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El Real Madrid de lado a lado

Cuando un equipo lleva jugando -y ganando- junto y de una determinada manera durante muchos años y temporadas, es complicado cambiar conceptos y automatismos. Y más aún cuando este equipo lo conforman piezas tan específicas, potentes y peculiares como Marcelo Vieira, Sergio Ramos, Isco Alarcón o Gareth Bale. Aunque la propuesta siempre ha sido, como no podía ser de otra forma en un club como este, asociativa y ofensiva, hay que reconocer a Julen Lopetegui que está consiguiendo establecer una serie de movimientos y matizar el cómo se maneja el balón, algo que ya empieza a redundar en el rendimiento del equipo. Contra el CD Leganés pudimos verlo.

El Madrid reforzó contra el Leganés su propuesta de desbordar a partir de un fútbol coral.

El equipo de Mauricio Pellegrino siempre estuvo a merced del Real. Algo que se puede entender como normal dada la diferencia de calidad entre ambos conjuntos, pero que durante la temporada pasada costaba ver en el Santiago Bernabéu. Equipos como el propio Leganés, el Levante, el Betis o el Villarreal llegaron a dominar la situación y bloquear el sistema blanco, dejando sin influencia las fascinantes cualidades de los jugadores madridistas. Durante el partido del sábado, el Madrid consiguió dominar durante los 90 minutos, algo que no había conseguido todavía con Lopetegui, en probable relación a una condición física que todavía era imperfecta y que se va ajustando. Y lo hizo rodeando al balón con calidad y organización.

La pelota siempre encontró un socio blanco al que acercarse. Ya fueran Toni Kroos y Luka Modric en la generación o Karim Benzema y Marco Asensio en la aceleración, siempre hubo un jugador que le diera sentido a la posesión. Se creaban líneas de pase con naturalidad y se ejecutaron con precisión e intención, apreciándose una clara mejoría en el tono individual de cada jugador. Asensio y Benzema estiraban y encogían el sistema con sus movimientos para dar apoyos hacia atrás y mirar después hacia delante para empujar a los interiores visitantes hacia su área. El Leganés entonces tenía que defender con celeridad en el eje vertical con la dificultad añadida de tener que ajustarse continuamente en el eje horizontal, que el Real agitó de manera constante. El balón iba de izquierda a derecha y luego de vuelta con velocidad y variando alturas trazando combinaciones en sierra. Con la salida de Isco Alarcón y Dani Ceballos esta circulación se enriqueció, potenciándose con la combinación del pase en corto y el envío en largo que tan bien dominan muchas de las piezas de Julen como Ramos, Marcelo, Kroos o Modric, entre otros. De esta manera, el equipo conseguía atacar con continuidad, establecerse en campo contrario e incrementar el ritmo a través del pase y la recuperación alta de pelota.

Combinando el pase en corto y el cambio de orientación, el Madrid maniató a su rival llevándolo de banda a banda.

Y como líder del ataque se volvió a erigir el 9. Benzema, como no podía ser de otra forma, participó activamente en la circulación de balón de su equipo siendo la punta superior de un rombo que se formaba con pelota con la CMK retorciendo a la medular rival y abriendo puertas para que pudieran colarse Asensio y Bale. Pero, además, el delantero francés fue capaz de ocupar el área e incomodar a los centrales, tanto desde el remate como desde la recepción, marcando dos goles y dando sentido a tanto dominio de su equipo, que no se puede permitir que manejar más de dos tercios de la posesión no signifique exigir al portero rival que saque los balones de las esquinas de su portería.

 

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