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A la sombra del símbolo

La esperable pero sorprendente marcha de Machín a Sevilla ha dejado un vacío difícil de llenar en Montilivi. Ligada de la mano del sistema tan particular del soriano, la figura del técnico de Gómara, tan condecorada en la entidad gerundense, aún resuena por las paredes de la humilde casa del Girona. El nuevo inquilino del banquillo catalán no solo deberá intentar llegar al altísimo listón que dejó Machín, sino que lo deberá hacer en circunstancias adversas: ambas miradas futbolísticas se parecen muy poco. Pero precisamente es desde este mínimo común donde el proyecto de Eusebio Sacristán empezará a coger forma. El entrenador de La Seca es consciente que el impacto del juego de Machín es muy fresco y que la columna vertebral de la plantilla de que dispondrá está especializada en este fútbol concreto. Por tanto, su labor se centrará en provocar el encuentro entre la herencia del soriano y su manera de entender el fútbol. El aparato que creó Machín modificado desde la mirada de un discípulo de Cruyff, una mezcla que puede tener un resultado muy convincente después de la trayectoria inmaculada del soriano por Girona.

Ese choque de perspectivas ya se evidencia desde el sistema. En su presentación, Eusebio dejó clara su posición adaptativa y desautorizó la relevancia del sistema antes que la idea. Los automatismos antes que el dibujo. Pero la teoría siempre manca de precisión y el extécnico txuriurdin cuenta con un contexto no tan favorable. El plantel de jugadores actual está limitado por una disposición táctica minuciosamente interiorizada y diferente a la que viene utilizando Eusebio. Jugadores como Pere Pons y Granell tienen poca cabida en el engranaje del de La Seca, dominante con balón. La poca calidad asociativa de dos baluartes de la época Machín, sobre todo del segundo, ya que no tiene tanto peso defensivo como Pons, podrían restarles presencia en la nueva propuesta, sin hablar de su inclusión en un hipotético 4-3-3 que encarecería su protagonismo debido a la poca seguridad que transmiten en la combinación.

La nueva imagen del Girona pasará por el esférico sin contar, hasta el momento, con muchas piezas que puedan provocar esta iniciativa en la posesión.

Porque el juego pasará por el balón. La gran diferencia respecto al Girona de Machín será la iniciativa que querrán tener los gerundenses con el esférico, una faceta antes limitada al talante de Borja García, la capacidad de los carrileros y las apariciones puntuales de Aleix García. El mediocampista de Ulldecona será uno de los principales beneficiados de este nuevo discurso que enfocará principalmente al balón. Todos los equipos de Eusebio han partido de este, y su aventura por Montilivi no será una excepción. Como tampoco la salida de la jugada. Machín prefiere ahorrarse riesgos optando por el desplazamiento en largo desde el portero, recurso que fue visiblemente potenciado por Stuani, pero la perspectiva del nuevo técnico no pasa por el mismo sendero. No sería nada extraño que Eusebio se decantase por la línea de tres atrás, como hiciese Machín, pero en este caso para posibilitar más ese primer escenario de la salida de balón debido a la poca experiencia de los catalanes en este apartado, como hiciese el propio Setién a partir de la llegada de Bartra.

El entrenador del Betis encontró la tecla en el mismo dibujo del Girona de Machín, el 3-5-2, pero con jugadores a la altura de su cometido, concentrados sobretodo en el medio del campo. La mayor preponderancia con el balón implicará más responsabilidad en la línea medular, donde esta temporada ha habitado un abanico de funciones concreto a concentrar y acompañar el juego por el exterior. Los desplazamientos de la izquierda de Granell o la sutileza de Borja García han descongestionado las transiciones que siempre tenían el objetivo puesto en los carrileros. El planteamiento de Eusebio exigirá la activación del sector interior, lugar huérfano este año, para asumir este protagonismo que tendrá el cuadro gerundense en la posesión. Y esta exigencia también explica por dónde pasarán las transiciones. De la misma manera que se potenciará la zona del medio campo, el esférico transitará más por ahí de lo que lo hacía con Machín, que se enfocaba en el exterior. La banda pasará a ser un recurso atacante más que un discurso. A Eusebio le gusta abarcar cuanto más campo mejor para generar espacios, y eso pasa por combinar la presencia de la posesión en ambos sectores.

Las transiciones ofensivas combinarán el sector exterior e interior en vez del exterior predominante de Machín.

Y de la participación de los carriles interiores y exteriores a los menos cómodos ataques posicionales. Machín apostaba por situar el balón lo más lejos posible del área propia con el desplazamiento a la banda y poder así transitar mayoritariamente en campo rival. Las transiciones en horizontal estaban más descuidadas, algo que cambiará con el nuevo técnico. La preponderancia del balón y, por ende, el desarrollo más paulatino de la jugada, provocarán la asiduidad de los ataques posicionales, pero con mejor valía que antaño a raíz de los nuevos matices con balón que aportará Eusebio para que esto ocurra. Y, por último, la presión. Machín aboga por una defensa adelantada para robar a menos metros de la portería rival, algo que seguirá siendo así con Eusebio. Al entrenador de La Seca le agrada emplear una presión trenzada desde las primeras líneas de la jugada rival y, gracias a compartir esta idea con Machín, partirá con ventaja en los protagonistas que la llevarán a cabo, sobre todo con Pere Pons.

El margen de incertidumbre hasta descubrir el nuevo Girona de Eusebio aún es amplio y tanto el paso de la pretemporada como las llegadas de nuevos jugadores durante las próximas semanas ayudarán a acotar el nuevo proyecto del conjunto catalán. En esto, Eusebio saldrá más beneficiado de la relación con el City que Machín por la hermandad futbolística que comparte con Guardiola. Si bien el nuevo entrenador restará en la sombra de su predecesor, es el más capacitado para hacerlo.

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