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La vida sigue igual

Era el peor escenario posible para el debut del Arsenal de Unai Emery en competición oficial. El Manchester City desnudó todas las carencias de unos gunners que dejaron entrever las intenciones del nuevo entrenador, pero para los que cualquier esperanza quedó dinamitada por los cityzen. Las sensaciones que se vieron dentro del terreno de juego fueron mucho más abruptas que el resultado final. A día de hoy, el Arsenal aún está muy lejos de competir en temporada regular con los de Pep Guardiola.

El Manchester City prolongó el buen rendimiento que ofreció en la Community Shield -también frente a un nuevo proyecto- ante el Chelsea de Maurizio Sarri. Ya avisó Guardiola en pretemporada que su equipo podría ofrecer variantes tácticas durante el año. Y no ha tardado en justificarse. Los del oeste de Inglaterra juegan de forma natural, los mecanismos no son losas, sino soluciones. En el tercer año de Guardiola en Manchester, solo Mahrez se ha incorporado a una plantilla que tampoco pide más. Y, por si fuera poco, recupera a un Benjamin Mendy que ofrece diferentes soluciones, tanto en salida de balón como en campo rival.

La salida de balón mide la altura de ambos proyectos.

Empezó el partido con la versión dominadora de los skyblue. En salida de balón, Walker se postulaba como tercer central, mientras Mendy figuraba como falso interior. Los laterales, que históricamente siempre han sido piezas fundamentales en los esquemas del técnico catalán, han dejado mimbres de lo que pueden devenir a lo largo de la temporada. La experiencia como central en el ecosistema de Gareth Southgate -y en un contexto mundialista- ha generado en Walker una sensación de seguridad para salir jugando y participar desde una posición interior. Aun así, ser partícipe de la construcción de la jugada no le priva de llegar a línea de fondo y ocupar posiciones exteriores. Por otro lado, el francés ocupaba la posición de interior izquierdo para vaciar la banda. De esta forma, Sterling no tenía la necesidad de ocupar la demarcación de falso carrilero, sino que se mantenía como extremo y el City podía salir por fuera sin la necesidad de arriesgar entre líneas. En la consumación del mecanismo, Mendy proseguía con su movimiento hasta -en el caso más extremo- la posición de segundo punta, por detrás de Sergio Agüero. El Arsenal intentó presionar la salida, pero de forma estéril. La baja participación de Özil en fase defensiva obligaba a Mattéo Guendouzi a abarcar más territorio y saltar a la marca. Los visitantes, expertos en este contexto, explotaron todas las carencias. Al joven centrocampista se le vio superado, pero nunca rehusó a participar en las posesiones y presiones de los londinenses.

Ante la alta presión del Manchester City, el Arsenal mostró poca destreza a la hora de jugar el balón. Una ejecución técnica insuficiente obligó al equipo de Emery a buscar una salida por arriba. El equipo nunca estuvo interconectado, solo la entrada de Lucas Torreira en la segunda mitad y el bajón de intensidad de los skyblue les permitió tener fases de dominio de la posesión en campo contrario. Emery apostó en el tramo final del encuentro con la doble punta Lacazette-Aubameyang, pero el engranaje del centro del campo en ningún momento fue lo suficientemente capaz para servir al apartado ofensivo.

El City eligió el dónde, el cuándo y el cómo.

El Manchester City bajó la tensión en el único momento en el que el Arsenal enseñó el cañón. Sin embargo, los contados errores en salida de balón de los visitantes no fueron materializados. Tras superar la fase de construcción, el City aceleraba las jugadas, como Bernardo Silva hizo en Wembley, pero con menos notoriedad por parte de los interiores. De esta manera, llegaría el segundo gol. Con un inteligente movimiento de Mendy, que en transición atacó por fuera y sirvió al portugués para sentenciar con el 0-2. Las salidas de balón desde portería propia marcaron el nivel en el que se encuentran ambos conjuntos. El Arsenal practica las bases del nuevo técnico con dos centrales abiertos y los pivotes en la corona del área, mientras que Guardiola ofreció una nueva variante, una vez más, que desmontó la presión gunner en repetidas ocasiones. Los proyectos viajan en paralelo.

El ritmo de juego lo controló el Manchester City en todo momento. Eligió cuándo ralentizarlo y cuándo, cómo y en qué zona acelerarlo. La diferencia respecto al Arsenal fue abismal. Los de Emery no sorprendieron en ningún momento, el juego fue parecido al lento y previsible de la última etapa de Wenger. Para el City la vida sigue igual. Sin la mejor de las versiones consiguieron ganar a un proyecto que se agarra a las nuevas ideas de Emery. Los skyblue fueron superiores en todas las facetas, aunque cualquier comparación sería injusta con los londinenses. Unos siguen en la cima, los otros comienzan a escalar.

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