajó y comandó las variantes de la selección.

El bloque bajo compacto de Irán imposibilitó cualquier intento de penetración vertical por parte de España. Con una línea de seis jugadores abajo por parte de los asiáticos, Isco trató de repercutir en la base de la jugada. Sin embargo, en ciertos momentos, el movimiento del centrocampista del Real Madrid fue contraproducente para la selección. Provocó una superpoblación en la medular, donde se juntó con Sergio Busquets, Andrés Iniesta y David Silva. Si en la segunda mitad ante Portugal Isco fue el activo principal, contra Irán redujo la posibilidad de que una de las piezas recibiese entre las compactas líneas defensivas de los de Queiroz. Con el carril central barrado, Isco se escoró a la banda izquierda tras el descanso. Interpretando las necesidades y dificultades del equipo a la hora de crear, buscó situaciones de uno contra uno para penetrar las líneas iraníes. Fue a partir de uno de los pocos destellos de Iniesta a lo largo del partido, y precisamente en el único momento de desorden de Irán, cuando llegó el gol de Diego Costa. Diferencial, como siempre, de lectura sobresaliente, el manchego siempre responde bien el cuándo y el cómo. El movimiento de acompañamiento a la zona de creación de Isco repercute en la adaptación de Iniesta al ecosistema del centro del campo, mucho más residual y con menos posibilidad de incisión, pero una decisión fue suficiente para derrocar a la defensa iraní.

El partido fue un examen a la fidelidad de España respecto a su modelo de juego.

Por otro lado, Lucas Vázquez se vio obligado a virar su ratio de acción por dentro, entre el extremo y el lateral contarios. Mucho menos cómodo que abierto a banda para dar amplitud, no se conjugó con Dani Carvajal. Aplicaban una misma función, abarcaban una misma dimensión e impedían mejorar otro registro. Fue uno de los aspectos que Hierro modificó en el descanso. El partido no solo fue un examen para España, en vistas a la clasificación a la fase final. Valoró la paciencia y la fidelidad del bloque a mantener el estilo de juego. No hubo cambios sustanciales al fin de los primeros 45 minutos. Sí matices. Gerard Piqué y Sergio Ramos actuaron de escuderos de Busquets más allá del centro del campo. Ante equipos replegados, los centrales son el primer apoyo. El dominio y sometimiento a partir del esférico les permite arriesgar posicionalmente. Si bien la generación es uno de los aspectos pendientes de ‘La Roja’, también lo es la mejora coyuntural de la defensa. Aun teniendo a dos de los centrales más dominantes de la última década, España sufre defendiendo en varios contextos.

España sobrevivió en un Mundial en el que el análisis táctico y los planteamientos defensivos estructurados están dificultando las opciones de las grandes favoritas. Con más dudas que certezas, España se acercó a la fase final. Diego Costa, en el punto de mira hace unas semanas, es el punto que -ahora- menos incertidumbre suscita. El ‘hooligan’ Costa, el menos aclimatado al modelo de juego, es el jugador más determinante. Para todo lo demás, Hierro aún tiene trabajo por hacer.

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