Balón en Profundidad

Fútbol hasta la línea de gol

Jugadores

Volver a sonreír

Dicen que el fútbol moderno está comiéndose el romanticismo y los valores tradicionales por los que ese niño o niña, poco después de empezar a caminar, comenzó a jugar a fútbol. Cuando no habían contratos de por medio, patrocinadores y ofertas tentadoras en las que te parabas a analizar los pros y los contras de dejar tu club de formación para respirar en la élite y convivir con los mejores. Solo aquellas pachangas en el parque por las tardes. En tus primeros contactos con el balón, nadie te corta la ilusión, creces. Sin embargo, nadie te avisa de que, en el peor de los casos, no vas a poder jugar siempre. Las lesiones son la cruz del mundo del fútbol. Y cuando tiras, no siempre sale cara. Un desgarro muscular en un contraataque, un giro de la rodilla en un mal apoyo o el típico esguince. Las hay de todo tipo, incluso autoatropellos en gasolineras, como le sucedió a Éver Banega.

Cazorla fue uno de los bajitos de la selección española.

A medida que creces te sientes partícipe de los triunfos de tu equipo. Pero hay jugadores que son diferentes. Hay futbolistas que son patrimonio de cualquier aficionado al fútbol, les respetas por encima de los colores que vistan durante los fines de semana. Y cuando colisionan el concepto de lesión y el de ese jugador distinto al resto, todos sentimos una decepción, más o menos notable. Santi Cazorla era uno de esos centrocampistas bajitos al que le tocó de lleno el éxito de la selección española del juego asociativo, en la etapa donde consiguió los grandes éxitos de su carrera. El rendimiento individual le catapultó a las altas esferas del panorama futbolístico europeo y fichó por el Arsenal.

En un amistoso ante Chile, Cazorla sufrió un primer impacto. Una lesión que le dejó unas semanas fuera de combate. Regresó, pero jugó con dolor. Fue en 2016, en un encuentro de Copa de Europa ante el Ludogorets, cuando el actual jugador del Villarreal disputó su último partido. Ocho operaciones después, el maltrecho tendón de Aquiles cedió en su lucha y le permitió volver a jugar a fútbol. Volver a sonreír. Los médicos ingleses le dijeron que se diera por satisfecho si, algún día, volvía a caminar con su hijo por el jardín de casa. Más de 600 días después, Cazorla empezó la pretemporada y disputó un partido con el Villarreal, que nunca le planteó plazos. El club valenciano apoyó a Santi, pero también a Sergio Asenjo y Bruno Soriano. La recuperación es una etapa difícil, el fútbol sigue, el equipo gana y pierde sin ti. Vives en una muda desesperación.

Svetlana Aleksiévitx dijo una vez que «las memorias son el renacimiento del pasado cuando el tiempo regresa sobre sus pasos». Con 33 años y la ilusión de un juvenil, Cazorla se ha vuelto a centrar plenamente en el fútbol. Las lesiones no se pueden olvidar, pero se han desdibujado estos dos últimos años y ahora cose la herida a través del balón. Aunque sigue siendo una incógnita su rendimiento, tanto el inmediato como el futuro, el Villarreal gana un entero importante. Si consigue arraigarse en una buena forma física, Cazorla puede convertirse en una pieza a tener en cuenta para Javi Calleja. Ha sido partícipe en los amistosos, pedía el balón, se ofrecía. En el renovado proyecto del Villarreal que se entendió con la vuelta a Castellón de Gerard Moreno. El anterior goleador del Espanyol se apartaba del centro para conjugarse con Santi, cimentando las bases de una posible sociedad groguet. Santi Cazorla ha abandonado el gimnasio para regresar al verde, donde volverá a sonreír. Y no crean que se conformará solamente con eso.

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