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¿La pieza que le falta al puzle de Simeone?

Thomas Lemar (Guadalupe, 1995), además de un Campeón del Mundo, es la gran incorporación veraniega de un Atlético de Madrid que mira de reojo la Final de una Champions que, al término de la temporada que está a punto de empezar, se disputará sobre el césped del Estadio Metropolitano. 

Aire caribeño y atrevido para Diego Pablo Simeoneuna zurda descubierta en Caen y que alcanzó su máximo nivel competitivo bajo la batuta de Jardim en el AS Monaco. El menudo jugador francés, nacido en las Antillas Francesas, debutó en el fútbol profesional de mano del Caen, en Ligue 2, la segunda división del fútbol francés. Con tan solo 17 años ya había debutado en el primer equipo, que se encontraba alojado en plena lucha por el ascenso. 

El Caen consiguió ascender a la Ligue 1 al término de aquella temporada, de cara al curso 2014/15. El caribeño empezó a acumular oportunidades desde muy pronto, saliendo desde el banquillo la gran mayoría de los partidos y empezando a dejar detalles de calidad en campo contrario. En su época en el Caen se dejaba caer con gran asiduidad por banda derecha, circunstancia que cambió a su llegada al conjunto monegasco. 

En su primera prueba en la Ligue 1 consiguió varias titularidades y una permanente estancia en los planes de su técnico, aunque fuese formando parte de uno de los tres hombres de refresco. Su velocidad y gran técnica le permitía ser muy valioso para el mítico entrenador del Caen, Patrice Garande, en los momentos finales de los encuentros. Aquel primer año de debut, en el que cumplió los 19 años, consiguió partir de inicio en 6 ocasiones, además de conseguir un gol decisivo en el descuento ante el Nantes que permitiría, jornadas más tarde, certificar la salvación del Caen. 

Leonardo Jardim vio en él algo grande, no se lo pensó, el conjunto monegasco desembolsó algo más de 4 millones de euros y se lo llevó al Principado. La tarea no era sencilla, ocuparía el lugar de un Yannick Ferreira Carrasco que puso ese mismo verano rumbo al Atlético de Madrid. Si en el Caen se había dado a conocer, en su primera temporada en el Mónaco deslumbró con tan solo 20 años, ya siendo titular en la mayoría de los partidos y partiendo de una banda izquierda que hizo suya en el Stade Louis II hasta hace tan solo un par de meses.

A pesar de su juventud, pronto se hizo un habitual en un club de la exigencia del Mónaco, pasando a obtener un reconocimiento internacional las últimas temporadas.

Fue en esa primera temporada en Mónaco donde ya se pudo empezar a ver un jugador diferente, un proyecto de estrella, aún por evolucionar, pero con ciertos tintes de promesa de talla mundial. En su primer año en Mónaco encontró portería en 5 ocasiones en Ligue 1, ya demostrando ser un jugador de mucha regularidad y fiabilidad, siendo pieza clave de un equipo que consiguió alcanzar la tercera posición al término de la temporada. 

Pero, si hay un momento marcado en la carrera de Thomas Lemar, es sin duda todo aquel perteneciente a la temporada 2016/17. El Mónaco de Jardim resultó ser una máquina de practicar un 4-4-2 eléctrico, ofensivo, pero con una tremenda capacidad para el repliegue. Un equipo que terminó por coronarse Campeón de Francia y que, además, puso en muchos problemas a la Juventus de Turín en unas memorables semifinales de Champions League. 

Aquel equipo practicaba un 4-4-2 inexpugnable, con el PSG de Emery sufriendo su tremenda regularidad en liga, que no permitió a los parisinos recuperarse de su dubitativo inicio de temporada. Con Subasic en portería, Sidibé y Mendy en los laterales, Jemerson y Glik en el centro de la defensa, Fabinho y Bakayoko al doble pivote, Bernardo Silva y el propio Lemar a las bandas y, arriba, Germain y Falcao hasta la meteórica irrupción de Mbappé a mediados de temporada, que acabó por dejar al actual jugador del Marsella fuera del once. 

Si hay algo que domina Thomas Lemar, gracias al trabajo de Leonardo Jardim, es su posición en la banda izquierda en el 4-4-2, sistema que, como todo el mundo sabe, habitúa Simeone a utilizar. En aquella histórica temporada del Mónaco, Lemar, además de ser indiscutible en el once, sumó 9 dianas en Ligue 1, 3 en las copas francesas y 2 más en Champions League. Por supuesto, a esto se le han de sumar también las asistencias, ya que solo entre Ligue 1 y Champions ya sumó 14. 

De hecho, probablemente, su capacidad para repartir asistencias sea su gran carta de presentación como futbolista. Desde esa temporada en el año 2016, el de Guadalupe ha repartido 30 pases de gol, más que ningún otro futbolista del Atlético de Madrid en dicho periodo. Y es que su tremendo golpeo de balón le ha permitido dar multitud de asistencias mediante -aunque no solamente- el lanzamiento de balones parados, córners y faltas, un aspecto del juego en el que el Atlético de Madrid ha descendido ostensiblemente su rendimiento con el paso de las temporadas.

Su buen pie y su capacidad asociativa permiten al francés ser un asistente de lujo que puede resurgir la vía del gol a balón parado en un Atleti falto de esta figura.

Y decíamos “no solamente” porque es también perfectamente capaz de asistir a sus compañeros encontrando huecos a la espalda de la defensa, tanto por arriba, como por abajo, haciendo gala de una notable visión de juego ofensiva. En su época como jugador del Mónaco se ha destacado como un excelente pasador, incluso si le valoramos los desplazamientos en largo, circunstancia que domina con una técnica exquisita. Porque si de algo podría presumir el de las Antillas Francesas es de poseer una técnica excelsa y un control de balón a la altura de muy pocos. 

De sobra conocidas son sus conducciones con el balón pegado al pie por banda izquierda, saliendo hacia el exterior y, con una facilidad llamativa, saliendo también en conducción hacia zonas interiores de la cancha. Destaca, como decíamos, por un maravilloso control de balón, tanto para recibirlo como para desplazarlo. Su capacidad para conducir, regatear, driblar y amagar desde parado son armas permanentemente utilizadas por el caribeño, además de una gran capacidad para cambiar de dirección dándose la vuelta sobre sí mismo. 

No es un extremo, es un centrocampista de banda que se siente especialmente cómodo utilizando su zurda para ganar y atacar el interior del campo y, ya que tiene un recorte muy cómodo hacia su derecha, asociarse allí con sus compañeros. A pesar de ser un jugador de banda que juega a pierna natural, no se suele prodigar con grandes arrancadas buscando la línea de fondo para poner el centro. En lo referido a campo propio, es un jugador habituado a recibir en posiciones cercanas a su propio área tras recuperación de balón por parte de su equipo, y es ahí donde destaca por ser capaz de tomar buenas decisiones para los suyos. 

En la distancia corta es muy habilidoso, de cara a las distancias medias posee un cambio de ritmo muy poderoso que le permite disfrutar de una capacidad innata para el recorte. Estas cualidades le han permitido disfrutar de buenos momentos de fútbol en distintas zonas de la cancha, no solo en la izquierda. Como media punta es capaz de rendir y en la derecha, gracias a su enorme disparo, resulta muy peligroso. Porque, además de todo lo descrito, es un jugador con capacidad para ver puerta en caso de que el equipo le brinde la oportunidad.

Maneja diversos recursos de extremo sin serlo. En la izquierda, su capacidad asociativa y en la derecha su opción para el disparo, le convierten en un jugador de banda polivalente de forma natural.

Su destacada actuación en aquella temporada le hizo merecedor de un hueco en el combinado francés de cara a las cuatro últimas jornadas de eliminatorias de clasificación para el Mundial de Rusia; entre agosto y octubre de 2017 juega 4 partidos con el Equipe de France (3 de titular), marcando dos goles. Había nacido una estrella en el fútbol francés y parecía que nada podría detener la progresión de Thomas Lemar. 

En aquella maravillosa temporada, la 2016/17, le enseñó al mundo todas estas cualidades, pero, en la 2017/18, el desmantelamiento del equipo, sin Mendy (su gran socio en banda izquierda), sin Bakayoko, sin Bernardo Silva (su socio en zonas interiores) y sin Mbappé (que también solía caer a banda izquierda), y una mejorable actitud del jugador, no han permitido al espectador disfrutar de la mejor versión del jugador de Guadalupe. 

Sin perder el hueco en el once, ha resultado un jugador menos incisivo y desequilibrante que en el año anterior, sus cifras goleadoras en liga pasaron de 9 en la 16/17 a 2 en la 17/18. El Mónaco terminó segundo en Ligue 1 y no pasó de grupos en Champions. Muchísima calidad, velocidad, electricidad y llegada por parte de un jugador con algunas carencias en la actitud para la labor defensiva, especialmente a lo largo de esta última temporada, en la que se ha podido incluso notar cierta desgana y desmotivación sobre el césped. 

Aun así el Atlético tiene razones para creer en el francés. Simeone es un especialista en convencer a los jugadores de la importancia del trabajo y de la actitud defensiva. Si lo consigue, obtendrá a un auténtico jugadorazo, como el que fue en la temporada anterior, o incluso mejor. El Atlético de Madrid necesita a un jugador desequilibrante por sí solo y con Lemar podría haberlo encontrado. 

Su sociedad con Filipe en banda izquierda y su entendimiento con Koke -y Griezmann- podrían permitir volver a ver aquellas triangulaciones que protagonizaban Arda, Koke y Filipe en las cercanías de la esquina izquierda del área hace unos años. Diego Pablo Simeone ya tiene a su jugador desequilibrante, asociativo, asistente y goleador; habituado a jugar en un sistema similar al suyo y con capacidad -demostrada en la 2016/17 y aún mejorable por el argentino- para ser importante defensivamente desde su posición en banda izquierda. 

El francés llega al Metropolitano como el fichaje más caro de la historia del club colchonero; como un jugador que ha llegado a tener un cartel de precio superior a los 100 millones de euros y que cuya última -y gris- temporada, ha permitido al Atlético de Madrid hacerse con sus servicios por 65 millones.  

La calidad de Thomas Lemar está fuera de toda duda y da la sensación de que lo único que podría torcer una buena etapa del jugador como rojiblanco es que no entienda la filosofía de Simeone, porque si lo hace, promete hacer cosas muy grandes por un conjunto que afronta su temporada, como decíamos al inicio, mirando humilde y disimuladamente, la Final de la Copa de Europa.

Un análisis de Pepe Pinel (@Peppinel en Twitter)

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