El cómo antes que el quién

Pasado ya un mes convulso en el seno de la Federación Española tras el conocido y muy tratado cese de Julen Lopetegui como seleccionador nacional y el nombramiento de Fernando Hierro como encargado de la expedición española en el Mundial de Rusia, cuya aventura finalizó en los octavos de final, el proyecto vuelve a tener una cabeza visible al frente. Luis Enrique ha sido el elegido para dirigir a La Roja hasta la próxima Eurocopa. El perfil del técnico gijonés ya es conocido por todos, tanto como ex jugador en sus etapas en Real Madrid y Barcelona y en la propia selección, así como ex técnico en la Roma, Celta o más recientemente en el club culé.

Nunca llueve a gusto de todos. Y como era de esperar, las redes sociales se han convertido en un auténtico polvorín de reacciones. Gente a favor y en contra de este nombramiento exponen -con más o menos criterio- su opinión acerca del nombramiento del asturiano. Solo el tiempo y los resultados, como siempre, dictarán la suerte del nuevo técnico, que al final es lo más importante. Al margen de polémicas o colores, Luis Enrique era una de las opciones favoritas en el seno de la Federación por varios motivos: su experiencia en el primer nivel como técnico, la capacidad para gestionar un vestuario con grandes nombres, su pasado e implicación con la selección y, no menos importante, su disponibilidad inmediata para fichar como seleccionador sin traba alguna al encontrarse libre.

Lo que muchos aficionados achacan -y muchos medios han tardado bien poco en dejar constancia de ello- es su “mala” relación con la prensa. Este quizás sea el punto menos importante dentro de la gestión de una selección. Al fin y al cabo, todo aficionado de La Roja estará con el equipo cuando se esté jugando todo, sin posicionarse según quien esté en el banquillo o no. Somos un país de clubes suele decirse, con una dualidad muy marcada, pero cuando el balón entra en la red no importa en qué equipo juegue el último en rematar, sino que el marcador refleja un tanto más para España. Lo mismo ocurre con el banquillo. No importa quién esté en ese área técnica mientras el equipo gane, pero la propia prensa trata de alimentar que esto no sea así. Sabe que en ruedas de prensa, ante cualquier pregunta absurda, Luis Enrique les va a contestar como él habitúa en esa situación, dejándoles en una mala posición, y eso no les gusta. Desde el minuto uno curiosamente han sido diversos medios los que han salido ya en su contra, poniéndose la venda antes de la herida, sin siquiera dejarle empezar a trabajar. Su relación con los jugadores, su trabajo táctico y su gestión del vestuario y las convocatorias será lo que dicte el éxito o no del asturiano. Cómo trate a la prensa -o una determinada prensa- solo influirá sobre ellos mismos. Aquí estaremos para analizar su juego, no sus declaraciones.

Que sea la propia prensa la primera en salir con el argumento de cómo trata a la prensa es el fiel reflejo de a quién importa verdaderamente este hecho. Su trabajo será más importante que sus declaraciones.

Deportivamente hablando -y entrando en lo verdaderamente importante de valorar- Luis Enrique llega a un proyecto en una de sus últimas fases de regeneración. Hombres como Xavi, Xabi Alonso, Puyol, Casillas o Villa -entre otros- ya eran cosa del pasado, pero ahora se suman las marchas de otros iconos que nos hicieron campeones del Mundo, en especial Andrés Iniesta y algún nombre más que se pueda sumar de aquí a la próxima Eurocopa. Aun así la materia prima está ahí, y calidad a esta selección no le falta. Luis Enrique tendrá a su disposición jugadores del máximo nivel, de una calidad técnica exquisita y capacidad para desarrollar un modelo de juego que se lleva implantando en nuestro fútbol desde hace muchos años en las propias categorías inferiores por las que los propios jugadores han pasado. Las dudas no surgían hasta principios de junio, prorrogándose hasta el día de hoy. Julen Lopetegui no conocía la derrota hasta llegar a la cita mundialista. La imagen de la selección en cuanto al estilo había mejorado respecto a los últimos torneos, pero en Rusia todo se torció. Decir qué hubiera sido de España en el Mundial con Julen al mando sería el mayor ejercicio de fútbol ficción posible, pero lo que sí podemos analizar es el contexto que se encuentra el asturiano en su aterrizaje en Las Rozas.

Su llegada a la selección en términos de juego guarda ciertas similitudes con el contexto que se encontró en el Barcelona.

España fue un equipo previsible y bastante plano durante este Mundial. Le costó un mundo abrir partidos cerrados, siendo el principal discurso de sus rivales. Mostró problemas en transiciones defensivas y necesitaba un mayor ritmo de circulación, con una clara falta de juego vertical, de pases de ruptura, que dinamizaran el juego y permitiesen descolocar y dañar al rival. Ese panorama Luis Enrique lo tiene muy patente, pero además también experimentado, pues en su llegada al Barcelona la situación era similar -con las distancias lógicas entre un club y una selección-. El Barça pecaba de previsibilidad, basaba su juego demasiado en un Messi cada vez más organizativo y el juego necesitaba un nuevo chispazo que lo revitalizase. Luis Enrique cambió ciertas cosas, optó por un juego más vertical, más abierto e incluso en ocasiones formó con sistemas diferentes al habitual, algo que parecía formar parte de la idiosincrasia culé a él no le tembló el pulso en variar. El resultado fue positivo: dos Ligas, tres Copas y una Champions League en tres temporadas. Esa experiencia incita a pensar que tiene las mimbres necesarias para poder hacer algo similar con España. Tiene las herramientas, un estilo propio muy marcado y la necesidad de dinamizar un juego que resulte más efectivo que la versión que vimos en Rusia. Seguir un camino marcado por el propio Julen Lopetequi pero dejando su propio sello. Consiguió revertir la cara en cierta manera a un Barcelona con problemas en su seña de identidad, ahora con España tendrá la misma tarea entre manos. Levantar a un grupo de campeones hambrientos de un nuevo éxito.

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