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La nueva catedral del ‘Totismo’

Hay una norma no escrita del fútbol callejero que dice que lo más indicado para ganar es darle la pelota al bueno y que él ejerza de líder, protagonizando cada una de las jugadas de su conjunto y viendo cómo sus compañeros, como si observasen al mismísimo Maradona en ese parque, lo ensalcen hasta el más alto de los escalones futbolísticos. Jugadores capacitados con el don de tratar con suavidad al esférico, con una ternura tal que parecen susurrarle en voz bajita al balón: tú y yo somos amigos y vas a estar siempre a mi lado.

La temporada regular ha comenzado y en Bilbao ven cómo su Athletic ha sufrido cambios importantes a los que acostumbrarse. Para empezar, Eduardo el ‘Toto’ Berizzo -discípulo de Marcelo Bielsa- se ha hecho cargo del equipo. Tras su paso por el banquillo sevillista, el argentino retornó al norte peninsular que tantos éxitos le trajo como entrenador y futbolista del Celta de Vigo en donde no solo fue parte de una plantilla y de un cuerpo técnico, sino que consiguió llegar al corazón de los aficionados celestes por su implicación y dedicación.

Ahora se abre una ventana, como dice el refrán, y en Bilbao se contemplan mimbres para conseguir un fútbol intenso, aguerrido y de calidad. Pasadas las dos primeras jornadas de liga, el equipo de San Mamés acumula cuatro puntos de seis posibles, un buen comienzo en relación a la puntuación conseguida pero con mucha incertidumbre en cuanto al juego desplegado.

Berizzo establece el 1-4-3-3 como su sistema fetiche. Un estilo ofensivo con el que intenta mezclar calma y verticalidad.

Berizzo es claro en su apuesta por un esquema táctico. Como lleva haciendo la mayoría de partidos desde su llegada a España como técnico, el 1-4-3-3 es su opción segura a la hora de asentar a sus pupilos sobre el verde. Un esquema que consigue equilibrar defectos tanto en ataque como en defensa y que deja clara su idea de juego: un estilo ofensivo y vertical, con toque pero sin exceso.

Un fútbol totalmente diferente al que ofrecía Ziganda. Este promete centrarse en la elaboración y la intensidad, aunque deberá corregir fallos importantes. La falta de concentración defensiva, la división excesiva de las líneas del equipo en los repliegues o el desacierto en la lectura de los cambios, son algunas de las asignaturas pendientes de Berizzo.

Pese a que su preferencia se decanta por el buen juego, es común en sus equipos que la apuesta por jugar muy arriba provoque desconexiones en ciertas ocasiones del encuentro. De esta manera el partido se puede dividir en bloques en los que sus jugadores comienzan dominando de manera arrolladora e imponente, tramos en los que el equipo se deja ir por el ritmo del rival y donde la confianza provoca aislamientos incomprensibles, y el desenlace, protagonizado a veces por la recuperación de identidad y otras por la desconexión total y el miedo. Y esto mismo le ha ocurrido al Athletic en las primeras jornadas ligueras.

Un estilo futbolístico que se ve potenciado y mejorado con la pasión: cuanto mayor sea la conexión entre público y jugadores, más grande será el éxito global. Un fútbol lleno de sentimiento para el que el entrenador argentino deberá mejorar errores pasados.

La mayor revolución se produce en el medio del campo, con Iker Muniain y Dani García como jugadores clave.

Para comenzar, ha realizado una gran revolución en el medio del campo. Muniain y Dani García conforman las piezas fijas del puzzle sobre el que se quiere asentar el Athletic. En la apuesta por un fútbol que combine momentos de control con el éxtasis de la verticalidad, de las contras y de los espacios, Iker Muniain es el futbolista por el que pasan todos los balones.

Sin ser un mediocentro puro ni ejercer como ello, el menudo jugador del Athletic es el protagonista principal del juego, el actor encargado de manejar el tempo del partido y de controlar el esférico, apostando por la creatividad y la verticalidad cuando se necesita. Habitualmente como extremo, Muniain no intervenía tanto en las jugadas y, cuando lo hacía, sus acciones se producían en lugares menos peligrosos del campo en los que una pérdida no suponía tantos disgustos.

En estos momentos se encuentra en una fase de adaptación. El cambio es importante puesto que ahora actúa más como interior generador de juego, viniendo a recibir a posiciones cercanas a la defensa o al pivote defensivo e intentando llevar la jugada a lugares ofensivos en los que poder enlazar con Williams, Susaeta, Córdoba o Aduriz.

Su inteligencia futbolística y su capacidad de cambio están a examen en estos momentos ya que no solo se le exigirá ser desequilibrante sino un jugador controlador de grandes fases del encuentro, sabiendo tirar de paciencia y dejando de lado la precipitación y el riesgo constante. Algo que hasta el momento ha conseguido a ratos. Si en el primer partido conseguía el gol de la victoria frente al Leganés, en el segundo encuentro ante el Huesca el descontrol pudo con los bilbaínos.

Es un jugador desequilibrante y lleno de calidad. Aunque debe comprender mejor las diferentes fases del juego.

Su desequilibrio se ve potenciado y mejorado en zonas medias de tres cuartos, aportando llegada e imaginación ya sea con disparos, regates o pases entre líneas. En cambio, en la retención del esférico en beneficio de las posesiones estáticas que permitan respirar y desahogar el juego de sus compañeros, de momento no ha encontrado la regularidad que se le exige.

Otro de los puntos favorables del jugador navarro es su potencia en el tren inferior. Esto le permite encarar con confianza a los rivales, atrayendo constantemente y provocando espacios a otros compañeros. Iker es de esos jugadores que hacen que tus ojos se vayan directamente a él en ataque si estás viendo el partido, de los que provocan temeridad en las defensas rivales porque saben que siempre va a generar peligro.

Casi con obligación, las jugadas pasan por sus botas en una totalidad abrumadora. Basculando entre el interior y la mediapunta, no es el primer jugador en ofrecer una salida de balón a su equipo pero sí es el responsable de pensar a partir de la zona de tres cuartos. Sus compañeros tienen la tarea de ofrecerle continuas líneas de pase para que su creatividad, su potencia y su determinación salgan a relucir. Es el momento de que Iker se convierta en líder de los leones y Berizzo así lo quiere.

Otra de las novedades destacadas es la incorporación de Dani García como todocampista. Y decimos todocampista englobando varias posiciones en el medio del campo como la de pivote defensivo en salida de balón y transiciones defensivas o repliegues, o la de mediocentro después de quebrar la primera línea de presión de los delanteros rivales.

El reciente fichaje del ex futbolista del Eibar parece resolver cualquier incógnita surgida en esa posición. El cambio producido con respecto al año pasado es notable, puesto que se opta por un estilo de futbolista mucho más móvil y ágil, capaz de abarcar más metros en menos tiempo y de ofrecer un mayor número de soluciones sacando el balón jugado y apostando por el riesgo. Y en ese papel García se mueve muy bien.

El ex futbolista del Eibar ofrece soluciones más completas en el medio del campo. Un jugador que adopta con gusto el riesgo de salir jugando.

Un estilo para el que los San josé, Iturraspe o Mikel Rico no se adaptan tanto, siendo jugadores más defensivos que sufren a la hora de tomar decisiones rápidas con el esférico en los pies. En este inicio de posesión con el balón, la posición de Dani García se retrasa acompañando a los centrales casi como uno más, hasta el momento en el que la primera línea de presión rival se rompe y adelanta sus miras para facilitar el pase a sus compañeros.

No lo tendrá fácil puesto que el juego ofensivo propuesto amenaza con dejarlo muchas veces como un náufrago en una isla. Berizzo apuesta por atacar con muchos jugadores y eso conlleva un riesgo importante para el que Dani tendrá que estar atento, replegar y anticiparse a los movimientos rivales.

La tercera posición en el medio del campo es la única pieza que parece ser rotatoria para el míster argentino. Si en el primer partido apostaba por el mayor toque de balón de Unai López y en su mayor capacidad asociativa, en el segundo la intención era diferente. Con la inclusión en el once titular de Raúl García, el ‘Toto’ sumaba veteranía, garra, músculo y llegada al área rival. Una opción muy válida si el objetivo es conseguir un juego vertical. Además, ante la baja de Aduriz para el encuentro ante los oscenses, Raúl se convertía en la amenaza aérea que le hacía falta a los leones.

Otro cambio significativo es la gran movilidad que ejercen los extremos. Susaeta, Córdoba o incluso Williams jugando de delantero, presentan movimientos constantes para tratar de abrir la defensa gracias a la confusión que pueden generar. De ahí que aparezcan en posiciones más interiores o se abran a la banda hasta pegarse a la línea. Pero la señal sigue siendo clara, ofrecer opciones al 10.

Un conjunto que está asimilando las nuevas ideas y que busca huir de la dependencia en el juego de Aritz Aduriz.

Un Athletic todavía en construcción al que se le intuyen buenas ideas pero al que le falta acoplarse. Berizzo deberá corregir errores para conseguir potenciar las cualidades de sus futbolistas y apostar definitivamente y sin miedo, por un fútbol arriesgado, vertical y contundente en defensa.

Lo que sí parece claro es que Berizzo quiere corregir un mal que viene de largo en los vascos: la excesiva dependencia de Aritz Aduriz. Durante la temporada pasada este problema se acentuó y la necesidad de una solución inmediata se hizo patente. El juego era demasiado rápido y poco elaborado, buscando al delantero con demasiada ansiedad y mostrando que era de las pocas soluciones ofensivas.

Además, el argentino es un técnico de carácter. Si en el Celta dejó fuera a un pilar como Fabián Orellana en el Sevilla hizo lo mismo con N’Zonzi. La falta de compromiso no se negocia y la actitud del que quiera optar a disputar minutos deberá ser la adecuada.

El tiempo y la paciencia serán claves en esta transformación, aunque lo que está claro es que quien tiene que mover al equipo tiene que tener sobrada calidad para hacerlo. Pásenle la pelota al bajito y tranquilos que él se encargará de sacar la varita para deleitarnos con su magia. Aunque él es más de sacar su tirachinas y soltarte un “multiplícate por 0” que te deje noqueado.

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