Lo que siempre quiso Klopp

Las intenciones, en el fútbol como en la vida, marcan cualquier relato. Es algo que Jürgen Klopp ha asimilado a lo largo de sus años como técnico, una premisa que alcanzó su máxima en Dortmund y fue la que, entre otras cosas, hiciese que el técnico teutón terminara aterrizando en Anfield. Porque si por algo se caracteriza el conjunto Red es por su intencionalidad, tan arraigada a su escudo como el «You’ll never walk alone«, tan indiscutible como el rojo que tiñe su equipación. Y Jürgen Klopp no hace nada que no tenga una intención que, directa o indirectamente, provoquen el caos. Klopp busca la agresión constante, cada gesto, cada toque, cada pase van orientados a hacer daño al rival. Y este Liverpool es, quizás, el equipo que mejor puede llevar sobre el verde las intenciones de Klopp.

El Liverpool ha iniciado el curso con pleno de victorias. Un 4 de 4 que apunta fiabilidad y una mayor madurez, sobretodo a nivel mental. Algo que sufrió mucho el pasado curso, dejándose muchos puntos en partidos en los que, por A o por B, el rival siempre estaba más cerca de la victoria. Era algo endémico, un mal que hacía cortocircuitar al equipo. Pasaban de dominar y crear oacasiones a verse sometidos, sin capacidad de respuesta. Fue, quizás, el principal por qué del cómo le fue en la Premier y en la Champions. Excesivamente penalizados en el día a día y sacando enorme rédito a sus minutos de absoluta locura. Este verano ha servido para fortalecer lo rutinario. Las llegadas de Naby Keita, Fabinho, Alisson o Shaqiri apuntan todas a una misma dirección, con distinta forma pero con el mismo fondo: Klopp gana profundidad, capacidad real de cambiar un partido, de ser «otro» Liverpool sin dejar de serlo.

1 gol en contra en 4 partidos disputados en lo que va de Premier League.

Lo más importante es que Mohamed Salah sigue en su «irreal» nivel de la pasada campaña. Confirmar que la bestialidad de Mo Salah no fue cosa de un año es el mayor aval competitivo que posee Jürgen Klopp. El Liverpool volverá a ser lo que su tridente les depare, en ellos nace y muere todo. Así se convirtió en el equipo más demoledor en ciertos tramos de partido, cuando su tripleta lograba estar activada. Para hacerlo, la llegada de Naby Keita parece casar a la perfección, porque el africano representa a las mil maravillas lo que Klopp quiere: cada gesto va enfocado a la portería rival, a acelerar la jugada, a ser desequilibrante. Da igual el dónde y el cómo, Keita reconoce como suya la intencionalidad de Klopp. Su llegada va muy relacionada con la capacidad que va a tener el Liverpool desde ya para ser aún más peligroso, para desequilibrar incluso desde el equilibrio. Con Keita activado, se abre un abanico de opciones muy amplio para que los tres atacantes tengan nuevas vías de acción. Multiplicar el peligro.

Con la llegada en el mes de enero de Virgil Van Dijk, la zaga red subió su nivel, pero siguieron sin ser fuertes en las áreas. Muchas veces apuntamos a este hecho como un problema de nivel individual, rehuyendo el factor del colectivo, que tiene mucho peso. El Liverpool vive para atacar, y en muchas ocasiones se generan situaciones desventajosas, que la zaga, sin ser élite, queda demasiado expuesta. La apuesta por Alisson y los primeros partidos de Joe Gomez como pareja de Van Dijk están dejando a un equipo más capacitado para sufrir, de aguantar tanto táctica como mentalmente las embestidas del rival.  Y es que el Liverpool hace más de dos décadas que no levanta la Premier League. A marcar, probablemente, no le gane nadie, por eso el conjunto de Anfiled debe hacerse fuerte desde la estructura, siendo capaz de no solo mejorar las individualidades sino la lectura colectiva de las jugadas.

Es el equipo que mejor puede interpretar al técnico alemán en sus intenciones, el que mejor las puede entender, y eso supone un plus competitivo inigualable. Por madurez, el proyecto red está cerca de ver hacia dónde puede llegar, para qué está preparado. Todo indica que el Liverpool lo está. No hay mejor técnico que el alemán para descubrirlo.

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