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André Silva debutando por todo lo alto

Los debuts pocas veces clarifican o dictaminan lo que va a ser un equipo o un jugador a lo largo de la temporada al completo. El análisis del rendimiento individual previo siempre suele ser precavido, jugando con la incertidumbre de no saber cómo se va a adaptar un nuevo jugador en un grupo humano diferente, con un técnico al que no conoce y en un sistema en el que puede encajar en mayor o menor medida. También por el cuándo podrá alcanzar su punto álgido una vez haya ido incorporando a su juego todos los automatismos, de ahí la famosa frase de que «los inicios nunca son fáciles». Sin embargo, siempre hay casos donde el impacto inmediato de un debut llama mucho la atención por saltarse a la ligera la afirmación anterior. Este es el caso de André Silva, que en su estreno con la camiseta sevillista en Liga en Vallecas ha logrado emular al gran Romario, anotando un hattrick como hiciera el crack brasileño antes de que el portugués naciera, hace nada menos que 25 años ante la Real Sociedad. Aunque toda comparativa con la leyenda del Barcelona sea un honor, respecto a estilo y aptitudes son jugadores de corte totalmente diferente, por lo que esa losa -por responsabilidad- no pesará sobre el bueno de André más allá de la curiosidad de su debut.

Lógicamente, el listón ya está lo más alto posible, y esta no va a ser la tónica habitual del luso, pero es que hay que destacar que su perfil no es el de un nueve al uso, aunque su posición sobre el papel sí lo sea. André Silva, de tan solo 22 años y con un margen potencial de crecimiento muy elevado, tiene una buena capacidad de remate, posee un potente disparo y sabe definir, aunque su última temporada en Milán ha sacado a relucir que cuando todo se nubla frente a la portería y las cosas no le salen, le cuesta un mundo cambiar la dinámica. No es un jugador de pocos toques o pocas interacciones a lo largo de un encuentro, de esos que viven permanentemente en área rival y busca el gol con el menor número de contactos posibles, ni mucho menos.

En sus primeras apariciones al máximo nivel André Silva dejó claro que lo suyo no es ser un ratón de área, sino que complementa su buen remate con una capacidad asociativa más característica de otros perfiles de futbolistas.

Tanto en el Porto como en sus diferentes pasos por las categorías nacionales de Portugal André Silva ha demostrado ser un delantero de gran movilidad, con capacidad para moverse entre líneas, acercarse a los mediapuntas e incluso caer a los costados con facilidad, con todo lo que ello supone. Por un lado generando los espacios suficientes para que otro punta u otro jugador adelantado pueda aprovecharlos por dentro como para las diagonales de los extremos -o en este caso concreto carrileros- en su camino hacia el área. Por otro lado su capacidad asociativa de espaldas a la meta rival facilita la fluidez y la circulación de balón de su equipo en tres cuartos de campo, jugado siempre de manera sencilla pero eficaz, siendo esta una de sus mejores características. Y es que aunque con el balón en los pies en esa labor combinativa o dentro del área mirando a la portería sea capaz de destacar, sin el esférico controlado también es un jugador brillante, casi incluso más, fruto de su buena lectura de juego. Quizás no sea tan evidente o visible como sus acciones con balón, pero son tan importantes o más para sus compañeros y su técnico.

Y es que en el planteamiento de Pablo Machín donde el juego exterior tiene una importancia capital, el contar con jugadores por dentro tan móviles y con tanta virtud asociativa ayuda mucho al equipo a establecerse en campo contrario sin necesidad de arriesgar con tanto balón largo a los costados desde la defensa y sin atascarse sobrepoblando esa zona. Descargo y me voy, eso es lo que mejor explica la participación de André Silva con balón. Esa fluidez facilita mantener en movimiento el caudal ofensivo del Sevilla mientras arrastras con ello al sistema defensivo rival, que además sufre a la hora de marcar los constantes movimientos sin el esférico del punta luso, algo que ya atestiguó el Rayo Vallecano el pasado domingo.

El sistema y el estilo de Machín necesita de un delantero que aporte mucho más que gol, y André Silva cumple perfectamente con todos los requisitos.

Es ese el contexto que tan bien le viene al propio André y sobre todo el que ayuda a entender el ‘9’ tipo que necesita Machín en su equipo. No es solo un hombre ancla, capaz de rematar y dar la sensación permanente de peligro dentro del área, tanto a partir del juego aéreo como rematando a ras de césped, sino que su movilidad y su capacidad de asociación y de generación de espacios cobran una importancia capital. Una evolución mayor, sobre todo en movimientos, al Stuani que el soriano dirigió en su anterior etapa en Primera con el Girona. Con un perfil más adecuado a lo que busca Machín de lo que ofrecen Muriel o Ben Yedder, su temporada puede ser verdaderamente fructífera si este punto de partida le permite recobrar la confianza que le impidió mostrar todo su potencial en el Milan, donde, como curiosidad, anotó menos goles en el campeonato liguero de los que ya lleva esta temporada en el Sevilla. Casi nada. Porque tras un debut así, todas las miradas estarán puestas sobre el luso.

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