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Diego Costa tumba la jerarquía blanca

El Atlético de Madrid se proclamó ayer Supercampeón de Europa al derrotar a su rival de la capital española en un partido, con prórroga incluida, en el que los del Cholo Simeone terminaron mucho más fuertes en virtud a una confianza inflada por el resultado y a una profunda falta de recursos físicos y tácticos en su oponente para intimidar su área. Sin que realmente el Atlético consiguiera girar a la defensa blanca con continuidad, sí que consiguió contemporizar, esperar su momento y sobre todo aprovechar los errores en defensa con los que Lopetegui estará seguro muy disgustado.

El Madrid transmitió mucho fútbol en la primera parte de la final.

Y es que la primera mitad del Campeón de Europa fue muy potente. Tras unos 10-15 minutos de empuje rojiblanco con un descomunal Diego Costa, el Madrid sacó a relucir su jerarquía y comenzó a dominar, con Toni Kroos y Karim Benzema como principales artífices de ello, cada uno a su altura. El francés dio un recital, en armonía con su partido en la final de Kiev, de apoyos, descargas y triangulaciones entre defensa y mediocentro rival, dando fluidez a la elaboración de las jugadas y poniendo de cara a sus compañeros de segunda línea. A partir de él, y recordando al esquema de Zidane, el Madrid monopolizaba el cuero y tejía jugadas recostado en banda izquierda donde entre Karim, Marcelo, Asensio y Kroos iba avanzando en dominio y peligro. Todo aderezado con una movilidad ágil y eléctrica personalizada en un Isco Alarcón que ocupó todo el ancho del campo desde su posición más acorde a la mediapunta que al interior derecho. El gran debe de ese rato ilusionante de buen juego fue la incapacidad para intimidar por dentro. Benzema, al retrasar su posición para tocar en tres cuartos, dejaba un hueco que se antoja vital en el desarrollo de esta temporada en el Madrid. Con Cristiano en Turín, son Bale y Asensio, a la postre los dos jugadores con más gol del equipo, los que deben saltar a esa posición para, primero, poblar el centro del ataque y, segundo, ser el foco de remate. El galés, mientras tuvo gasolina, demostró tener la grandeza suficiente como para ser cabeza de cartel y permitir al Real soñar con todo una vez más. Sin embargo, tan pegado a la cal tuvo siempre a dos defensas de cara, lo que le supuso un esfuerzo extra para compensar el déficit de determinación de su equipo. Un déficit que ya adoleció el Madrid de Zidane y que, ante la escasez de referencias ofensivas, puede sufrir y mucho el Real de Lopetegui.

Todo este mecanismo ofensivo era compensado por unos muy ordenados tácticamente Kroos y Casemiro. Con los dos mediocentros muy cerca, el sostén táctico estaba garantizado para dar continuidad al juego desde la recuperación del brasileño y la distribución del alemán, que además se escalonaban con maestría. Sin embargo, enfrente contaron con poca respuesta dada la inactividad de dos futbolistas que deben ser capitales en la próxima temporada del Atleti. Koke, que jugó en banda, y Saúl, que lo hizo en el interior junto a Rodrigo Hernández, apenas dejaron constancia en el juego, lo que facilitaba el dominio blanco. Ni recuperaban, ni se juntaban para sumar posesión ni daban ventajas tácticas a su equipo para ir acercándose al área rival. Algo perdidos en el sistema, el Atleti echó mucho en falta su personalidad e influencia.

Lemar y Costa se aprovecharon del bajón del Real en el segundo tiempo.

En la segunda parte, el partido cambió, en probable relación al insuficiente nivel físico de los 22 protagonistas. El Madrid dejó de competir en base a una irrisoria actitud y concentración defensiva y a una incapacidad franca para actuar en campo contrario, en relación directa al desplome físico de Bale. En esas, vio cómo el Atlético lo encerraba en su mitad bajo el mando de Diego Costa y Thomas Lemar. El campeón del mundo, cerca de la banda en los primeros 45 minutos, se fue al centro tras la salida de Griezmann y fue el director que demandaba su equipo con balón. Más desde la conducción que desde el pase, se movió de izquierda a derecha para dar cohesión a los suyos y acercarlos al área. Un área que fue coto privado para Costa, que dominó a la zaga blanca durante los 120 minutos de final. No solo estuvo rápido en carrera y fuerte en el choque, sino que tuvo la clarividencia como para emplear su ventaja física en comprometer fina y futbolísticamente a todo rival que intentaba taparle, dando muchísimas ventajas a sus compañeros en tiempo y espacio y siendo el cruel látigo que castigaba cada error de los cinco defensores madridistas, contando a un Keylor Navas que dejó más sensación de transparencia que de seguridad. Diego fue la explicación de que el Atleti saliera ganador con dos goles de diferencia en un encuentro en el que el equipo que más nivel global demostró fue el Madrid. La perseverancia y grandeza del hispano-brasileño hicieron a los de Simeone poner el pie sobre su rival cuando este se derrumbó, sin dejarle volver a levantarse, gracias también a una gestión de banquillo de Lopetegui que no dio soluciones a los suyos. El técnico argentino, por su parte, también se va de Tallin con deberes. Ahora que se mide su plantilla como la mejor de su historia reciente, podemos ver un margen de mejora amplio, que dependerá fundamentalmente de dos factores: la mitad del campo en la que quiera ganar los partidos y el reparto posicional más favorable para sus estrellas.

A 15 días para el cierre de mercado, queda por ver si esta derrota tiene consecuencias en el mercado de fichajes del Real Madrid. Un partido, en el que además demostraron capacidad para competir y dominar a los mejores, no debe ser causa de un cambio en el plan. Pero, sin mucha opción al fallo, sí podemos apreciar que hay muestras de que una lesión de Bale o un resfriado de Benzema dejarían muy justo al ataque blanco y dejarían a Julen una manta muy corta para cumplir su misión de reinventar un proyecto exprimido por años de exigencias, esfuerzos y logros.

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