Inglaterra y las sombras de la goleada

Inglaterra consiguió completar la goleada más abultada de este Mundial de Rusia 2018. Con ella alcanzó los seis puntos, empatando en el liderato del grupo G con la Bélgica de Roberto Martínez. Lo hizo a partir de una efectividad de cara a portería por encima de lo habitual, un aprovechamiento altísimo del balón parado y la inocencia ofensiva y defensiva de su rival, la ya eliminada Panamá del colombiano Hernán Gómez. El 6-1 deja a una Inglaterra muy confiada en sus posibilidades de cara a los cruces y a un Harry Kane como máximo goleador de la competición. Sin embargo, hay que profundizar en los 180 minutos ingleses para encontrar ciertos defectos que pueden complicar su futuro en Rusia.

A pesar de la goleada, Inglaterra debe ajustar varias fases de su juego para competir también con los mejores.

Gareth Southgate propone un sistema ancho y profundo, que abre el campo con dos carrileros largos con actividad constante y una amplia variedad de piezas con capacidad para cargar el área tanto llegando -sobre todo- como estando. El plan inglés combina la transición y llegada para atacar a la defensa rival con un inicio del juego cerebral y basado en el control. El jefe de operaciones es John Stones, y justo en el siguiente escalón se comienza a distribuir el balón bajo el mando de Jordan Henderson. Sin embargo, a partir de aquí, el circuito se bloquea y el ritmo baja hasta el punto de que la jugada se vuelve previsible y la defensa rival puede defender de cara. Contra Panamá pudimos ver cómo los encargados de acelerar la jugada en tres cuartos, en lugar de moverse entre centrales y pivotes centroamericanos, bajaban demasiado a recibir el balón de Henderson o de la zaga, en un intento de participar en el juego y evitar aislarse entre contrarios. Con un discreto Loftus-Cheek tirado a la derecha y Lingard e incluso Sterling por delante de los mediocentros panameños, Kane perdía influencia y eso en clave Inglaterra en Rusia 2018 va en contra de su competitividad. De hecho, las veces que los de Southgate conseguían girar al rival, podíamos apreciar la gran capacidad de desequilibrar e intimidar que tenían los elegidos por el seleccionador ante una Panamá que defendía más por acumulación que por organización táctica.

El sistema inglés necesita que sus atacantes se ofrezcan a espaldas del mediocentro rival.

Las dos victorias de Inglaterra hay que contextualizarlas con el bajo nivel de las selecciones a las que se ha enfrentado. Tanto Panamá como Túnez han trabajado bien dentro de sus limitados recursos, y eso ha permitido a Inglaterra ir creciendo en los partidos para acabar imponiéndose. Sin embargo, ante los de Hernán Gómez pudimos intuir que los Three Lions pueden sufrir ante rivales con un nivel ofensivo superior. Panamá consiguió tener posesiones largas en campo contrario en varias ocasiones, llegando incluso a comprometer la seguridad defensiva inglesa a través de la circulación. Inglaterra demostró muchas dificultades para recuperar la pelota, algo que tenía doble efecto. Primero, permitía a su rival coger aire y acercarse al área, faltando ese último toque de calidad que sí tendrán sus rivales de octavos en adelante, con Bélgica como primera prueba real de nivel. Por otro lado, la falta de talento defensivo para el robo impedía frenar la salida rival y a la vez darle continuidad a sus ataques. Y si Inglaterra baja el ritmo ofensivo, las opciones para el remate de sus delanteros caen, y el plan de Southgate para triunfar desde la sombra, también.

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