Balón en Profundidad

Fútbol hasta la línea de gol

Mundial Rusia 2018

Un juego de errores

A fin de cuentas, el fútbol es un juego de errores. Como en todo deporte colectivo, es muy difícil que una figura individual sea tan determinante como para decidir por sí misma un resultado. Y no estamos hablando de hacer un hat-trick o parar dos penaltis, sino que un solo jugador, por muy bueno que sea, no puede ser nada si el resto del colectivo no le acompaña hasta la victoria. Uno solo no ataca, defiende y para. No saca el córner y lo remata, en el fútbol sin el colectivo no eres nada. Y Francia en este Mundial sin duda alguna, por encima de todo, fue un colectivo.

Son múltiples los ejemplos que podemos encontrar de partidos totalmente desequilibrados desde la estadística pero cuyo resultado muestra algo completamente opuesto. Llegar más, disparar más o proponer más con balón no significa vencer, si no este deporte pecaría de una sencillez absoluta. Para marcar hay que acertar, incluso en las situaciones de fortuna. De no ser así estarás errando, aunque sea únicamente en la definición, o tu rival acertando, pues tampoco hay que desmerecer. Pero cuando un equipo sin proponer grandes cosas aguanta al dominante, lo hace desde el acierto en la defensa, en la organización y en la toma de decisiones, entre otros múltiples factores que puedan influir.

No siempre el que es superior comete menos errores que su rival, y al final este es un juego donde lo que más penaliza a cualquier equipo es el error.

En la final de Rusia 2018 pudimos ver a una Francia conviviendo continuamente con el error. Mal colocada, errática en la presión e inoperante en ataque. Solo la habitual dupla defensiva Varane-Umtiti se mostró relativamente firme. Relativamente pues dio la sensación por momentos de no serlo tanto como venía acostumbrando a lo largo de este Mundial. A pesar de todo ello y del dominio croata, los de Deschamps supieron acertar cuando tenían que hacerlo, y acabaron siendo más determinantes en sus pocos chispazos durante el partido. Croacia hacía más cosas bien que Francia, fueron claramente superiores a los galos, pero no acertaron cuando tenían que hacerlo, al contrario que sus rivales. Y eso fue el peaje más alto que tuvieron que pagar los de Dalic.

El partido y el planteamiento de Francia estuvieron plagados de errores en Luzhniki, pero no fue suficiente para doblegarse ante una Croacia que, aunque mejor, no minimizó sus errores clave. Mandzukic erró al rematar hacia su propia portería. Perisic al defender un balón aéreo con el brazo despegado. Modric dando la espalda en un remate desde la frontal. También en ataque pudieron mejorar su toma de decisiones o su acierto de cara a puerta, pero no fueron peores que los franceses. Jugar bien es algo completamente subjetivo, jugar mejor, en determinados casos, no lo es tanto. Croacia fue mejor que Francia en la final, difícil sería encontrar a alguien que sentencie lo contrario, pero en la hora de la verdad, Francia acertó cuando tenía que acertar, cuando Croacia erraba. Y ahí está la clave principal del éxito. Todos van a fallar, pero aunque tú lo hagas más que tu rival, si minimizas los errores en los momentos importantes, tendrás todas las de ganar.

A veces términos como «justicia» o «merecimiento» se nos escapan muy rápido al analizar cualquier partido. Cuando objetivamente has sido mejor que tu rival duele más la derrota, pero solo aquel que convive con el error y maximiza la eficiencia de sus aciertos deja de creer en términos como la justicia en el fútbol. Si algo queda claro tras esta final es que ser mejor no es garantía de éxito, y si no que se lo digan a Croacia.

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