Balón en Profundidad

Fútbol hasta la línea de gol

Partidos

Fiabilidad diferencial

Más allá de cómo se desarrolló, el partido del domingo en el Sánchez Pizjuán enseñó la fiabilidad de los proyectos de Sevilla y Getafe. Mientras los locales no se encontraban en el rectángulo, los visitantes disputaban la jornada 42, como si el verano no hubiese existido. Por un lado, el Sevilla aún transmite ese estado líquido en el juego, esa falta de estabilidad y, por el otro, el Getafe actúa de forma compacta y demostrando la ventaja de confiar en una hoja de ruta a largo plazo. Esa capacidad de saber el qué, el cómo y el cuándo supuso el punto diferencial de la victoria azulona en Nervión.

Como también lo fue el gol del Getafe en el minuto 3. Para el conjunto madrileño ir por delante en el marcador supone una ventaja mayor que lo que te da un gol: significa concentrarse plenamente en su plan. Y este pasa por neutralizar los elementos protagonistas del discurso del rival. El planteamiento de ayer se enfocó en tres aspectos que debilitaron al conjunto de Machín.

El Getafe no permitió que el doble pivote se girara a raíz de su salida en corto.

El primero fue la presión sobre el doble pivote sevillano. Bordalás sabía de la salida en corto de su rival y dispuso una línea de presión exclusiva, formada por el doble pivote Djené-Maksimovic, que no dejara girar ni a Banega -sobre todo- ni a Roque Mesa en los primeros compases de la transición contrincante.  En uno de sus estrenos en el mediocampo -Arambarri y Bergara están lesionados- el togolés desempeñó una actitud temeraria poco elocuente y una incapacidad en la anticipación poco ortodoxa que pudo frenar el planteamiento azulón. Aun así, el canario Roque Mesa en concreto estuvo muy espeso en la responsabilidad de sacar el balón limpio y esto derivó en un cúmulo de pérdidas en campo sevillista poco habitual en un equipo de este estatus. En el segundo tiempo, con el argentino abarcando más espacio y, por tanto, más responsabilidad, Bordalás sedó la función de Banega en la dirección con la entrada de Shibasaki.

El segundo aspecto fueron las bandas. Ambos carriles son parte protagonista del juego sevillano y el técnico alicantino puso remedio a la cuestión. No eran los laterales los que cubrían a los carrileros, sino que fueron los volantes, Amath y Portillo, los responsables de atacarlos cuando tenían el balón. Con este movimiento, Bordalás inhabilitaba el juego exterior del Sevilla, generando situaciones de 2v1 con el volante y el lateral, y también restaba impacto a los cambios de orientación tan característicos del fútbol de Machín.

Bordalás supo cortar la producción exterior del Sevilla exigiendo tareas defensivas concretas a sus volantes.

Por último, el tercer aspecto, aunque más propio del discurso que un recurso determinado, fue la defensa en área propia. El Getafe concedió muy poco al Sevilla dentro de su rectángulo y le obligó a chutar desde fuera, una virtud que el conjunto de Machín no tiene. No es casualidad que el Getafe fuera el tercer equipo con menos goles en el área del curso pasado, solo por detrás de Barcelona y Atlético. Tanto Bruno como Cabrera por dentro, y Damián y Antunes un poco más alejados en las ayudas estuvieron casi perfectos, anticipándose a las intenciones sevillistas a su espalda, eliminando situaciones muertas dentro del área y mostrando contundencia tanto por arriba como por abajo.

El Getafe acumula 270 minutos sin recibir un gol, el que más de la competición, y es el equipo menos goleado junto a Valladolid y Celta –con un partido menos-. En el año de su reafirmación, las cosas empiezan muy bien para el conjunto de Bordalás.

¿Algo que añadir?