Balón en Profundidad

Fútbol hasta la línea de gol

Jugadores

Un nuevo demonio para Valverde

El fichaje del joven Malcom Filipe Silva de Oliveira (1997) por parte del FC Barcelona se debe, principalmente, a dos motivos de peso. El primero es que el conjunto catalán intenta dar respuesta a los problemas que presentó el pasado curso la dupla formada por Luis Suárez y Leo Messi y, consecuentemente, pone de relieve una de las bazas en las que el club de la ciudad condal asienta su proyecto a medio/largo plazo; la velocidad. Tras la contratación de Ousmane Dembélé el pasado mercado estival y la apuesta por Philippe Coutinho en la medular configuran un equipo preparado para jugar a otra velocidad, alejado de la excesiva lentitud que demandaba el último ciclo, solo acelerado por la brutal necesidad de correr de la MSN. Con esta nueva hoja de ruta y con Malcom como último ejemplo, el FC Barcelona dibuja un escenario mucho más agresivo al espacio, propenso a la conducción en detrimento del pase y con la velocidad de quien no conoce otra cosa. Malcom es el nuevo demonio de Ernesto Valverde.

Malcom es un jugador, principalmente, incisivo. Cada acción suya está orientada a la agresión hacia el equipo rival. Busca, desde la diagonal, situaciones favorables para el disparo, una de sus grandes armas, o encontrar contextos ventajosos desde los que progresar. Por lo tanto el equipo culé contrata a un jugador eminentemente desbordador. Aunque aquí hace falta incidir en un tema, una diferenciación técnica. Malcom no es un regateador fino, no inventa, no tiene esa magia que se le pueda asociar a un extremo brasileño. El de São Paulo es un perfil que domina más desde el físico, desde la aceleración y el cambio de ritmo. Douglas Costa es, quizás, el jugador que más se le parece. Comparten gestualidad. Malcom es fino en el control y hábil en el uno para uno, pero no es un jugador inventivo. 12 goles le contemplan en el pasado curso, una cifra suculenta para un jugador joven que juega alejado del área cuando recibe. Con más gol que el ex del Stade de Rennais, Ousmane Dembélé, Malcom encuentra en su disparo una de sus principales virtudes. Conocedor de este poder, el ex del Bordeaux traza diagonales poderosas para culminarlas con sendos latigazos desde distancias lejanas.

Un desbordador nato más desde la potencia que la técnica. Malcom es un jugador de banda para el que la diagonal hacia el área se convierte en su acción fetiche.

El pasado curso en el Girondins de Bordeaux actuó como extremo diestro a pierna cambiada. Su brutal disparo desde larga distancia era un aval de peso para ponerlo en esta demarcación. Su tendencia es la de tirar la diagonal hacia dentro, siempre. En el conjunto francés encontraba, en muchas ocasiones, una situación ventajosa en la que la zona central estaba desocupada, propiciando sus incursiones. En el FC Barcelona este movimiento se toparía con el hábitat natural de Leo Messi, pero la principal premisa es que se entienda con el astro argentino. Si esto sucede, ya vendrá todo lo demás. El extremo brasileño debe aprender a jugar de nuevo. En el equipo francés recibía, prácticamente siempre, abierto a la línea de cal en un contexto que invitaba a buscar las cosquillas a la defensa rival. Es difícil no imaginar lo mismo en el FC Barcelona, pero con más ventajas para el receptor, dada la mayor calidad de los pasadores. Su llegada no debería ser un freno a la progresión de Dembélé. Aunque compartan edad y posición, son dos jugadores diferentes. El francés sí puede jugar en el otro costado, gracias al dominio de sus dos piernas, y es un jugador con mayor capacidad para el último pase, mientras que el brasileño tiene esa malicia en el disparo que el ex del Dortmund todavía no posee.

Captura de pantalla (16)
Malcom trazando una diagonal, con la zona central despejada para su progresión.

Es difícil saber cuál es la hoja de ruta de este Barça, incluso si existe. El fichaje de Malcom ha llegado por sorpresa, pero como comentamos en el inicio del artículo, empieza a perfilar lo que puede ser este nuevo FC Barcelona. El pasado curso a Ernesto Valverde le faltó, sobre todo, frescura y desborde. Fue un equipo con buenos automatismos, trabajado, pero demasiado plano, dependiendo en demasía de las genialidades de Leo Messi cada fin de semana. La sensación de que la plantilla se quedaba corta en capacidad de sorpresa se convirtió en una realidad en Roma. Con Coutinho ya adaptado y esperando un curso sin lesiones de Ousmane Dembélé, el Barça gana mucho en intimidación y capacidad de agresión. Tras unos meses y muchos rumores, Malcom llega para revitalizar a un equipo que se prepara para afrontar el último ciclo de Leo Messi.

DEJA UNA RESPUESTA

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *