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Borja Iglesias en el cambio de piel

El proyecto de Quique Sánchez Flores en el Espanyol empezó a divisar su final mucho antes de que sucediese. Discrepancias con la directiva, un falso amago de fuga al Stoke City y la justificación de que el equipo no daba más de sí. Sin embargo, Rubi toma el mando de una plantilla en línea continuista. El cambio más sustancial es el de los delanteros. Gerard Moreno lo fue todo durante la temporada pasada, pero optó por regresar al Villarreal.  Tras ello Borja Iglesias llega al Espanyol para ser una de las claves del equipo, pero con un rol muy diferente.

Rubi ya ha pautado las directrices a partir de las cuales girará el Espanyol. Cambio de piel a raíz de dos nombres propios: el técnico y Borja Iglesias. Durante su primera temporada en Cornellà, Quique estableció un clásico 4-4-2 para fomentar la coyuntura defensiva y viajar a partir de esta. Sobrevivir. La plantilla demandaba un cambio de percepción, el potencial y la calidad del equipo permitía aumentar un rango el volumen táctico, la ambición. Así pues, Sánchez Flores permutó las piezas en dirección a un 4-2-3-1 en el que el balón fue más medio que fin. No obstante, la figura de Gerard Moreno emprendió una sobredimensión. El delantero catalán era el inicio de la jugada, partiendo ligeramente desde el costado derecho, pero también el finalizador. El juego se basaba en todo lo que podía abarcar Gerard. Fue el máximo goleador y también el punto inicial a partir del que fluían las acciones. Con el objetivo de beneficiar al máximo las situaciones de recepción del atacante, algunas piezas trabajaban para el bloque, con un rendimiento individual en minusvalía. Fue el caso de Sergi Darder.

Gerard Moreno fue la excepción dentro del bloque. El jugador que destacó sobre el grupo, y que ya no está.

Ante la baja del delantero creador, Rubi tuvo que reinventarse y fraguar una nueva fórmula desde el primer día. El sistema se recoge en un 4-3-3, con diferencias, también, en el estilo de juego. El entrenador catalán define su equipo como “valiente”. No renuncia al balón, presiona la salida del equipo rival y el ritmo es mucho más fluido. El enfoque del modo de ataque es considerablemente distinto. Sin Gerard Moreno, el club apuesta por la figura de Borja Iglesias. El ex delantero del Zaragoza no tiene los registros técnicos que destacaban al nuevo jugador groguet, pero posee un mayor impacto en el área, un instinto goleador mucho más natural. Además, no está enfocado únicamente a la finalización, sino que potencia a todo el apartado ofensivo del equipo. Borja Iglesias tiene la capacidad física de fijar a los centrales con el cuerpo, dominando el juego de espaldas -ya sea en pos de girarse o ser un apoyo en corto- sin ser estéril de cara al defensor. Las características físicas del prototipo de delantero clásico no le convierten en ello. Es un jugador de mucha más movilidad. Cae con frecuencia a las bandas para permitir la inclusión por el carril central de los jugadores interiores. En pretemporada ya ha demostrado ser preponderante a realizar el movimiento en favor de Leo Baptistao. El movimiento de fuera hacia dentro -osea a la inversa- lo usa, en otros contextos, como desmarque de ruptura.

Con movimientos tanto largos como cortos, utiliza el cuerpo en carrera para combatir la falta de un punto de velocidad.  Por lo mostrado en las primeras pruebas, el binomio Borja Iglesias-Sergi Darder puede ser el más repetido con éxito durante la campaña. El centrocampista ha ganado en libertad posicional y juega más cercano al área, sin dejar de ser partícipe en la construcción del juego. Los movimientos de ruptura o de apoyo del delantero los interpreta bien y está llamado a ser uno de los jugadores importantes.

De Quique Sánchez Flores a Rubi. De Gerard Moreno a Borja Iglesias. Ambos cambios sirven de ejemplo para justificar los cambios tácticos y conceptivos del modelo de juego. A priori, un Espanyol más vistoso y consecuente con las posibilidades de plantilla. Ambicioso. Y con un Borja Iglesias que no llega para suplir a Gerard, sino para ser un complemento para el equipo. Y, eminentemente, un goleador.

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