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Sin lugar a la rendición

Iniciar una nueva andadura, sea el contexto que sea, nunca es fácil. Pero los retos no hacen más que generar una ilusión por afrontarlos y superarlos que nos hace sacar lo mejor de nosotros mismos. Y cuanto mayor sea el obstáculo mejor deberá ser nuestra respuesta. Algo así está viviendo estas semanas la humilde SD Huesca, que en un mundo tan complicado como el del fútbol, debuta en la élite nacional de nuestro deporte rey. Tarea harto complicada, pero que los oscenses encaran con ganas e ilusión, algo que queda palpable cada vez que saltan al campo. Aunque obviamente en el fútbol no todo es pasión. Sin ella estás muerto, pero sin la calidad táctica y técnica suficiente también.

En un verano donde se sucedieron algunas contrataciones que incitaron más a la broma y la viralización que al propio análisis, el Huesca consiguió retener los pilares básicos del proyecto que le trajo a La Liga Santander y, bajo el mando de un técnico novel como Leo Franco, encarar el reto de mantenerse en la máxima categoría del fútbol español con la ilusión de todo debutante. Una ilusión que se traslada al terreno de juego en forma de compromiso, sacrificio y buen hacer, como han dejado patente en sus dos primeras jornadas de liga. Cuatro puntos de seis posibles en un ejercicio de entrega que permiten a los oscenses ver los puestos de descenso desde muy lejos en la tabla nada más comenzar la temporada. Puntos que hoy no significan demasiado para establecer una pauta, pero que pueden ser vitales en las últimas semanas de campeonato.

El buen arranque de la SD Huesca no es fruto de la casualidad. Tanto el trabajo táctico como la gestión de un vestuario repleto de ilusión aúpan a los oscenses con buenos resultados.

En un equipo que va superando sus escollos precisamente con el bloque como virtud, sería injusto personificar el éxito en una sola figura, pero lo cierto es que toda esa entrega, lucha e ilusión se plasman perfectamente en Juan Camilo ‘Cucho’ Hernández. Un jugador al que si no quitas ojo durante los noventa minutos acabas tú más cansado que él, aunque estés plácidamente sentado en tu sofá. Un delantero en constante movimiento, siempre ofreciéndose y buscando ser el apoyo de sus compañeros y entrar en juego en cualquier situación, ya sea encontrando el espacio o rodeado de adversarios. Cae indistintamente a ambas bandas, como se pudo ver la noche del lunes en el Nuevo San Mamés, juega bien de espaldas a pesar de no ser un jugador corpulento ni mucho menos, y utiliza su potente tren inferior para zafarse de la marca rival. Aunque no por todo ello es un punta que se olvide de la meta rival. Ya lo demostró la campaña pasada en La Liga 123, donde sumó 16 goles y 6 asistencias en los 35 partidos que disputó, firmando una excelsa primera vuelta del campeonato, aunque uno de sus metatarsianos le dejase fuera más de un mes y frenase su gran momento. Posiblemente la estrella del equipo y contando tan solo con 19 años. Hay mucho futuro en el colombiano.

Pero como decíamos, el mérito no es solo del Cucho. Leo Franco ha sabido ver en él un complemento perfecto para un delantero con unas características muy diferentes, mucho más fijo, como es Samuele Longo, que con su juego fuera del área está activando todo lo que tiene alrededor. Su triángulo con Gallar cuando ocupa posiciones interiores para dejar el carril a las subidas de Miramón está siendo parte fundamental de la ofensiva oscense. Todo ello sumado al trabajo de Musto, la inteligencia de Melero y el buen hacer colectivo a la hora de leer el juego en situaciones defensivas, eligiendo muy bien el momento para presionar en campo contrario o replegar cerrando sobre todo la zona interior, hacen que este Huesca haya arrancado la temporada de la mejor forma posible. Ante el Athletic pudimos ver esta versión más compacta del conjunto aragonés que, salvo en los momentos de inspiración de Iñaki Williams, fue capaz de domar a unos leones que dominaban desde la posesión pero no conseguían clavar su colmillo, y para cuando lo hicieron, los de Leo Franco despertaron llenos de una rabia personificada en el Chuco Hernández y en el zapatazo de Chimy Ávila en uno de los goles del campeonato. No sabemos cómo acabará todo para el Huesca, pero lo que está claro es que por personalidad y garra no se van a rendir.

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