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Fútbol hasta la línea de gol

Mundial Rusia 2018

Rozar la inmortalidad

«No te afanes, alma mía, por una vida inmortal, pero agota el ámbito de lo posible«. Así empieza el Mito de Sísifo, escrito por Albert Camus. De la misma forma insistió Japón en la consecución de una idea de juego. Su idea de juego. El refuerzo y la confianza en base a su modelo persistió, incluso, en las situaciones de estrés más extremas. Independientemente del contexto, la selección nipona desarrolló su plan, pero la última acción del encuentro les privó de realizar una proeza histórica. La de hacerse un hueco en los cuartos de final de una Copa del Mundo.

Japón nunca desconfió de si misma.

Akira Nishino retomó su once de gala. No rehusó a la presión, aun teniendo enfrente a una Bélgica que castiga los espacios con transiciones punzantes y definitorias. El 4-4-2 defensivo se transformaba en una primera línea de cuatro jugadores que presionaban a los tres centrales belgas y que, por ende, generaban una superioridad numérica defensiva. Este factor obligó a Kevin De Bruyne a reforzar, más que en otros contextos, la base de la jugada y alejarse de Mertens y Hazard. Aunque en ningún caso renunció a las posesiones, Japón se mostró muy ordenada tácticamente al defender. Así pues, el escenario del equipo favorito con mayor parte de porcentaje de balón -como Alemania, Argentina o España- se repitió. Y cerca estuvieron de sorprender los asiáticos. La amplitud de Meunier y Carrasco y el juego interior de Hazard y Mertens no fueron suficiente para conseguir una ventaja inicial.

Los samuráis azules no temblaban al establecerse con balón en campo contrario. Con el doble pivote escalonado y los laterales acertando la altura, Japón ganaba fluidez en el desarrollo de las jugadas. Kagawa en corto y Haraguchi en largo representaban la variabilidad de movimientos. Yuya Osako activó -durante todo el Mundial- la línea de los tres mediapuntas. Takashi Inui participó por dentro, siempre actuando al unísono con Yuto Nagatomo, y se consagró. Dejando un listón muy alto para su próxima aventura de su carrera, en Sevilla y con Quique Setién.

Lukaku y Fellaini a partir de los centros laterales.

Roberto Martínez necesitó estimular al equipo a partir de recursos desde el banquillo. El plan inicial se quedó corto en su primer gran examen. Pese a la variedad de opciones que ofrecen todos los generadores belgas, el centro lateral fue el registro diferencial. A día de hoy, es impensable que Fellaini se pueda convertir en un jugador capital para cualquier equipo dominador a través del balón, pero ya lo justificó en el Manchester United de Mourinho y lo ratificó con los ‘otros’ diablos rojos. Con una calidad técnica limitada, entró para sumar un efectivo a la hora de cargar el área, acompañando a Lukaku. Aunque no consiguió aumentar sus números, el delantero desarrolló un recital de movimientos sin balón. Permitió a Bélgica, en todos los aspectos. En todo momento controló tanto a Shoji como a Yoshida. Aunque detectado constantemente, utilizó el desplazamiento de los centrales para dotar a los mediapuntas de preciados espacios libres. En la acción del tercer gol belga, el atacante vacía el carril derecho para que aparezca Meunier, quien termina asistiendo. En un escenario obligado a marcar para evitar la prórroga, Lukaku termina dejando pasar el balón tras arrastrar otra maraca para que Chadli sea el goleador. Una decisión que le determina, con una preponderancia abusiva, en relación al beneficio común.

Japón se desintegraba mientras De Bruyne conducía con decisión, fijaba la defensa y esperaba el momento justo de entregar el balón. Ajeno al contexto del partido. Bélgica se sobrepuso en un partido en el que dejó entrever sus carencias. Con Brasil, su rival en cuartos, analizando. Los hombres de Nishino rozaron entrar en la historia del fútbol asiático. Como Sísifo, Japón no dejó de creer para alcanzar su objetivo, nunca renunció a sus ideas. La sensación de quedar libre solo se dio con el 0-2. Pero la eternidad no les esperó.

 

 

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