Una leyenda sin Mundial

Hay una competición que consagra, y prácticamente beatifica en vida, a todas las leyendas de este deporte. Un trofeo que alza al cielo a todo un país y a unos pocos privilegiados que escriben una página más en la historia del fútbol. Esa es la Copa del Mundo. El sueño de todo niño. El Olimpo de todo futbolista. Muchos son los nombres que han alzado este preciado trofeo. 20 campeones a lo largo de la historia han dado la mayor de las alegrías a su gente en lo que este deporte se refiere. Nombres como Pelé, que se alzó campeón en tres ocasiones, Maradona, Beckenbauer, Müller, Bobby Charlton, Franco Baresi, Ronaldo Nazario, Zinedine Zidane, Iniesta.. todos ellos fueron campeones del mundo y pasaron a alcanzar la cúspide en la historia del balompié.

Sin embargo, no todas las figuras históricas consiguieron alzar el campeonato por excelencia. Algunos lo tenían difícil por su país de origen, al formar una de las principales potencias del mundo, y otros simplemente porque la competencia fue demasiado fuerte, pero nadie podrá olvidar su fútbol ni sacarlos de ese Olimpo de grandes jugadores. Seguro que os suenan nombres como Di Stéfano, Puskas, Eusebio o Johan Cruyff, entre otros. Todos ellos comparten el hecho de no haber salido campeones en una Copa del Mundo, pero no por ello han pasado desapercibidos frente a los citados en el párrafo anterior, más bien lo contrario. Han podido incluso destacar aún más, pues un palmarés no hace mejor a un futbolista, sino el recuerdo que guardemos de él y de su magia con los pies. Hasta el momento no ha habido más que leyendas en este texto, de diferentes momentos, diferentes estilos, pero algo en común: todo aquel que haya vivido la época de fútbol de alguno de ellos se sentirá afortunado por haber podido disfrutarlos.

Ganar el Mundial te convierte en leyenda, pero no es requisito único para serlo. Nadie puede dudar del fútbol que atesoran grandes futbolistas en la historia que no han alzado el título soñado por todos.

El fútbol continúa, y no entiende de este tipo de justicias. Puedes haber sido el más grande de siempre para algunos, o simplemente formar parte de ese selecto club de los mejores jugadores de la historia, pero el Dios del fútbol no te va a otorgar ese premio por más que creas merecerlo. En Kazán, en 2018, podemos haber dicho adiós a la última oportunidad de uno de los jugadores que ocupa ese espacio reservado para la gloria de alzar al cielo la copa que le acredita como campeón del mundo. Leo Messi sucumbió, en el que posiblemente haya sido su último Mundial, ante la Francia que vio nacer ante la mirada de todo el planeta a la nueva estrella que quiere alcanzar ese Olimpo; Kylian Mbappé. El fútbol continúa. Messi cedió en su intento de alcanzar el gran trono y una nueva figura, de apenas 19 años, como en su día hiciera Pelé con 17, emergía para dejar su sello y su clase. Fue la tarde de Mbappé. Fue la tarde en que toda Argentina, y medio mundo, lloró.

“Messi solo no puede ganar un Mundial”. Robert Jarni.

Messi es y será historia de este deporte. Su palmarés es inagotable y su fútbol lo recordaremos todos a lo largo de nuestra vida. Siempre seremos afortunados por poder haber visto a Messi en directo cada semana. Aún le queda fútbol en sus botas y trofeos que levantar, pero será difícil que logre eso tan ansiado y que tan injustamente le ha comparado siempre con Maradona; la Copa del Mundo. Hoy es un día triste para una leyenda, pero también para el fútbol. “Él solo no puede ganar un Mundial” decía Robert Jarni, y es cierto. Detrás de cada nombre aquí citado había un equipo, unos compañeros y unos técnicos que juntos lograban añadir una estrella a su escudo. Messi lo tuvo cerca, perdió una final en la prórroga, pero en Rusia nunca dio la sensación de poder lograr la hazaña. Se despide de este Mundial con un único gol en su casillero, uno que sirvió para que esta Argentina agonizante ya desde la fase de clasificación añadiese una vida más, una bola extra a su andadura, pero que no fue suficiente ante una Francia mucho más hecha y un Mbappé queriendo reivindicarse. Se apaga una estrella del fútbol mundial mientras se ilumina otra. El fútbol continúa, pero Messi pasará a la historia del mismo en un Olimpo reservado para unos pocos, pero uno de sabor muy amargo.

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