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Imbula se presenta en El Alcoraz

Una de las ventajas que puede ofrecer el hecho de cerrarse la ventana de traspasos de verano con la competición doméstica ya iniciada -sin contar los inconvenientes que pueda generar esto mismo- es la oportunidad para los técnicos de valorar y analizar sus plantillas en busca de alguna deficiencia que cubrir en los últimos días de mercado. Así, uno de los equipos que mejor ha aprovechado esta tesitura en La Liga ha sido el Rayo Vallecano. El conjunto madrileño, apurando sus opciones hasta los últimos días disponibles, ha reforzado zonas fundamentales en su equipo con piezas que apuntan a ser claves en el desarrollo de la temporada. En esas últimas semanas de agosto, tras dos jornadas de liga disputadas, llegaron a la disciplina franjirroja Raúl de Tomás y Giannelli Imbula.

El delantero madrileño ya sabe lo que es jugar en Vallecas, estando a las órdenes de Míchel y conviviendo con muchos compañeros de los que hoy siguen en el club, por lo que el rendimiento esperado del mismo y su adaptación al equipo son cosas ya conocidas por cuerpo técnico y aficionados. Más incógnitas presenta el caso de Imbula. El centrocampista francés llega como un jugador con un cartel superior a la media de incorporaciones rayistas, pero con la dificultad de estar en un momento de su carrera en el que debe ser su punto de inflexión personal, recuperando las sensaciones que daba cuando era una pieza con un potencial muy por encima del rendimiento que muestra actualmente.

El hecho de llegar tan tarde al club madrileño hizo que Imbula no debutase hasta esta jornada 4 en el primer partido de la historia de El Alcoraz en Primera División. Pero ese no fue el único hito histórico, pues en Huesca no olvidarán con facilidad la carta de presentación de esta categoría gracias al auténtico golazo que anotó nuestro protagonista, el primero que recibe el conjunto oscense en su estadio en La Liga Santander. A pesar de su espectacular golpeo, imparable ante cualquier intento de Werner, su capacidad para golear no es algo que destaque en él. Verle anotar tantos no será lo habitual en el pivote de origen guineano.

A pesar del gran gol que anotó el francés ante el Huesca, su capacidad para anotar goles no es uno de sus fuertes, aunque su buen golpeo de lejos ha quedado patente.

Imbula ha desarrollado su mejor fútbol en Francia, donde comenzó a destacar pronto en la Ligue 2 de la mano del Guingamp, para acabar dando el salto al Olympique de Marsella, club en el que dejaría su mejores minutos como futbolista allá por la temporada 2014/2015, cuando contaba con tan solo 22 años. Tras esa temporada en que fue clave en el conjunto marsellés, su carrera, en lugar de despegar, pareció ir cada vez a menos. Su paso por el Porto de Julen Lopetegui, en una apuesta personal del técnico vasco, no fue muy fructífera, y fue en Stoke-on-Trent donde trató de recuperar las sensaciones en una liga como la Premier League, pero no fue todo lo constante que hubiera querido. Ahora, tras haber pasado por el Toulouse en su vuelta a Francia, debuta en una liga nueva, de gran exigencia como la nuestra, y con un importante desafío por delante, liderando el centro del campo de un equipo que se marca el objetivo como permanencia.

En su debut ante el Huesca ya dejó clara su predisposición para ejercer de bisagra en el centro del campo de Míchel. Imbula se erigió como la primera pieza en salida de balón por delante de la defensa, ofreciendo soluciones constantemente y dejando patente su técnica y calidad para salir de las presiones rivales en busca de un pase que aventajase a su equipo. Reseñable en ese aspecto su constante conexión con su compatriota Kakuta, que era quien aceleraba el juego unos metros por delante. En este contexto Imbula demostró lo que pudo desarrollar en ligas tan físicas como la inglesa y la francesa, utilizando bien su cuerpo en defensa y en ataque, a la hora de robar y también de proteger, pero además con su despliegue. No se quedó cerrando como un ‘5’, si no que contó con cierta libertad para volar. Llegando en segunda línea, Imbula disfrutó de alguna que otra ocasión para definir desde la frontal del área, más aún viendo la confianza que le habría dado anotar ese golazo en su primer intento. Pero, como decíamos, esta no será la tónica habitual en el francés, pues tan solo en lo que lleva jugado con el Rayo ha logrado anotar tantos goles como en toda la temporada pasada con el Toulouse.

Su papel en salida y en repliegue como bisagra en el centro del campo rayista es clave para Míchel, y el rol le va como anillo al dedo al francés.

Con la necesidad de relanzar su carrera y recuperar sensaciones, Imbula llega al centro del campo del Rayo para convertirse en su líder desde la presencia física, siendo la pieza principal en salida de balón y utilizando su portentoso despliegue tanto en ataque como en defensa. Una pieza importante para Míchel y un complemento perfecto para liberar a quien le acompañe, ya sea Elustondo o Medrán. Los goles no serán su fuerte, pero si nos sigue dejando alguno como el que anotó al Huesca, seguro que disfrutaremos. Imbula no ha podido tener mejor carta de presentación.

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