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Las primeras soluciones de Luis Enrique

La Selección Española que construyó Julen Lopetegui transmitía, antes del inicio del Mundial de Rusia 2018, muy buenas sensaciones desde la clara organización a partir del inteligente aprovechamiento del grupo de jugadores disponible y de un sistema táctico bien trabajado por los técnicos y bien asimilado por los futbolistas. El impacto de quedarse sin timón a las puertas del gran torneo pesó mucho sobre dicho sistema, que se descompuso de tal forma que perdió intención e intensidad y dejó de ser competitivo. La llegada de Luis Enrique Martínez pretende, en primer lugar, recuperar la identidad y la personalidad que permita destapar el talento de sus jugadores.

Contra Inglaterra pudimos ver las primeras directrices del nuevo seleccionador. Construyó un 4-3-3 desde el inicio hasta el final, similar al empleado por Fernando Hierro en Rusia, pero con un escalonamiento y reparto posicional muy mejorado. Sergio Busquets, mediocentro titular sin discusión, estuvo acompañado por Thiago Alcántara a la derecha y Saúl Ñíguez a la izquierda, con funciones y roles bien determinados. El hispanobrasileño se acercaba a Busquets para ser el primer escalón de la construcción del ataque, sumando pases en largo y corto para dar fluidez a la circulación. El del Bayern, que nunca ha llegado a demostrar un suficiente talento táctico para dirigir a un equipo desde ahí, fue bastante disciplinado en sus funciones permitiendo que el balón corriera mientras los demás encontraban sus posiciones en ataque. Por su parte, Saúl se adueñó del perfil izquierdo del centro del campo para condicionar el contexto desde el físico en el plano vertical, siendo solidario en defensa, intenso en la presión y aseado en la continuación de la jugada, sin abandonar su olfato para llenar el área para el remate, como demostró en el gol del empate.

El centro del campo de España se repartió funciones con mucha naturalidad.

Por detrás de los tres centrocampistas el jefe era Sergio Ramos. El capitán del Madrid, apoyado en sensaciones por un gran David de Gea, cuajó una actuación que nos hace pensar en un aumento en la jerarquía para con el equipo. Ya sin Gerard Piqué a su derecha, participó activamente en la salida de pelota y demostró poder trasladar su grandeza en el Bernabéu a sus apariciones con la Roja. Los laterales, mientras, ensanchaban el campo teniendo siempre como referencia a los extremos. Isco Alarcón en izquierda y Rodrigo Moreno en derecha estiraban al equipo y facilitaban que el ataque avanzara al ofrecerse en el pico del área, pero sin alejarse de la cal. Aunque claro, con inercias distintas. El del Valencia era más agresivo y trazaba diagonales a expensas de su pierna izquierda favorecido por los movimientos de un Iago Aspas que, desde la punta del ataque, poco pudo hacer de manera directa al estar rodeado por la defensa de tres centrales que planteó Gareth Southgate, por lo que lució más por un trabajo en la sombra. El 22 se responsabilizaba de recibir a la espalda del mediocentro Henderson y a partir de ahí triangular cerca del área rival dando tiempo a los movimientos de los delanteros, la llegada de Saúl y el apoyo externo de Marcos Alonso.

Parece clave que Isco reciba el balón entre mediocentro y defensa rival para tirar del equipo.

En definitiva, diferentes detalles que nos muestran cómo de claros tiene Luis Enrique los principales problemas de España. El estilo no se pone en duda, pero sí las formas y los caminos hacia el área. Alternar pausa con presión, control con transición, utilizar el pase atrás como recurso y escapatoria mientras se piensa en acelerar. Todo con un reparto posicional optimizado para que la maquinaria no gripe y para facilitar el establecimiento de piezas ofensivas enfocadas a la determinación, con Marco Asensio, Diego Costa y Álvaro Morata como los cromos señalados, que pongan la rúbrica tan necesaria para que el resto de ajustes tenga sentido.

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