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Lejos del nido

No nos engañemos: el fichaje de Machín por el Sevilla nos gusta. Y mucho. El soriano es uno de los últimos miembros del selecto grupo de entrenadores españoles que han llegado a la élite con una idea de juego reconocible y eficaz. Asier Garitano, José Luis Mendilibar, Quique Setién, Marcelino García Toral, José Bordalás, Juan Carlos Unzué o Abelardo forman parte de este colectivo que representa la columna vertebral de la liga española. Un eje que posibilitó la temporada pasada que el 80% de los banquillos estuvieran ocupados por entrenadores hispanos.

En su nueva andadura por tierras sevillanas, Machín deberá convivir en un escenario mucho más exigente al que vivió antaño, donde la presión social ofrecía pleitesía por sus heroicidades y la competencia con otro equipo dentro de la ciudad era nula. Machín deja su nido futbolístico, el lugar donde consiguió estabilizar la singularidad de su sistema y encontrar sus matices para abastecer el hambre de ambición que le ha producido este mismo. Con su particular manera de entender el fútbol, el de Gómara ha pasado de sobrevivir en la lucha por caer en Segunda B a tocar Europa con la yema de los dedos y, en un contexto menos limitado desde muchos ámbitos, tendrá recorrido para sumar un escalón más a su diferente y reconocible propuesta.

En los primeros noventa minutos oficiales, el conjunto de Machín reanimó a su afición fiel después de un curso demasiado irregular.

Y en el primer test, el equipo del técnico soriano cumplió. Con su popular 3-4-2-1, el Sevilla mostró su versión más reconocida contra un rival inferior que ofreció indecisión con balón y pasividad en defensa. A diferencia de los sevillistas, que asentaron la jugada con facilidad en campo rival a partir de los centrales. Escudero y Carriço protagonizaron las primeras líneas de la transición llegando con personalidad hasta terreno contrario. A Machín le gustan centrales de envergadura que muevan el esférico con criterio y rindan en el desplazamiento, y las llegadas de Sergi Gómez y el francés Gnagnon obedecen a ello. Precisamente el pase en largo será uno de los puntos principales del juego del Sevilla, tanto para dar amplitud y un toque imprevisible a la jugada como para atacar la espalda de la defensa rival. Y contra el Újpest ese recurso funcionó a las mil maravillas con un Roque Mesa excelso. El mediocampista de Telde se prevé como una de las primeras opciones en la sala de máquinas junto a un perfil más físico, menos atrevido con balón y más activo en la presión.

La llegada de Ibrahim Amadou puede ser una variable preferente para representar la otra función en la medular, aunque en ambas posiciones se barajan algunos jugadores. Sin la restricción posicional del doble pivote, la doble mediapunta también diversificará roles. Uno específico para la elaboración y otro de movimientos a la espalda del rival. Frente al Újpest, Sarabia asumió más responsabilidades en el juego, bajando hasta la altura del doble pivote para generar superioridades, mientras que Nolito también desarrolló algunos tramos de juego a partir del esférico, pero fue más acentuada su labor al pico del área y atacando el espacio.

La endiablada verticalidad de Navas se vislumbra como uno de los puntos fuertes del Sevilla de Machín.

Pero como en el Girona, la parte más transcendente del juego pasará por los carrileros. A Machín le gusta un perfil más experto en tareas ofensivas que defensivas y, ahí, Jesús Navas se mueve como pez en el agua. El de Los Palacios irrumpió como un destello imprevisible y preciso por la espalda de la defensa rival y cuajó una actuación estratosférica contra el Újpest por la facilidad con la que se asomaba en el área y generaba peligro. El hecho de que el juego se concentrara en el lado opuesto benefició a Navas, objetivo principal de los desplazamientos en largo. Su vocación ofensiva contribuyó en dar más profundidad que amplitud y así aterrar la jugada en área rival con más asiduidad. El posible retorno de Aleix Vidal encajaría a la perfección con lo que demanda la idea de Machín por el carril.

Aun así, el soriano aún echa de menos un cromo para encarar la temporada con garantías: el nueve. El gran curso que completó Christian Stuani perfeccionó al Girona de Machín y le permitió ser ambicioso gracias a su aportación a nivel de juego y goles. Y contra el Újpest, el nueve titular, Ben Yedder, no estuvo a la altura, nunca mejor dicho. Machín requiere de una pieza espigada que sea capaz de bajarle balones con seguridad, se mueva bien tanto en el pico del área como dentro de ella y remate la numerosa nómina de centros que llegarán. El delantero de origen tunecino cumple algunas necesidades de Machín pero no todas, no es un perfil completo y el juego del soriano lo requiere para mantener el tono en las tres competiciones.

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