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En la búsqueda de Griezmann y Saúl

Justo cuando teóricamente dispone del mejor plantel a su disposición desde su llegada al banquillo del Atlético de Madrid, Diego Pablo Simeone es cuando más dudas nos transmite en cuanto a intenciones y hoja de ruta. Sea por incomodidad por adoptar conceptos nuevos o por la nostalgia de los éxitos alcanzados con su estilo más natural. El sábado contra el Eibar de José Luis Mendilibar en el Wanda Metropolitano, volvimos a ver cómo el equipo rojiblanco sigue sin encontrar respuestas en el sistema y, aunque consiguió inquietar al portero Dmitrovic hasta el punto de hacerlo el mejor hombre rival, lo hizo más por jugadas que por juego.

Lejos de alcanzar continuidad en su fútbol, el Atlético sí se acercó al gol por pura calidad en determinadas jugadas.

Y es que, viendo el escenario en el minuto 1, podíamos imaginarnos un discurso diferente, con más dominio de los locales. El Cholo propuso un centro del campo en teoría bien equilibrado con Rodri y Saúl en los interiores y Koke y Lemar en los volantes, como mediapuntas tirados a bandas. Los cuatro tienen calidad para dominar acumulando pases, haciendo retroceder al rival a la vez que avanzan su ataque mediante el escalonamiento. Además, podrían sumar en teoría la llegada de Saúl y la conducción de Lemar para añadir registros. Sin embargo, en el 4-4-2 de Simeone no llegaron a encontrar los automatismos necesarios. Solo cuando Koke Resurrección se alejaba de la cal para acercarse al doble pivote, el Atlético conseguía acaparar posesión y crecer a partir de ella, dibujando algo más parecido a un 4-3-3 y siendo Antoine Griezmann el que aprovechara el espacio en derecha del centrocampista español. El francés es, junto a Saúl Ñíguez, las dos piezas que con más premura debe acomodar Simeone para que el equipo suba el nivel.

El 7 debe ser capaz de disfrutar desde la libertad y la ubicuidad. Partir de la doble punta junto a Diego Costa con las ventajas que de cara le presta el hispanobrasileño y con las opciones que los centrocampistas y laterales le den desde el pase o la profundidad. En ese contexto, ya sea desde el carril del 10 o tirado a banda derecha, podría intervenir, como ya ha demostrado en varias ocasiones, tanto en la generación de la jugada a partir del juego entre líneas como, desde ahí, a la finalización cuando el rival esté girado y sea el francés el que domine tiempo y espacio. Inició la temporada en un estado físico imperfecto, pero ya contra el Eibar fue demostrando su mejoría siendo en muchas ocasiones el foco de creatividad y de frecuencia en el toque de balón que tanto necesita su equipo.

Acomodar a Saúl y Griezmann se antoja fundamental y necesario para que el Atleti se acerque a sus máximos.

Pero quizás sea Saúl Ñíguez el jugador cuyo potencial menos aprovechó el Atleti en esta jornada de Liga. El ilicitano llegaba al encuentro en un estado de forma física y con una confianza mental muy superior a la media de sus compañeros tras su potente actuación con la Selección Española en este parón liguero. Luis Enrique Martínez ha demostrado entender a la perfección qué es Saúl, cómo utilizarlo y cómo aprovechar sus virtudes para con el funcionamiento colectivo. En su 4-3-3, el técnico asturiano le dio libertad para ir y venir, para condicionar desde su intensidad física y por supuesto para llegar al área, sin responsabilidades posicionales tan rígidas como el doble interior que propuso Simeone junto a Rodri el sábado y sin exponerle a un contexto táctico en el que tuviera que ser él, por posición, el encargado de hacer fluir la circulación de balón, virtud que todavía no ha demostrado. Saúl es uno de los centrocampistas europeos del momento y el Atlético necesita que pueda estirarse sobre el campo para darle ventajas tanto en terreno propio como en el contrario. Para ello, su entrenador debe elegir el estilo para construir a partir de él. Rodrigo Hernández parece el destinado a darle equilibrio a cada movimiento y a partir de él, Koke desde el pase y Saúl desde el dinamismo parecen mimbres suficientes para dirigir un equipo dominante. Porque arriba, Antoine y Diego las acabarán metiendo.

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