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De Julen Lopetegui a Luis Enrique

Es pronto para analizar todas las intenciones, carencias y virtudes de la España de Luis Enrique tras solo su primera convocatoria y con noventa minutos disputados, pero también es cierto que en Wembley pudieron apreciarse ciertos matices continuistas con la propuesta de Lopetegui aunque con el sello propio del asturiano. Tras la inédita situación vivida en Rusia tras quedar sin seleccionador a dos días del debut mundialista, el papel en dicha cita no fue como todos podíamos esperar apenas unas semanas atrás, tras las buenas sensaciones en juego y resultados cosechados por el técnico vasco. Aun así, esa fase de clasificación como punto de partida entre uno y otro puede formar una buena imagen comparativa de lo que Luis Enrique aporte como novedad a esta selección española.

Partiendo de una convocatoria con novedades por obligación, ante las bajas de los Iniesta, Piqué o Silva, así como por apuestas quizás más llamativas a priori del asturiano para estas primeras jornadas de Nations League, como la inclusión de Pau López, Albiol o Ceballos, dejando fuera nombres como Koke o Jordi Alba, arranca una nueva etapa de transición tanto en juego como en nombres. Como era algo lógico, Luis Enrique no llegaba para romper con lo establecido, sino continuar con un modelo ya instaurado desde hace años en la idiosincrasia de la selección, pero cuyo momento álgido ya pasó de la mano de un entrenador previo. En este caso con Luis Aragonés y Vicente del Bosque, algo que se asemeja mucho a su llegada al Barcelona, tanto por estilo como por momento. Y, como hiciera en Can Barça, su revolución fue moderada, aportando sus matices a una línea ya marcada. Misma función ahora tras coger las riendas de la Roja.

Muchas similitudes entre su llegada al Barcelona y a la selección. Aportar algo diferente a un modelo que sufre de desgaste, pero que es la vía establecida en la idiosincrasia de la entidad.

Son solo noventa minutos sí, pero se han podido ver ciertas intenciones que siguen recordando a su etapa como técnico culé. Las señas de Lopetegui como seleccionador, donde el juego de posición seguía imponiéndose, aunque le dio ciertas dosis de verticalidad, seguía dotado de una posesión donde primaban el pase corto y los cambios de juego como principales opciones para abrir los repliegues rivales. Con Luis Enrique en Londres esta verticalidad pareció alcanzar un grado más, sin tapujos para buscar el balón largo a la espalda de los defensas, buscando los movimientos principalmente de Aspas por dentro y de Rodrigo en banda derecha. Teniendo durante más tiempo el balón que su rival, la España del Lucho utiliza esa posesión para defenderse más que para atacar, tratando de salir desde atrás pero con fluidez, buscando rápido a un Thiago que era el primer encargado de buscar en largo a uno de los puntas o a un Isco bien abierto que fue más determinante cuanto más centrado consiguió recibir.

Otro aspecto clave y diferencial respecto a la etapa de Lopetegui es la presión. Si bien con el ahora técnico madridista España adelantó en cierta manera sus líneas, Luis Enrique parece mantener esa filosofía del bloque alto, pero con la diferencia de la intensidad en la misma. Por lo que pudimos ver sobre el césped de Wembley, no era solo la primera línea de atacantes la que saltaba rápidamente a la presión sobre los centrales ingleses, sino que tanto los interiores como los laterales, y especialmente un Sergio Busquets saliendo a presionar a unas alturas poco habituales en el catalán. Atacando la salida rival con tal intensidad, esta España de Luis Enrique gana enteros a la hora de poder asentarse en campo contrario y de estar raudos tras pérdida teniendo en cuenta que la mayor frecuencia del pase largo en el estilo de juego menguará la probabilidad de acierto en el pase, especialmente en la zona de tres cuartos.

Con mayor riesgo en el pase, será más fácil perder el balón cerca del área rival, por ello una rápida presión tras pérdida con todos los actores ofensivos implicados puede ser parte fundamental en el aspecto ofensivo de este equipo.

Sin embargo, estas características de presión, amplitud, juego ofensivo y verticalidad más desarrolladas por Luis Enrique fomentan que España siga adoleciendo de su principal carencia en los últimos meses: la transición defensiva. Como se pudo ver en la segunda mitad ante Inglaterra, la Roja se siente más cómoda defendiendo cerca de su área, acumulando hombres por dentro y jerarquizando a partir de Sergio Ramos, más ahora con la ausencia de Piqué, que teniendo que correr hacia atrás, defendiendo en desventaja y al espacio. La altura de Busquets y de los laterales dificultan los apoyos a los centrales en la mitad del terreno de juego. Si la presión falla, o el equipo rival es capaz de salir jugando con fluidez -como en el primer gol inglés- los chicos de Luis Enrique contarán con pocos efectivos para defender las contras rivales, estando en igualdad en incluso en inferioridad numérica aunque la jugada previa a la pérdida haya sido un ataque posicional. Este déficit condicionó mucho la empresa española en Rusia, y también, aunque en menor medida por el empaque de los rivales, en la fase de clasificación.

Una herencia de Lopetegui tanto en lo bueno como en lo malo que Luis Enrique trata de desarrollar adaptándolo también a su filosofía y estilo. Solo noventa minutos bastaron para ver ciertas intenciones de cambio en el juego de la selección, pero siempre con la premisa de mantener el modelo que hasta el momento nos ha dado los mejores frutos en la historia de nuestro fútbol.

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