Croacia ante el mundo

A veces tendemos a construir la historia del fútbol según unos hechos que distan bastante de la realidad. Una narrativa equivocada. Puede generar debates, hacer dudar, pero el fútbol -bendito fútbol- siempre pone a cada uno en su lugar. Es justo,  a su manera. Argentina venía envuelta en una nube irracional, mágica. Leo Messi era el alfa y el omega. Se había construido un equipo en torno a una única figura. De hecho, las otras parecían ni siquiera importar. Sobraban en este debate. Hasta hoy.

El partido ante Croacia estuvo envuelto en una tensión brutal. Argentina jugaba, por encima de todo, contra sí mismo. El error ha pasado a ser la principal preocupación para Sampaoli. No fallar, asegurar cada posesión. Así salieron, agresivos en la presión y con la intención de jugar desde bien arriba. Porque no había otra. La pareja formada por Mascherano y Enzo Pérez dibujaba un escenario decadente para Leo Messi. Sin fluidez, Argentina jugaba con muchos hombres por detrás del balón. El miedo siempre era lo primero que tenían que superar. Con Rakitic y Luka Modric enfrente, cada pérdida costaba cara. Catapultaban a sus balas, Rebic y Perisic, que atacaban siempre la espalda de Salvio y Acuña. La defensa de 3 de Argentina no sumó, ni arriba ni abajo. Como todo en la albiceleste, no terminaba de ser lo que uno había imaginado.

Jorge Sampaoli buscó profundidad con sus carrileros para dar amplitud a Leo Messi.

Y es que Argentina podía esperar lo que terminaría sucediendo. Willy Caballero había amenazado con alguna catástrofe como la que dio origen a la del primer gol. Una inseguridad fruto del miedo al error. Un miedo atávico. El clamoroso error desembocó en el primer tanto. El golpe era irreversible. El marcador señalaba una distancia muy corta, pero en las cabezas de todos los jugadores argentinos pesaba una sensación plomiza. Para ellos era un 6-0. Pero este partido merece ser recordado, y el tiempo así lo dirá, como el de Luka Modric. El genio de Zadar derrochó toda su inteligencia futbolística para desdibujar aún más a Argentina. Siempre bien colocado, robó e hizo jugar. Intervino con criterio y, finalmente, marcó un gol soberbio para coronar un partido magistral. Luka Modric es el centrocampista más dominante del último lustro por partidos como el de hoy. Brilla sin la necesidad de la posesión. Modric no la necesita para dominar. Y es un centrocampista. Bendito fútbol.

Luka Modric llega al Mundial en un momento de máximo dominio.

Croacia ha dado ante Argentina un golpe sobre la mesa. Porque si bien era considerada de antemano un buen equipo, su contundente victoria le sitúa en una nueva perspectiva. Cuenta con la pareja más dominante en lo que va de Mundial. Ivan Rakitic y Luka Modric. Por fin jugaron donde se sienten ultradominantes. Y vaya si dominaron. Motivados por las continuas carreras de sus extremos y el, de nuevo, excelente partido de Mario Mandzukic, que se peleó con todos y los ganó a todos. Asegurando su pase a octavos de final los croatas se postulan como un equipo incómodo, capaz de hacer daño al rival desde distintas vías y con la certeza de haber encontrado su fórmula y su camino.

Leo Messi cerró el que, quizás, haya sido su penúltima actuación en una Copa del Mundo. Motivo más que suficiente para dedicarle el último párrafo. Lo que habría dado Leo para juntarse con el que, hoy, le ha quitado las luces. Y es que incluso al mejor jugador de esta era, el fútbol le contradice. Bendito fútbol.

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