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La pieza para ordenarlo todo

El de Rodrigo Hernández se ha erigido en esta ventana de traspasos de verano 2018 como uno de los fichajes que más certezas despiertan en expertos y seguidores. Tanto a nivel personal, con un grado de madurez y una experiencia en La Liga palpables, como analizando el momento de su club, que precisaba de una pieza como el madrileño en sus filas, podemos aventurar una buena simbiosis entre ambas partes con un resultado finalmente competitivo muy interesante. Y es que no podemos imaginar un momento mejor para que ambos se juntaran en un proyecto tan ilusionante como este.

El Cholo necesitaba imperiosamente un jugador para ejercer de «5».

Diego Pablo Simeone, en su afán por montar un sistema que le permitiera competir con los equipos más grandes para luchar por los títulos (en especial la ya ansiada Copa de Europa), viene teniendo dudas con la posición de mediocentro. Desde que Tiago Mendes sufriera aquella grave lesión y posteriormente dejara el club, no ha habido otro jugador que convenciera al argentino para esa posición, que le diera equilibrio y soporte táctico al equipo para que pudiera desplegar todo su potencial en creación y determinación. Lo más similar ha sido Gabi, aunque nunca pareció ser capaz de dar una continuidad al juego ni un control posicional como para considerarse un pivote top en ese rol. Esta carencia ha provocado que el equipo se encogiera, pues, sin la seguridad de un jugador dominante ahí, ni Koke pudo estar cerca de Griezmann ni Saúl podía estirarse con libertad ni las bandas podían estar tan enfocadas a la amplitud. Hechos que provocaban que la manta nunca llegara a cubrir con armonía todo el sistema rojiblanco.

Por tanto, Rodri llega, desde ya, para ser importante a la hora de construir el Atlético de Madrid 2018/2019, y sucesivos, siendo un update en la posición de pivote como prototipo de mediocentro moderno que representa. En Villarreal ha demostrado personalidad y sentido de la responsabilidad como para ser el ancla de un equipo ofensivo. Técnicamente sabe manejar su cuerpo para dominar el espacio y con el pase puede organizar y templar el contexto, aunque sin un toque diferencial para la creación. Tiene las ideas claras, no se complica y a la vez es capaz de organizar a sus compañeros siendo un punto de referencia táctica desde su posición retrasada y centrada para que los demás puedan ir sobre caminos marcados y ordenados. Y todo con 22 años, con el margen de mejora y evolución para poder dominar en contextos de cada vez mayor exigencia.

Rodrigo multiplica las opciones de la plantilla del Atlético para esta temporada.

Ahora la pelota está en el tejado del Cholo. Sabiendo que Rodrigo va a tener un papel preponderante en el juego, nos falta conocer qué planes tiene su entrenador para él y para el equipo, en ambas direcciones. Y empezando por el sistema. En su arquetípico 4-4-2 puede funcionar, pues ya lo ha demostrado en un sistema muy similar en Villarreal con Marcelino, técnico que le hizo debutar y especialmente con Escribá y la variante táctica en rombo de Calleja, con el que terminó de explotar. Con la duda de quién sería su pareja ideal en el doble pivote (Koke, Saúl o Thomas), sería el jugador con mayor responsabilidad defensiva de los cuatro medios, dando mando a su compañero en campo contrario y permitiendo, bajo su sostén táctico, acercar a los volantes o extremos al pico del área para buscar una continuidad ofensiva que dé más opciones a los delanteros. Sin embargo, viendo la configuración de la plantilla, y especialmente sus piezas para la medular, cabría esperar también como opción el paso a un 4-3-3 más propositivo en circulación y elaboración en campo contrario. Con Rodrigo por delante de la defensa, Koke a un lado como elemento de control de juego y creatividad en el pase, y Saúl al otro para unir ambas mitades del campo, podríamos configurar un centro del campo polifuncional, competitivo y dominante, en el que cada pieza tuviera claro su espacio y su cometido y en el que pudieran complementarse y potenciarse los unos a los otros. Algo que a la vez, y de forma indirecta, también facilitaría el desempeño de los delanteros. Como punto de conflicto en este dibujo, entraría la estrella del equipo. El 4-3-3, como hemos podido ver en el Mundial de Rusia con su selección, no beneficia a Antoine Griezmann, al desplazarle a una banda, alejándole del centro y limitando sus contactos con la pelota. Y la comodidad del francés debe ser prioridad en el Metropolitano.

En definitiva, bendito problema para Simeone, que cuenta con la mejor plantilla desde que se hizo cargo del equipo en 2011, tanto hablando de calidad como de cantidad y variedad de matices. Tiene su estrella bien definida, un goleador afín, jugadores comprometidos con sus ideas y entregados a sus preceptos, extremos veloces y con colmillo, centrocampistas con calidad y jerarquía y bastiones defensivos a prueba de bombas. Y ahora, con Rodrigo, recibe la pieza con la que poder ordenar todo para ganar. Que, en definitiva, es de lo que se trata.

Nuestro análisis de Rodri durante la temporada pasada

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