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«Matamorfosis»

Hace cuatro veranos, Jaime Mata llegaba a la disciplina del Girona junto con nombres como el de Granell, Lejeune, Pere Pons, Sandaza, Ramalho, Aday o Cifu. El conjunto catalán acababa de salvarse del pozo de Segunda B gracias al talante de un desconocido Machín, que había aterrizado forzosamente tres meses antes en un contexto muy negativo. Otro personaje impopular pero de gran relevancia posterior, Quique Cárcel, asumiría la responsabilidad de la secretaría técnica para enderezar la situación futbolística de un club que le costaba horrores mantener una estabilidad económica. De su conocimiento sobre el mercado de Segunda B, conseguiría los servicios del segundo máximo goleador de la categoría, un madrileño de 25 años procedente del Lleida Esportiu. Jaime Mata había liderado su equipo hacia los play-offs gracias a sus quince goles, su solidaridad en tareas defensivas y su movilidad ofensiva.

El ojo particular de Cárcel intuyó un potencial enorme, una confianza que se trasladaría al campo en sus dos temporadas en Montilivi y la primera en el José Zorrilla, pero ni él ni nadie pudieron prevenir la espectacular campaña que capitaneó al Valladolid hasta la élite. A su dedicación indiscutible en ataque, tanto a nivel defensivo como ofensivo, se le ha añadido una aportación goleadora muy significativa con veintisiete goles en su cuenta particular. Una bestialidad descomunal. A la ecuación también se le debe añadir una cuota de responsabilidad más alta -ha jugado el doble de minutos que la temporada anterior- como nueve fijador, que ha aprovechado al máximo.

Comparte un físico virtuoso con una movilidad vertiginosa impropia de su tamaño.

Y lo ha hecho sobre todo a partir de la relación singular entre su corpulencia física y su habilidad con el balón en los pies. Jaime Mata es un delantero imponente y eso supone un plus tanto en el juego como en el remate. Destaca por su capacidad para bajar balones y ser hábil aguantándolos. En ese sentido es un delantero autónomo, que puede hacer la guerra por su cuenta, que convive bien lejos del área tanto para mantener la posesión en campo contrario mientras el colectivo sube como para generar peligro sin apenas ayudas y lejos de la portería rival. Esta temporada ha desarrollado esa faceta solitaria que le permite al juego directo de Bordalás minimizar el margen de error. Su velocidad sostenida engaña al rival y su envergadura infravalora su cambio de ritmo letal. También responde en la descarga ya que le gusta intervenir en la asociación, pero donde se siente mejor en términos de movilidad es atacando los espacios a la espalda de la defensa rival.

Y en el Getafe se le van a brindar situaciones de este calibre. Su rapidez y su capacidad de anticipación le permiten ser imprevisible e implacable en ese tipo de jugadas y, por tanto, una opción muy válida para un equipo como el azulón, que defiende en bloque bajo y goza de espacio a la espalda rival. En la transición más clásica también es una variante aprovechable con y sin balón gracias a su zancada con el esférico y sus movimientos dentro-fuera para generar espacios. Y una vez alcanza el área se transforma. El foco principal de su metamorfosis proviene de su actividad antológica dentro del rectángulo contrincante. Su virtuoso físico le permite ser ventajoso en la orientación corporal y el área no es ninguna excepción. Dentro de ella, también se mueve como nadie. Le gusta buscar el primer palo o perseguir al defensa para después retrasar su posición hacia el punto de penalti.

El cambio diferencial que ha marcado un antes y un después ha sido el remate.

Pero el plato fuerte que ha cambiado radicalmente la imagen que teníamos de Mata es el remate. Se ha vuelto un experto, y sus 27 goles en la competición regular lo acreditan. El atacante madrileño ha pasado de ser una pieza más secundaria y solidaria en la presión o sin balón a ser el protagonista principal, y su cuota de responsabilidad en el remate también ha subido. Y este factor le ha permitido convertirse en un nueve puro, de área. Desde la regularidad y el oportunismo, Mata ha representado el gol en el Valladolid de todas las maneras posibles: de jugada individual, de remate a bocajarro, desde fuera del área o a la salida de un córner. El ex del conjunto pucelano ha sumado un escalón de calidad en la definición y en Getafe lo va a demostrar. El combinado vallisoletano disponía con el 4-4-2 y una manera de jugar muy parecida al cuadro azulón, una situación ventajosa en su proceso de adaptación.

Pero en el retorno a su ciudad natal deberá tener en cuenta dos variables: la competitividad de la categoría y de su posición. Mata se habituó a la Segunda División hasta que se sintió como pez en el agua, pero el ritmo de competición en la élite del fútbol español es diferente, y le tocará adaptarse en un contexto ya de por sí complicado. Jorge Molina y Ángel Rodríguez fueron intocables la pasada campaña como pareja en la punta y, aunque alguno de ellos dos cayera, no tendría el mismo protagonismo que tuvo en el Valladolid. Pero si consigue trasladar su «matamorfosis» futbolística, Bordalás ganaría una pieza básica para su meticuloso engranaje.

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