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Mecanismo recursivo

El estreno competitivo del Girona en Liga estuvo marcado por dos factores. Por un lado, el cambio de sistema. De la verticalidad punzante y la horizontalidad radical de Machín a la verticalidad recursiva y la horizontalidad trenada de Eusebio. Y por el otro, determinado por circunstancias previas al partido, el hecho de tener una única variable disponible en el lateral izquierdo. Más allá de que sus jugadores aún no han interiorizado los automatismos de su método, Eusebio empezaba su nueva andadura con un obstáculo que tergiversó su planteamiento. La imposibilidad de alinear un lateral vocacional, con capacidad de proyectarse en vertical, limitó la propuesta del vallisoletano hasta el punto de obligarle a cambiar la formación táctica. El carácter poco profundo de Muniesa desestabilizó la estructura prevista y alentó la circulación de la posesión a un Girona al que se le notaron las carencias de un equipo que está dando los primeros pasos en un ideario futbolístico que se desarrolla a partir del balón.

La intención inicial de Eusebio era salir con el 4-3-3 que ha estandarizado durante la pretemporada, pero la deficiencia puntual obligó a cambiarlo por el 3-4-2-1 de Machín. El equipo actuó bajo el mismo vestido del año pasado, pero no lo interpretó de la misma manera sino que lo hizo a caballo entre las propuestas de Machín y Eusebio, con matices tácticos entre el soriano y el vallisoletano. Los de Machín por la herencia aún latente del de Gómara en el colectivo y los de Eusebio por la intervención del nuevo entrenador. La salida de balón gerundense se fundamentó desde el lateral, algo muy poco habitual en la era moderna, donde el primer tramo de la jugada se produce desde el sector central. El poco vertical Muniesa, poderoso en la conducción, se encargaba de coger la responsabilidad en la salida y a partir de ahí se estructuraba su equipo, con personalidades asimétricas en ambas bandas. Granell y Timor en el doble pivote, Pedro Porro y Borja García en los carriles, Aleix García y Portu por dentro, a la espalda de la medular rival, y Stuani en punta fijando centrales.

Eusebio salió con la disposición táctica de Machín para corregir la impertinencia posicional que padecía en el lateral zurdo.

No fue casualidad que la banda que utilizó el triángulo lateral-interior-extremo de manera correcta fuera la más incisiva durante la primera parte. Con el lateral Porro dando amplitud por fuera y profundidad trazando movimientos verticales y Granell y Portu por dentro, el primero en la base y el segundo en la zona de mediapunta. El dinamismo que desprendió el costado derecho, con un debut inmaculado de Pedro Porro con libertad por el carril, maquilló una actuación excesivamente horizontal del Girona en los primeros cuarenta y cinco minutos. Las únicas llegadas del conjunto catalán nacieron de jugadas con el sello de Machín, ya fuese un centro o una jugada a balón parado.

La actividad asidua del lado derecho se contrapuso a la escasez del lado opuesto. Muniesa, el lateral, era quien se quedaba a la base de la jugada, mientras el interior, Aleix García, era quien estaba por dentro y el exterior Borja daba amplitud por el exterior. El carácter más horizontal que vertical tanto de los miembros como de su disposición se trasladaba por el costado, muy estancado durante la mayor parte del primer periodo. Sin profundidad, Borja era el que más lo sufría. Anclado en la línea de cal, su área de influencia demasiado delimitada se juntaba a la buena defensa de su marcador Moyano. Sus aportaciones en la primera media hora se produjeron cuando bajaba a la base de la jugada. En cambio, por el interior, Aleix, sin estar cómodo detrás del doble pivote, fue uno de los recursos más profundos de los gerundenses. El de Ulldecona es una pieza que funciona mucho en zonas de distribución, pero aún sin apenas poder girarse y tener espacio y tiempo para gestionar el esférico, cuajó una actuación muy completa. Pues no solo aportó a partir del balón sino que también de sus movimientos sin él. Inocuo en tareas exteriores, Borja solo pudo entrar en el partido a partir de sus compañeros. Así, Aleix trazaba un movimiento dentro-fuera mientras el madrileño lo hacía en dirección inversa para que pudiera recibir el balón en su zona y con condiciones. En diez minutos, Borja fue otro y el Girona lo notó.

Borja García no despertó hasta que pisó zonas interiores, con más libertad y con más facilidad para asomarse al pico del área.

Y si en la primera parte la contribución interior de Borja fue puntual, en la segunda se volvió regular. La entrada de Choco Lozano por Aleix García envió al hondureño a la banda y a Borja a la zona central, con más libertad de movimientos y más cerca del área rival. El momento en que el mediocampista madrileño se situó de manera fija donde más daño puede provocar fue cuando el Girona se destapó y enlazó más ataques intimidantes sobre la portería de Masip.

El aficionado gerundense deberá ser paciente porque no solo el proceso de aprehensión del método de Eusebio es paulatino, sino que se viene de una personalidad futbolística muy concreta y radicalmente opuesta a la nueva empleada. Porque aunque el Girona no convenció con balón, Eusebio acertó en la intervención ante la limitación en el lateral, y esto demuestra que es consciente de lo que hace, por un lado, y, por el otro, supone un gran primer paso en el camino competitivo de la propuesta del vallisoletano.

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