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Delante del espejo

Nos pasa a todos. Llegamos al verano con la ansiedad de haberle esperado durante mucho tiempo, algunos incluso llevan semanas -realizando un trabajo psicológico que traspasa límites- con la ‘Operación Bikini’. Pero ya está ahí. Compramos unas nuevas gafas de sol, un par de camisetas e incluso un bañador. Te has cuidado durante los últimos meses y quieres que se note, todo te queda bien. Tras el verano, prevés un año importante en lo personal. Sin embargo, tarde o temprano, todos terminamos cayendo en lo de siempre. ¿Quién rechaza una cerveza en la playa, en la piscina o en el bar a media tarde? Nadie. Y así, terminas el mes de agosto irreconocible. «Ese no soy yo», te repites delante del espejo.

El Valencia sabía que le auguraba una temporada importante. Mejoró la plantilla con fichajes importantes. Es el año del centenario del club. Y del regreso a la Champions League. En las primeras jornadas de Liga, los de Marcelino habían demostrado carencias en todas las líneas. No a nivel técnico, sino falto de mecanismos o movimientos consolidados la temporada anterior, con el 4-4-2. Y llegó la Copa de Europa para evidenciarlo. Si bien la Juventus de Turín podía presentarse como la posibilidad de realizar un punto de inflexión positivo en este inicio de campaña, los italianos reflejaron aún más el déficit valencianista. Apuntalado en las dos áreas -sobre todo en la de Neto- pero también en el centro del campo.

Max Allegri, desde la llegada de Cristiano Ronaldo, se vio obligado a modificar piezas para acomodar al portugués. De esta forma, Mario Mandzukic se erige como el principal socio del portugués, pero más alejado -en todos los sentidos- de lo que en su día representó Karim Benzema. Ronaldo ha repercutido en el regreso al área del croata. Y, por ende, el ex del Real Madrid ha terminado más enganchado a la banda que de costumbre en los últimos años. Así pues, Marcelino optó por el recurso de Rubén Vezo como lateral, aun teniendo poca presencia ofensiva. Junto a él, Carlos Soler realizó ayudas extra para intentar frenar la banda izquierda de la Juventus. Fue entonces cuando el Valencia descifró que no padecería de los que estaban -Cristiano- sino de los que llegaban a esa zona. Y el que aparecía, sin frenos y siendo extremadamente profundo, era Alex Sandro. Los italianos explotaron e inclinaron el campo hacia el sector izquierdo, desde donde llegaron gran parte de sus ataques. Y es que cada centro lateral suponía un dolor de cabeza para los centrales. Tanto Gabriel como Murillo sufrieron en el posicionamiento defensivo a raíz de la población del área por parte de Mandzukic, Ronaldo antes de la expulsión y de las llegadas desde segunda línea. La sensación de peligro midió la altura en la que se encuentran ambos proyectos. Y de lo que a día de hoy son ambos clubes en Europa.

Los desdoblamientos de los laterales y los centros laterales fueron el principal dolor de cabeza de la defensa che.

El dominio del área decantó el partido en favor de los hombres de Allegri. Además, el Valencia nunca llegó a ser incómodo en campo contrario. Las carencias del ataque posicional no se contrarrestaban con una presión tras pérdida -donde es clave para achicar espacios Kondogbia-. Con diez hombres sobre el campo, los piamonteses defendieron en bloque bajo, pronunciando su plan de salir en transiciones con la entrada de Douglas Costa por Miralem Pjanic. Pero tampoco así el Valencia fue capaz de incomodar. Los ataques horizontales no potenciaban las recepciones de Rodrigo en zonas interiores. Y desde fuera, Gonçalo Guedes no tuvo el punto de acierto en el desequilibrio que beneficia al Valencia en muchos intangibles. El recurso desesperado de Marcelino fue el de ubicar a Denis Cheryshev y Guedes en los costados, pero a pierna natural. El fin era poblar el área y atacar por otros medios. Pero Bonucci y Chiellini sofocaron los incendios. Carlos Soler, al lado de Parejo -muy desdibujado-, fue el único centrocampista que aportó nuevas ideas. Aunque más por desesperación que por necesidad concreta del equipo en contextos naturales.

La Juventus dominó desde la calma. Ambos goles llegaron desde el punto de penalti, pero el plan para intimidar a la Vecchia Signora fue insuficiente. El debut en Europa surgió como otro ejemplo para demostrar que el Valencia no ha empezado bien la temporada. Ninguna individualidad reforzó el bloque, pero sí el aspecto más evidente -y preocupante- de la falta de dominio del área propia. Los centrales son la excusa para ponerse delante del espejo y analizar el por qué de muchas cosas. Cada vez con menos tiempo y margen de error -aunque sí de maniobra-, Marcelino necesita potenciar a sus piezas a partir del bloque. Porque fue así como el Valencia llegó en muy buena forma y con mejores resultados al verano pasado. Son momentos de reflexión en Mestalla.

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