Las dos caras de la misma moneda

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El recorrido mayoritariamente horizontal e irregular de sus dos primeros partidos ha puesto en duda la candidatura de Brasil después de la gran expectativa que había generado en las semanas anteriores. Pero desde esta incertidumbre ha salido a la luz su problema visceral. Su terrible trastorno de personalidad en la Copa del Mundo. Brasil ha estado atraída al magnetismo de su principal estrella desde hace mucho tiempo. Tanto como para no darse cuenta cuando esta no pueda asumir la responsabilidad que le corresponda. Neymar a medio gas no es el líder sino un elemento más. Pero durante la primera parte frente a Costa Rica no fue tratado acorde a su minusvalía actual.

Tite le exigió demasiado a un Neymar incapaz y el juego brasileño se desinfló.

Los primeros cuarenta y cinco minutos de Brasil ante Costa Rica se desarrolaron al ritmo de Neymar y el fútbol del cominado brasileño tuvo un carácter tranquilo, cauteloso e introvertido. Los pupilos de Tite tenían la iniciativa pero esta era inocua. A diferencia del estreno contra Suiza, Neymar participó en la base de la jugada, en un movimiento de arriba a abajo, mientras Coutinho hacía el recorrido inverso. Sin el crack del PSG a pleno rendimiento, el ritmo del juego brasileño pasaba a ser pasivo delante la cada vez más férrea defensa rival. Costa Rica intimidaba cada vez más a la canarinha debido a una defensa cómoda y poco exigida y la actuación colosal de su estrella bajo palos. Una vez más.

La preponderancia de Neymar en el juego no solo restaba participación a Coutinho sino que limitaba el ataque de su equipo por su banda, como ya ocurriese en el primer partido. Willian no conseguía sumar desde el lado opuesto, junto a un tímido Fagner, y Paulinho estaba más pendiente de llegar desde segunda línea en las jugadas por la izquierda que  de solidarizarse con los miembros de su carril. De la misma manera, Gabriel Jesús no terminaba de aportar fuera del área y, como el resto del grupo, se dejaba ver en cuentagotas. Hasta la media parte, cuando Tite se dio cuenta que, sin Neymar al máximo rendimiento, tenía un problema de forma porque el equipo seguía tendiendo a él sin que este pudiera asumir la responsabilidad que le corresponía. Porque cuando Neymar está sin estar, Brasil padece un trastorno de personalidad al darse cuenta que todo su juego no debe pasar por su jugador más diferencial.

La división de responsabilidades desahogó a Brasil y le dio más margen de maniobra a su estrella.

Si la primera parte fue de Neymar, la segunda fue de Tite. El seleccionador supo leer el partido y tomó la decisión de optar por la cara opaca de la moneda: dividir las responsabilidades de su estrella para que el equipo fuera más coral. En la reanudación, Coutinho pasó a liderar la base de la jugada y Douglas Costa imprimió la explosividad y profundidad que se le pedía a Willian. En menos de cinco minutos, Brasil logró revitalizar su juego y ofrecer su dinamismo más habitual. Menos exigido, Neymar lo intentó más, pero la mayoría de veces se quedaba en la intención. Tite estaba obligado a tocar teclas porque tiene la capacidad: Brasil es el conjunto con más recursos entre las favoritas.

Para dar más movilidad en el último sector, el seleccionador brasileño dio entrada a Firmino y acertó. Por detrás de Gabriel Jesús, el delantero del Liverpool dio una marcha más en el aspecto asociativo y permitió a su homólogo del Manchester City estar más cerca de la portería rival. Así, Brasil se volvió más acosadora mientras que en defensa, donde contaba con un jugador menos, no sufrió apenas, por la vaga propuesta de los ticos en ataque y el temple de la retaguardia brasileña. Casemiro y sobre todo Thiago Silva descartaron toda posibilidad costarricense con un ejercicio de sobriedad, anticipación e intensidad defensiva a la altura de las expectativas. A la espera de la capacidad diferencial de Neymar, que no la de liderazgo, la Brasil más colectiva funcionó a la perfección y pone pie y medio a unos octavos de final en los que, si finalmente llega, deberá ser más regular en su juego.

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