Con el equipo por delante

el

El fútbol es un deporte colectivo. Algo tan obvio pero tan necesario recordar en ocasiones. Hay jugadores determinantes, desequilibrantes, brillantes, por encima de la media, aquellos que pueden decidirte un partido como se suele decir ‘por sí mismos’, pero en numerosas ocasiones se ha demostrado ya que, aunque cuentes con un jugador así entre tus filas, si los otros diez vestidos de corto no acompañan, la empresa se complica sobremanera. Mientras Zlatan Ibrahimovic asombraba a todo Estados Unidos en su primera aparición en partido oficial en suelo americano con un sensacional doblete, en Suecia y en todo el globo se planteaban la opción de que el mejor jugador sueco de la actualidad retornase a la selección amarilla de cara a una cita de la magnitud de un Mundial. ¿Todos? No. Janne Andersson no.

Janne Andersson tomó las riendas de la selección sueca en 2016 tras hacer campeón de la Allsvenskan al Norrköping más de un cuarto de siglo después. Un combinado escandinavo que venía de firmar una discreta Eurocopa en la que cayeron en fase de grupos tras solo anotar un gol -en propia meta-  y sumar un punto. Aunque ya se podía atisbar una de las claves que han permitido crecer a esta Suecia: el rigor defensivo. Perdió por la mínima ante Italia y Bélgica en los minutos finales, encajando tres goles entre los tres partidos que disputó, algo que dada la cantidad de puntos que obtuvo, se puede considerar un buen registro. En la fase de clasificación, ya con Andersson en el banquillo, Suecia encajó 9 goles en los 12 partidos que jugó hasta lograr el billete para Rusia. Un bagaje importante teniendo en cuenta que se enfrentó a selecciones de la talla de Francia, Holanda o Italia en este proceso.

La idea sueca se lleva implantando desde las categorías inferiores. La creencia en un modelo que Janne Andersson ha llevado al éxito en el presente Mundial.

La Suecia ‘post Ibra’ se iba perfilando con caras nuevas, pero fue continuista en algo fundamental para el equipo y su técnico: la apuesta por un sólido 4-4-2. De la Eurocopa al Mundial han bailado algunos nombres, pero la esencia sigue siendo la misma. Una selección sueca que combina jugadores veteranos ya presentes en los últimos años, con Granqvist como líder indiscutible, con una nueva hornada de jóvenes de elevado potencial, aquellos que hicieron a Suecia campeones del Europeo sub-21 en 2015. Algunos nombres como Forsberg o Lindelöf ya estuvieron presentes en la pasada Eurocopa como premio a su rendimiento, pero en la presente Copa del Mundo esta joven generación campeona suma seis efectivos en la convocatoria absoluta del combinado nórdico. Diferentes nombres, misma idea, ya desde las categorías inferiores. Algo que explica el éxito reciente de esta selección.

La Suecia de Janne Andersson es un equipo muy incómodo, molesto. No ejerce una presión alta con frecuencia, sino que prefiere mantener un bloque medio-bajo, cediendo el balón al rival sin reticencias. Eso sí, cuando presionan alto lo eligen muy bien, en el momento en que más opciones tienen de recuperar arriba, y lo más importante: presionan con todo el bloque coordinado, del primero al último. Es una de las señas de este equipo, la capacidad de esfuerzo y sacrificio por el compañero. Esto, con Ibra, seguramente sería el punto donde más diferiría respecto al equipo actual. Suecia es un bloque, basculan a las mil maravillas y se mantienen compactos por detrás del balón. El trabajo de Berg y Toivonen en esa primera presión y su cobertura constante y la incesante movilidad del doble pivote EkdalLarsson que funcionan como ancla y faro de toda su selección, hacen que este sea uno de los combinados más sólidos de este Mundial. Solo ante Alemania se mostraron en un repliegue mayor al habitual, dado el potencial de su rival, al que maniataron durante 45 minutos con una defensa del área magistral gracias al dominio aéreo de su pareja de centrales, Granqvist y Lindelöf. Curiosamente Alemania es la única selección que ha sido capaz de marcarles gol en este Mundial, y ya sabemos cómo fue. Uno de esos partidos inolvidables en una Copa del Mundo.

No es un equipo que apueste por un excesivo repliegue, pero tampoco por una presión alta, sino selectiva. Es el trabajo defensivo de todas sus individualidades lo que la hacen el equipo sólido que es.

Con balón la selección sueca se caracteriza por un fútbol más directo, de transiciones cuando es posible, con un 4-3-3 en salida con Forsberg como lanzador principal de juego, siendo el nexo primero con la dupla de atacantes. Toivonen y Berg se ubican a diferentes alturas, el primero para dar continuidad al juego y el segundo para estar más cerca del área y a menos toques del remate a puerta. Cada uno potenciando al máximo su rol ideal y compenetrándose a la perfección para formar un equipo eficiente en ambas áreas. Cuando el rival está colocado y la transición veloz no es posible, Suecia apuesta por el 4-4-2 que tanto equilibrio les aporta en fase defensiva. Ekdal entonces se convierte en el generador mientras gana peso el juego por bandas de Claessson y Forsberg, su principal arma. Un equipo compacto, solidario y con las ideas muy claras. Una Suecia sin Ibra que está ya en cuartos de final del Mundial y con opciones para ser lo que quiera ser. ¿Sería menos equipo si cuenta con su principal figura? Difícil saberlo. Pero en este deporte el equipo siempre está por delante, y eso Andersson lo sabe.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *