El Big Bang

Cristiano Ronaldo es esa figura nacida para provocar seísmos. En 2009 aterrizaba en Madrid, con una misión clara: acabar con la que sería una de las mayores obras de orfebrería de la historia del fútbol. Perdió muchas veces, cayó tantas otras pero, al final, 9 años más tarde, se va con la sonrisa de quien sabe lo que ha hecho, quien ha besado la gloria tras haber lamido el barro. Más goles que partidos y 4 de las últimas 5 Copas de Europa. Vino para esto.

Quizás el concepto que mejor ha definido la etapa de Cristiano Ronaldo con el Real Madrid sea pavor. Un miedo atávico inundaba a los rivales y aficionados rivales cada vez que Cristiano encaraba portería. Porque ahí está una de las grandes claves de su figura: él nunca se ha cansado, siempre pide más, siempre necesita más. Ronaldo fue el enorme salvavidas de un Real Madrid que tendió a los baches en su juego y en su estado de ánimo. Mientras mil problemas asaltaban al equipo, Cristiano siempre persistía. Daba igual el contexto, el rival o el momento de forma del portugués. El gol siempre estaba ahí. Parecía imposible que el Madrid acabase un partido sin marcar, y esta imagen se asociaba siempre con la del luso.

A algunos les parecerá injusto, irrespetuoso quizás, hablar del FC Barcelona y de Messi en un momento como este, pero son las dos caras de la misma moneda. No se entiende el uno sin el otro. Precisamente porque uno llegó para acabar con el otro y se va habiendo invertido el orden jerárquico que parecía una losa demasiado pesada en aquel verano de 2009. Y durante todo este tiempo han sido muchas, infinitas, las voces que han ninguneado la figura de Cristiano Ronaldo, que parecía condenado a estar siempre a la sombra de Leo Messi. Daban igual sus goles, los números monstruosos o esa sensación de eterno peligro, y es que Cristiano te podía liar una contra desde campo propio, empezando por una banda y rematándola él mismo. Leo Messi ganó 2 Copas de Europa y 4 Ligas en el período de 2009-2014, y eso retumbaba en la cabeza del astro portugués. Como un mantra que él no aceptaba. Su hambre le impedía descansar. Ese Cristiano autosuficiente, demoledor, empezó a desaparecer. Y con su declive físico asomó Lisboa. El verdadero punto de inflexión en su carrera. 2014 fue el inicio de la receta más demoledora en Copa de Europa: Cristiano+Real Madrid unieron, por fin, sus figuras para abalanzarse a por la Décima, la obsesión de todo un club. Lisboa fue el click, el que permitió endrezar la “teórica” superioridad del FC Barcelona. Teórica porque el Barça ya iba perdiendo jerarquía, pero seguía conservando a Xavi, Iniesta, Messi y Alves. Las pesadillas del Real Madrid pre-Lisboa. 2015, con el triplete del FC Barcelona, el de la MSN,  fue un asterisco breve, puntual, en lo que sería la tiranía blanca en Europa.

El Cristiano más demoledor abanderó al Real Madrid más dominante en Europa en el último medio siglo.

La situación, la magnífica y peligrosa coexistencia entre Real Madrid y Cristiano Ronaldo, cambió con la llegada de otro mito; Zinedine Zidane. La suya fue oro para la estrella portuguesa. Zidane entendió las demandas de Cristiano, supo llevar a la perfección las incógnitas sobre su figura. Sus pobres números al inicio de cada campaña post 2015 encendían las alarmas. Pero el plan era otro. Mientras a Leo Messi se le exigía que decidiera cada fin de semana, en cada campo, en cada partido, a Cristiano se le preparaba para febrero. La pérdida de calidad en la ciudad condal permitió, en parte, renovar a Cristiano. El Real Madrid de Marcelo, Kroos, Modric y Karim Benzema le puso las mejores condiciones para esta nueva etapa. Le dejaron su espacio. Cristiano despertaba en febrero, con un hambre voraz activando la unión entre Real Madrid y Cristiano Ronaldo, la imparable, la que dependía de un rechace, de un despiste, de casi nada para acabar contigo. El Real Madrid fue muchas cosas sin ser algo concreto. Fue todo y fue la nada durante algunos tramos a nivel colectivo. Pero Cristiano le permitía a los blancos cierto desorden. Vivir en el alambre fue rentable solo con su figura.

Cristiano fue valorado cuando, por fin, empezó a ganar. Cuando el equipo acompañó, Cristiano fue inhumano de febrero a junio. Pero el Ronaldo de 2009-2014 es la mejor versión de este jugador, la más dominante, la que lo abarcaba todo. En este lapso el jugador ganó una Copa del Rey y una Liga. Antes de Lisboa sus números carecían de significado, tras Lisboa sus números se inflaron. Y es que es tan cierto decir que Cristiano ha permitido dormirse al Real Madrid gracias a su incansable voracidad como que su figura se agigantó cuando Luka Modric, Marcelo Vieira y Sergio Ramos dieron un paso hacia adelante, quizás dos, o muchos más.

Se rompe una de las mayores alianzas de la historia del deporte, la que permitió ganar alejado de toda lógica, la única que se justificaba con el resultado final. Cristiano Ronaldo, si me permite Albert Morén, recojo un tuit suyo que sintetiza muy bien lo que fue su figura: Creo que la diferencia entre lo que sería ese Madrid y lo que es hoy representa el valor de Cristiano Ronaldo para el club blanco. La cara visible de una rebeldía que quizá ningún otro se plantearía.” 2009 fue el gran Big Bang futbolístico, por lo que fue y terminó siendo. Cristiano Ronaldo fue el Big Bang, lo fue cada día en el Real Madrid.

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