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Asensio, la llave de Lopetegui en Girona

El Real Madrid consiguió el domingo su segunda victoria en esta Liga 2018/2019 que acaba de comenzar ante el nuevo Girona de Eusebio Sacristán que, aunque con un planteamiento sobre el papel diferente al del libreto de Pablo Machín, sigue empleando sus recursos de una forma inteligente y equilibrada ayudándose además de un núcleo de la plantilla que se conoce desde la Segunda División y que alcanzó un punto de madurez durante la pasada temporada que va a ayudar mucho a Eusebio para alcanzar los objetivos de esta. Puso en aprietos al campeón de Europa que sigue, en un verano convulso en cuanto a altas y bajas, con una tarea pendiente: buscar el que debe ser el líder del ataque. Pues, en campo propio, mantiene la jerarquía poderosa de Sergio Ramos, Marcelo y los toques de Toni Kroos. Sin embargo, echa de menos esa referencia ofensiva, la punta de lanza que sea el puño de determinación que requiere el proyecto para alcanzar sus ambiciosos objetivos y que se mantiene huérfano tras la salida de Cristiano Ronaldo. Gareth Bale parece, sin embargo, que empieza a sentirse cómodo en el papel de heredero.

El Girona condicionó desde lo táctico la primera parte del encuentro.

El Girona salió al campo con las ideas muy claras en todas las líneas del campo y fases del juego. Con posesión, cerraba con tres centrales, juntando a Marc Muniesa, Juanpe y Bernardo y dando libertad a Pedro Porro para que subiera un escalón y pudiera ser la amenaza externa en banda derecha. Como recurso para dar variabilidad y opciones a la salida de balón, Alex Granell, aprovechando la baja continuidad defensiva de Bale, se dejaba caer desde el interior a la banda izquierda donde ser un punto de toque y salida al más puro estilo Toni Kroos. Una vez el balón pasaba a campo contrario, era un finísimo técnica y tácticamente Borja García el que tomaba el mando. El 10 aceleraba y frenaba según lo requería cada jugada siendo el mediapunta que enlazara el buen manejo de balón del centro del campo local con la profundidad de un agresivo Anthony Lozano en punta y un vertical e insistente Cristian Portu que aprovechó inteligente y puntualmente las subidas de Marcelo, irregularmente cubiertas por la retaguardia blanca.

Al Real, tácticamente, le costó descifrar el buen hacer de los de Eusebio. Lopetegui organizó a los suyos en un 4-2-3-1 con Casemiro en el mediocentro e Isco en la mediapunta. Kroos era el encargado de ir variando y mezclando alturas para darle ritmo a la vez que seguridad a la posesión blanca. Sin embargo, le costó dominar al Girona dada la escasa capacidad del Real de girar primero al mediocentro Timor para amenazar después a la ordenada defensa local. Un comprometido Karim Benzema trazaba diferentes movimientos para recibir la pelota y descargar jugadas en tres cuartos. Sin embargo, el resto de atacantes, centralizados en Marco Asensio y Gareth Bale, no ocupaban la frontal para ser la determinación ni intimidaban para profundizar ni desde el desborde ni desde la transición. Al Madrid, entonces, le costaba un mundo establecerse en el último tercio de campo, por lo que no se alcanzaba continuidad en los ataques ni se conseguía robar el balón con la defensa contraria desordenada.

Asensio se alejó del balón para ser la llave que abriera la defensa local.

La llave que desenredó el juego visitante fue Marco Asensio. Tras el descanso y en probable relación con la charla de su entrenador, el balear comenzó a variar sus movimientos y a ponerlos en consonancia con lo que su equipo requería. Lejos de acercarse al poseedor de balón, se ofrecía a lo ancho del campo para recibir ese pase vertical que rajara la medular del Girona y permitiera avanzar el ataque. Desde ahí ya sí podía combinar con Marcelo, Isco o Benzema, además de ser foco de intimidación a través de la transición. Con su activación consiguió ir empujando al rival contra su área permitiendo al Madrid ganar continuidad y aglutinando a sus compañeros en ataque, algo que deberá repetir a lo largo de la temporada para que el sistema no se derrumbe por pura impotencia, agotamiento e improductividad. Julen gana tiempo para seguir incorporando conceptos y generando automatismos, pero desde la sensación de que más allá de Asensio y Bale, le va a costar sumar la determinación que necesitará su equipo por más que perfeccione la calidad de la posesión, más aún girando su cuello y viendo cómo en su banquillo difícilmente va a encontrar, por ahora, soluciones para ello.

 

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