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Dembélé por izquierda

En el FC Barcelona toca volver a reinventarse. Tras un año marcado por la repentina marcha de Neymar, se abría un vacío futbolístico que obligó al recién llegado, Ernesto Valverde, a exprimir y experimentar otras fórmulas que paliaran la ausencia del crack brasileño. Llegó Ousmane Dembélé para, teóricamente, ocupar la plaza vacante en la parcela ofensiva culé. Pero Valverde le guardaba otro lugar, un hueco en el sector diestro dibujando una suerte de 4-3-3 asimétrico. Pero apenas unos partidos después, Dembélé se lesionó, y con su ausencia se fue también un plan de inicio, en pos de otro mucho más conservador, sabiendo cuidar las carencias e intentado explotar las individualidades, dándoles un sostén táctico que les permitiera crecer. Así fue con Rakitic, Busquets, Jordi Alba, Umtiti o Leo Messi. Este Barça, de nuevo con Ernesto en el banquillo, vivirá una nueva temporada en donde deberá sustituir las limitaciones por una apuesta que sepa integrar el talento del que dispone.

Las primeras pinceladas vistas en el Camp Nou sitúan a Ousmane Dembélé como nuevo inquilino del sector zurdo del ataque azulgrana. Este cambio de banda vuelve a dibjuar lo que se insinuó la pretemporada pasada, antes de que Neymar hiciese las maletas, con un 4-3-3 en el que los extremos buscaban contínuamente zonas interiores, dejando las bandas para los laterales. Con el francés viviendo en ese costado, Valverde parece claro que sabe lo que quiere de él y que es ahí, y no en la derecha, donde puede encontrar un espacio mejor. Ousmane se ha mostrado como un jugador que, pese a no ser muy pulcro en sus acciones, sí entiende bien el juego. Su capacidad para acelerar la jugada, para dotar de desequilibrio cada acción, han hecho que Ernesto opte por situarle muchas veces en pasillos interiores, consciente de que es ahí, y no en banda, donde el juego precisa coger velocidad.

Dembélé va a ser una de las piezas de este nuevo FC Barcelona, por talento y polivalencia.

Hablar de la nueva posición de Dembélé es hacerlo de Jordi Alba, Philippe Coutinho y Leo Messi, los dos primeros por zonas de influencia y el segundo porque entenderse con el 10 es hacerlo con la pelota, con el fútbol del FC Barcelona. Jordi Alba fue, de largo, el elemento más amenazador al espacio del pasado curso. Sin Neymar, sus subidas activadas por Leo constituyeron la gran y única herramienta para aprovechar los espacios. Ahora, con Dembélé en ese sector será clave que las sinergias fluyan, que se respeten los tempos y las intenciones de cada jugada. Ousmane deberá leer cuándo Messi quiere activar a Jordi Alba, y cuándo quiere que sea él el que rompa hacia el espacio.

Con el adiós de Iniesta el club catalán no solo pierde a uno de los jugadores que más partidos ha decidido en la última década desde el interior, sino al que mejor leía e interpretaba al FC Barcelona de Valverde. Andrés era, en cierta medida, el listón. Si él jugaba, el equipo fluía. Ahora es el brasileño el que deberá lidiar con la sombra de Iniesta. Coutinho es un jugador ultradominante en el pico del área. Ahí su capacidad de intimidación es élite mundial, y el FC Barcelona le necesitará ahí, y no abajo. Para ello, Dembélé debe ser un potenciador y no un jugador que limite el impacto del brasileño. Será necesario que sea sensible en sus movimientos, atendiendo a las distintas necesidades de sus compañeros. Dar con la tecla, amoldar su mente y su cuerpo a nuevas exigencias.

Ousmane Dembélé encara pues el año más importante en su corta carrera. Su capacidad para ser decisivo de distintas formas, desde el pase, la movilidad, el desborde o el remate, marcará su encaje a lo largo de la temporada. En un FC Barcelona sin profundidad, el francés deberá ser dos en uno, capaz de agitar zonas centrales y de ser un posible receptor del pase bombeado de Messi. Sin Leo no hay paraíso, y eso tanto Ernesto Valverde como Ousmane Dembélé lo saben. O deberían.

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