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Un Valencia aún por volver

Tras haber arrancado de manera fulgurante la temporada pasada, en esta, una tan especial por dos motivos de peso como ser el año de su centenario y el de la añorada vuelta a la Champions League, la cara de la moneda es la opuesta. Tres puntos de doce posibles. Ninguna victoria en cuatro jornadas y tan solo tres goles a favor -ni uno de media por partido- por cinco en contra. Ese es el pobre bagaje del Valencia de Marcelino tras las primeras semanas de competición. Un mal inicio que enlaza justo con el comienzo de una nueva edición de la Champions League ni más ni menos que ante la peligrosa Juventus de Allegri.

Lo cierto es que la suerte o el merecimiento suelen estar relacionados con algunos resultados concretos, pero cuando una dinámica errática se prolonga en el tiempo se debe a factores que van más allá, y eso es algo que se percibe actualmente en el conjunto che. El Valencia apenas ha cambiado las cartas que le hicieron brillar la temporada pasada. Sí ha reforzado su fondo de armario con la vista puesta en rendir en tres competiciones de la máxima exigencia, pero si dibujamos un once ideal este será prácticamente igual al de hace unos meses, tan solo con un par de cambios. Esto sumado a que los planes del entrenador apenas varían un ápice, todo hacía creer que el Valencia podría mantener el mismo nivel del año pasado. Nada más lejos de la realidad.

Este Valencia de la 2018/2019 ha arrancado muy dubitativo, con muchas de sus señas de identidad minimizadas y sin la determinación para darle la vuelta a la situación. Parejo, junto al despliegue de Geoffrey Kondogbia, sigue siendo el encargado de hacer salir al equipo, de fluir el juego con su desplazamiento de balón a través de su exquisita conexión con Rodrigo Moreno, que sigue siendo el jugador más activo y determinante del cuadro che y que está rayando un nivel de forma excepcional. Las bandas siguen queriendo tener la cuota de protagonismo del año pasado, tanto en el juego posicional como en el sentido de ser el factor desequilibrante, partiendo desde sus laterales incorporándose y dando amplitud, así como asociándose con sus volantes. Sin embargo, nada de esto parece estar funcionando.

Las bandas están faltas de protagonismo. Los laterales no están siendo tan punzantes, mientras ese equilibrio asociativo y electrizante aún no se ha podido ver. Se hace más necesaria que nunca la vuelta de Guedes al once.

Los laterales están careciendo del vuelo suficiente como para presentarse como opciones válidas para sus volantes que, a su vez, tampoco están teniendo ese desborde que se les solicita, algo quizás más lógico en la figura de Carlos Soler, pero que en izquierda está echando muy en falta a un Gonçalo Guedes recién aterrizado en la ciudad del Turia, aunque en esta última jornada ante el Betis, tampoco fue solución partiendo desde el banquillo. Esto está provocando que mucho juego che se concentre por dentro, generando un atasco en el juego y una baja fluidez que impide al Valencia atacar con solvencia desde lo posicional. Y es que hasta el momento solo al contragolpe están pudiendo ser peligrosos, aunque ese precisamente no sea un contexto habitual al que se enfrentan los de Marcelino.

Rodrigo sigue siendo la nota positiva en el conjunto che, como bien demostró también en la Selección Española, continuando con el buen momento de forma con el que finalizó la pasada campaña. Sin embargo, le está faltando un socio arriba. Tras la salida de Zaza, ninguno de los tres puntas que acompañan al hispanobrasileño ha estado a la altura, aunque Michy Batshuayi, seguramente la contratación estrella en este aspecto, aún necesita sumar más minutos con el fin de adaptarse al equipo y también para tener la oportunidad de demostrar su complementariedad -o no- con el bueno de Rodrigo. Hasta el momento, ese segundo delantero ha pasado bastante desapercibido, reflejado en esos pobres tres goles anotados hasta el momento, y ese es uno de los principales déficits con los que debe lidiar el técnico asturiano.

Rodrigo sigue siendo la nota positiva en esta temporada. Con sus movimientos y su determinación, el delantero che parece ajeno a todo lo que le rodea sobre el césped.

Con tantas cosas a corregir, Marcelino necesita aportar ciertos matices que hagan dudar al rival, ponerle contra las cuerdas y a su vez ir activando ya las piezas clave de su puzzle, que Batshuayi o Guedes vayan entrando en dinámica para ayudar a solventar algunas de las carencias actuales del equipo y volver a desarrollar el fútbol que la temporada pasada le permitió certificar su vuelta a la Champions League. Un Valencia con pocas novedades que solo necesita volver a encontrarse consigo mismo.

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