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Un derbi de ajedrez en el Villamarín

Fue una noche de alegría y tristeza dividida en la ciudad de Sevilla. El Real Betis se llevó el primer derbi de la temporada gracias a un solitario gol de Joaquín magníficamente orquestado. A pesar de ello, se pudo disfrutar de un partido tremendamente igualado, con pocas ocasiones, pero repartidas entre ambos, en el que se evidenció la clara influencia táctica que lo bañó, por la cual salió como claro vencedor el cántabro Quique Setién, como si fuera una gran partida de ajedrez apurada al milímetro.

El primer cuarto de hora del encuentro fue un extenso y variado monólogo por parte del Betis. Arrolló en números al Sevilla de Machín, al que le costó arrancar para imponerse en el verde ante una cifra de posesión favorable a los locales que abrumaba. Setién conocía los puntos débiles de su rival, así como los propios de su escuadra, por lo que ideó la estrategia que suele imponer en sus partidos, adaptada a las necesidades de la noche. Con Tello como carrilero derecho, sufrió Arana en la defensa del catalán, quien desequilibraba su zona de influencia constantemente con movimientos de ruptura apoyados por Canales. Fue precisamente este quien lograba desdibujar al doble pivote formado por Banega y Roque Mesa con infiltraciones entre líneas y pases filtrados ayudado por su compañero en dicho rol, Takashi Inui. El nipón, con sus cambios de ritmo, hizo sufrir también a un Sevilla que, a pesar de recuperarse y comenzar a adaptarse al ritmo del partido, lo estaba pasando mal.

Al Sevilla le costó más entrar en la dinámica del partido, pero cuando lo hizo, su principal baza ofensiva fue el carril diestro.

Setién trató de equilibrar su línea de atrás retrasando a Junior en su zona defensiva, con la orden de parar a Sarabia y a Navas. Si bien logró complicar al Sevilla centrarse en su banda derecha, Sarabia demostró su alta calidad desordenando a la conexión defensiva que formaban Feddal y Junior desdoblándoles y jugándoles por la espalda, algo que notaron ambos con frecuencia. De esto pudo haberse aprovechado André Silva, quien mostraba su peligro en cada balón cercano al área que tocaba, pero Bartra estuvo pegado a él durante todo el partido, neutralizándole con una capacidad incuestionable. Algo similar, no obstante, sucedió en la otra orilla del terreno de juego, donde Loren no era capaz de zafarse de un Kjaer que obligaba al delantero a ceder sus balones constantemente hacia atrás. No era capaz de habilitar al primer toque los cueros que tan inteligentemente mandaba el Betis desde atrás en largo.

La segunda parte tuvo sus idas y venidas en el aspecto táctico que tanto varió durante la misma. Banega se hizo notar con mayor énfasis, habilitando cada balón que poseía hacia las bandas, en mayor medida hacia la de Navas, quien desdoblaba y jugaba con Sarabia para tratar de hacer daño a un Junior que vio la luz con la ayuda que Guardado le ofrecía en la marca. Así mismo, Feddal dio una clase maestra a todos los videntes con su impactante forma de cortar jugadas, con entradas muy limpias y seguras y una capacidad de despeje digna de elogiar. El Betis, y a pesar de notar un equilibrio mayor en esta fase del juego en cuestión de juego, trataba de atravesar las líneas del Sevilla con pases entre sus interiores y extremos, sufriendo así el pivote del medio campo sevillista. Machín trató de solventar este obstáculo para su defensa con la entrada de Gonalons, por quien abandonó el césped Franco Vázquez, algo desaparecido. Con él, el Sevilla tejió una maraña en su propio campo con el francés, escudado por Banega y Mesa, que obligó al Betis a dar amplitud a su juego, estirando a sus carrileros, algo que trató de aprovechar Sarabia en la transición ofensiva sin mucho éxito.

Esta noche sí, la línea de tres atrás del Betis dio un recital, aunque lo que desequilibró por completo la balanza fue la expulsión de Roque Mesa.

Sin embargo, todo se le torció a los de Nervión cuando, en una jugada muy polémica, Roque Mesa fue expulsado por doble amarilla. Machín tuvo que ofrecer una alternativa a los suyos, haciendo que Sarabia formase el trivote con Banega y Gonalons en fase defensiva, lo que facilitó al Betis su dominio a raíz de este. La escasez de puntales ágiles para salir al contraataque al repliegue bético dio a Setién la idea clara que le permitió acusar la falta de solidez estructural por la que pasó el Sevilla. Con Feddal, Bartra y Mandi hilando la jugada desde atrás, la entrada de Joaquín permitió a Junior ejercer como carrilero más adelantado, mientras que Tello pasó directamente al extremo. Inui, por su parte, flotó sobre la defensa del Sevilla con facilidad, rompiendo del todo sus esquemas. El Sevilla estaba embotellado en su área hasta que llegó el momento fatídico. Mandi, tras alargar su línea y situarse en la frontal, no se lo pensó dos veces tras ser habilitado por Tello, y colocó el balón al segundo palo con una calidad tremenda. Joaquín, avispado, se coló entre Mercado y Jesús Navas, perdido en la jugada, para rematar a placer el balón que sirvió como único tanto del encuentro.

Tras el gol, el Sevilla trató de encerrar atrás al Betis, colocando muchos centros en el área que no encontraban rematador alguno. André Silva continuaba controlado por un Bartra que se marchó lesionado del encuentro tras haber conducido por completo, y con gran maestría, al equipo verdiblanco. Exhaustos, los jugadores sevillistas, incluso con el flamante Promes en el verde, mandaban balones a zona de tres cuartos para amenazar a los béticos, pero no lograron cuajar ningún balón, a pesar de sus intenciones. Quedó, por tanto, finalizado el partido en el minuto 98 con la victoria del Betis, dejando a todos alucinados tras haber experimentado un auténtico derbi de ajedrez con unas piezas que demostraron todo el fútbol que atesoran.

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