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Fútbol hasta la línea de gol

Mundial Rusia 2018

En pos del equilibrio

Roberto Martínez llegó al banquillo de la selección de Bélgica con el claro propósito de encontrar el equilibrio que necesitaba su equipo antes de llegar a la cita mundialista. La solución ya la conocemos todos: una defensa de tres con dos carrileros de mucho recorrido y una mediapunta cargada de talento con mucho juego interior, calidad y técnica cerca del área y una contundente capacidad de trenzar contras para dañar a su rival. El tiempo hizo que poco a poco las piezas fueran encajando y ganando en soltura para bien del juego belga, sin embargo el equipo sigue pecando de un importante caudal ofensivo que en ocasiones le pasa factura en su propio área. Ante Japón, quizás la prueba más potente que ha tenido hasta la fecha en tierras rusas, se pusieron en evidencia estos problemas de forma clara.

Ese partido de octavos de final ante los nipones en el que tuvieron que remontar de forma memorable sirvió como toque de atención para los de Bob. Los números de Bélgica no engañan: es la selección presente en cuartos de final con más goles anotados en este Mundial (12) pero a su vez es el segundo con más tantos encajados (4) solo por detrás de Rusia (5). Es cierto que el bagaje no es para ser alarmista, pero con su próximo rival no deberá -ni podrá- permitirse ningún respiro en defensa. Por ello, y ante el potencial ofensivo de Brasil, la prensa belga juega con la posibilidad de que el técnico español decida realizar un cambio de sistema, apostando por una defensa de cuatro. Con Vertonghen ocupando el lateral izquierdo, el sacrificado en el sistema sería Carrasco, un jugador de perfil claramente ofensivo que, aunque está demostrando mayor compromiso atrás del esperado, su papel en el Mundial está siendo cuanto menos discreto, siendo el eslabón más débil por el que Japón encontró la fisura en el último partido. La movilidad de un inspirado Willian por su perfil complicaría mucho su tarea en el encuentro.

En Bélgica toman la opción del cambio de sistema como algo real. Aunque Roberto Martínez es un técnico de ideas claras, la excepcional capacidad ofensiva de su próximo rival le puede hacer replantearse algunas cosas a corregir del presente Mundial.

La ventaja de apostar por una línea de cuatro es el equilibrio defensivo. Brasil es capaz de hacerte daño tanto a la contra como en el juego posicional, como ya demostró ante México. Algo normal dada la calidad técnica que tiene de tres cuartos de campo en adelante. Una defensa de cinco tendría sentido para frenar el caudal brasilero sobre todo en repliegue, pero con la propuesta de juego de la canarinha, es más probable que sea Bélgica la que domine el cuero con más asiduidad, dejando así más desprotegida su defensa a raíz de las incorporaciones de sus carrileros. Aun así Roberto Martínez no es un técnico al que le gusten los experimentos, y menos cuando el desafío es de tal envergadura, habiendo apostado por esa línea de tres centrales prácticamente en cada encuentro desde que llegara al puesto. La opción sonaría interesante para medirse a esta Brasil, pero como se pudo atisbar en sus propias declaraciones en rueda de prensa, apelando que «debemos ser nosotros mismos», parece complicado que decida un cambio táctico de tal trascendencia.

Sin embargo el partido ante Japón abre otras incógnitas desde el plano individual. De mantener el esquema habitual, el buen papel de Fellaini y Chadli puede haber supuesto un punto de inflexión en dos de los puestos clave a mejorar por los diablos rojos. El jugador del West Brom podría ocupar el carril izquierdo en detrimento del discutido Carrasco, sin ser tampoco ningún prodigio defensivo, puede tener más impregnada la cultura del esfuerzo atrás, pero manteniendo la capacidad de atacar el lado de Fagner como lo haría el propio ex atlético. Por su parte, la inclusión del espigado centrocampista del Manchester United podría suponer diversos factores a considerar. Por un lado su posición en el centro junto a Witsel aportaría consistencia defensiva y un aumento exponencial en el juego aéreo frente a De Bruyne, que a su vez pasaría a ocupar posiciones más adelantadas en detrimento de un Mertens que no está brillando como se podía esperar, pudiendo filtrarse además a la espalda de un Fernandinho menos posicional que el sancionado Casemiro y dejándose caer levemente hacia el costado de Marcelo, sector por el que Brasil puede sufrir mucho por las incorporaciones del lateral madridista. La principal pega a esta alternativa es la pérdida de calidad en salida de balón, en generación y construcción desde la medular. Fellaini no tiene esa visión de juego ni esa capacidad asociativa que tiene el mediapunta del City, que está brillando con luz propia en una faceta desarrollada principalmente a lo largo de la presente temporada de la mano de Pep Guardiola, empleándose en una posición poco habitual para él pero que ha dado un nuevo matiz en esta Bélgica.

La entrada de Fellaini aportaría solidez en las coberturas y en el juego aéreo y permitiría devolver a De Bruyne a su posición fetiche, pero Bélgica perdería esa pieza clave en la generación de juego.

Sea como fuere, Bélgica adolecía su falta de equilibrio defensivo por el gran potencial que tiene en ataque. Con cambio de sistema o no o la entrada de nuevos componentes, Roberto Martínez necesitará ante Brasil más que nunca que su plan funcione para poder aprovechar su capacidad en el área contraria sin quedar descompensado en la propia. Más que nunca, todo deberá ir en pos del equilibrio.

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