No todo es salsa choke

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Con los brazos apuntando al firmamento, de rodillas y con los ojos cerrados, Yerry Mina celebraba el pase a octavos de Colombia. Decía Truman Capote que “es mejor mirar hacia el cielo que vivir en él”. El desdichado central del Barcelona se mantuvo en el aire y giró el cuello para rematar un balón que mantiene viva a la selección colombiana. Alejándola, pero estando conectada a su vez, del cielo.

Colombia sigue dudando en la construcción.

Pese a la derrota y consecuente eliminación, Senegal dejó buenas sensaciones. Aliou Cissé desmitificó la histórica minusvalía táctica de las selecciones africanas. Con un 4-4-2 muy estructurado, Senegal dominó el partido sin balón y Colombia volvió a mostrarse sin argumentos para generar ocasiones de peligro. Senegal se mantenía fuerte en el centro, con un doble pivote formado por Cheikhou Kouyaté e Idrissa Gueye, pero potenciaba la salida por fuera en transiciones. Potencia y verticalidad por la derecha, con Ismaïla Sarr, e imaginación y desequilibrio en la izquierda, de la mano de Keita Baldé. Sadio Mané, el hombre llamado nutrir el apartado ofensivo, no dio un paso firme hacia delante, jugando desde una posición más centrada.

José Pékerman otorgó a Juan Fernando Quintero la libertad total para llevar a cabo la creación colombiana. El atacante de River Plate es el rara avis que renace en los mundiales. Sobresalió en el mayor escenario futbolístico en 2014, bajó de la nube de Brasil y reapareció en Rusia. Su gran momento de forma desplazó al lesionado James Rodríguez a banda izquierda, donde apenas intervino en las posesiones amarillas. Sin su gran talento, Colombia volvió mirarse al espejo para observar sus debilidades. Quintero monopolizó el juego cafetero, pero los de Pékerman fueron estériles en ataque. Chocaron contra el físico senegalés y Koulibaly y Sané volvieron a ser dos pilares inmaculados. Colombia estuvo desconectada de sus atacantes. Cuadrado permutaba su posición con la de Arias para dar fluidez a los suyos, pero Senegal se mantenía intacta.

Aliou Cissé, denominación de origen.

Un entrenador con denominación de origen -lo que supone un triunfo para el fútbol africano- construyó una selección compacta, con las ideas claras y adaptada totalmente a sus recursos. Desestabilizada con el marcador en contra, en un contexto distinto, la precipitación apareció en forma de malas decisiones. En el Mundial de los planteamientos defensivos consistentes, volvió a ser decisivo el balón parado. Un único momento de desconexión de la defensa senegalesa, se convirtió en un cabezazo decisivo de Yerry Mina. Aliou Cissé ilusionó a África con su colorida Senegal, llena de ilusión y de motivos para creer en el futuro a medio plazo de un bloque joven de mucha calidad, con destellos y repercusión en Europa.

Dejando a un lado las convicciones teológicas para sumirse en el estado de salsa choke y enviar a Colombia a la fase final, Mina, tras ser suplente el primer partido, se erigió como un imprescindible en el once de Pékerman. Pero no todo es salsa choke y diversión, los cafeteros deben perfeccionar la generación de ocasiones para seguir mirando al cielo y no viajar hacia él.

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