Desfavorecer la previsibilidad

el

El Mundial de Rusia será conocido por la victoria de la sorpresa frente la expectativa. La poca fiabilidad colectiva de las favoritas ha acentuado los planteamientos defensivos y físicos, que parecen ser un discurso consistente en una competición con más emoción que fútbol. La posesión de la pelota nunca había estado tan infravalorada. La mejoría táctica de las selecciones secundarias y la incertidumbre que están dejando las candidatas con el esférico ha abierto un horizonte de posibilidades para combinados que no se les esperaba un recorrido largo pero que, de la misma manera que las selecciones históricas, pueden caer víctimas de la previsibilidad. De las ganas de querer anticiparse a la historia. Y este domingo de octavos de final no ha sido la excepción. Primero la inteligencia de la Rusia de Cherchésov y después la actuación soberbia de la Dinamarca de Hareide con final agridulce. Los daneses desactivaron los factores diferenciales de Croacia y supieron explotar su juego directo con un Eriksen acompañado. El del Tottenham propulsó una idea que fue respaldada por los jugadores que tuvo por delante y por detrás y que desautorizó las buenas sensaciones que habían transmitido los croatas, que se fueron diluyendo después de un inicio interesante.

La efectividad goleadora de los primeros minutos del partido, siempre de un carácter más descontrolado, dotó la primera parte de una voluntad recíproca de defender antes que proponer. Y en este espacio, este margen, apareció el de siempre: Luka Modric. El mediocampista del Real Madrid volvió a gozar de la libertad que le da Dalic en la mediapunta para conectar la jugada con el sector ofensivo: asumir responsabilidades en el inicio de la secuencia, restar la aportación ofensiva, devenir un soporte en la asociación y coger el protagonismo de la segunda jugada. El madridista incentivó el juego por los extremos y dio el protagonismo merecido a sus dos baluartes exteriores: Perisic y Rebic. Aunque el del Inter volvió a estar lejos de su rendimiento esperado, el del Eintracht reafirmó su valía en el mercado con un ejercicio de técnica, astucia y desequilibrio para agilizar el juego de los suyos por la banda derecha, bien emparejado con Vrsaljko. Precisamente la banda donde más cayó Modric. El carácter anárquico de su posición le permitió ser referente a diferentes alturas y aprovechar el flujo atascado del juego danés. A la selección de Hareide le costaba prevenir las llegadas de los balcánicos y no encontraba la tecla para desatar las dificultades de su equipo en la gestión de la posesión. Pero cuando lo consiguió, Croacia quebró.

Modric lideró una Croacia dominadora que se estancó en sus pocas posibilidades diferenciales en el último sector.

El combinado nórdico inhabilitó el juego croata con una presión sofocante sobre las piezas asociativas de su rival, que desestabilizaron la actuación convincente de los de Dalic. La salida de balón del colectivo mediterráneo dejó de ser continuo y el buen plan defensivo de sus contrincantes obligó a su pieza angular, Luka Modric, a retrasar su posición para reforzar los primeros compases de la jugada. Dinamarca no dejaba girar a los jugadores croatas en campo propio y el juego de estos devenía azaroso, sin una idea con la que superar la estabilidad rival en el repliegue. El despliegue físico de Delaney y Christensen avivó las posibilidades de su colectivo mientras situaba la jugada donde su selección necesitaba. Con las espaldas cubiertas, los daneses sacaron a la luz su talante ofensivo mediante Eriksen. El jugador de Middelfart activó la descarga de Poulsen, la llegada de Braithwaite y el físico portentoso de Cornelius gracias a su capacidad de liderazgo con balón en la última línea de la secuencia. Pero el esfuerzo físico pasó factura a ambos equipos, y allí apareció Ivan Rakitic. El del Barça fue la sombra de Modric. Todo lo que el merengue dejó de hacer sin pelota recayó en los pies del futbolista culé, necesario en cualquier equipo. Su vocación vertical como llegador desde segunda línea y su responsabilidad defensiva al lado de un dubitativo Brozovic salvaron las posibilidades de los croatas en un enfrentamiento que tendía hacia el descontrol de la prórroga.

Dinamarca se agigantó desde su planteamiento defensivo e intimidó desde las opciones ofensivas que protagonizó Eriksen.

En la prórroga las intenciones danesas desembocaron en un pase imposible de Modric que casi entierra a Dinamarca pero que Schmeichel trató de evitar con una actuación de guardameta de élite. El portero del Leicester llevó a su selección a una tanda de penaltis donde acabaron sucumbiendo ante el favorito.

El Mundial siempre es una época de transición para algunas grandes selecciones que deja margen a la sorpresa. Asimismo, en la edición rusa, parece ser que el periodo de tránsito hacia una nueva era es más coral que nunca y, en este contexto inédito, el fútbol ha dejado de ser menos histórico pero no ha perdido historia. El planeta futbolístico ha perdido a varias de sus estrellas más brillantes a las primeras de cambio, pero la estrella mundialista ilumina más que nunca, expectante de saber quién será su nuevo portador. La previsibilidad ya no impera, la sopresa ya no sorprende como antes y la incertidumbre espera, paciente, de un final que no se nos olvidará nunca.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *