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Modric en la mediapunta

Si dedicamos nuestras primeras líneas a hablar de las cualidades de uno de los mejores centrocampistas del mundo actualmente -para algunos el mejor y sin suponer ningún gran debate- seguramente acabaríamos este artículo sin poder analizar lo que pudimos ver la noche del miércoles sobre el césped del Santiago Bernabéu. Luka Modric tiene acostumbrado al respetable merengue a dominar el juego desde la medular, siendo el principal cerebro del equipo blanco. La batuta que lleva años dirigiendo el juego del Real Madrid cada temporada con más autoridad. Pero además nunca exento de trabajo y esfuerzo. Una faceta defensiva que ha ido creciendo acorde a su madurez.

Sin embargo, y sin tener que remontarnos a sus orígenes en el Dinamo Zagreb, en su época en el Tottenham el balcánico se mostraba como un perfil de futbolista ciertamente diferente, partiendo varios metros por delante y más enfocado a la generación final en el último tramo de asociación que de un constructor propiamente dicho. Un hecho que permite ver hoy en día su facilidad para descolgarse y seguir siendo decisivo también cerca del área, aunque con mucho más recorrido que hacer que en su etapa en la Premier League.

El perfil de Modric ha ido variando con el paso de los años.

Fue en esta primera jornada de la Champions League en la que vimos al Modric más cercano a 2011. Lopetegui, en lo que parecía una puesta en escena más, desde un sistema familiar en el feudo blanco, sorprendió a todos con un detalle que en la práctica, con el balón en juego, fue muy evidente. Luka Modric no ejerció como mediapunta puro, pero desde la presión el croata suponía generalmente la segunda pieza más adelantada del sistema madridista. Con Benzema y Bale presionando más escorados, dejaban a Modric el carril central para que presionase, sin limitaciones, a los centrales romanos. Esto permitía que, tras recuperación en campo contrario, Luka ya estuviera varios metros por delante de lo habitual, cerca del área y con la capacidad de mirar a portería en la búsqueda de asociarse con Bale o Benzema. No partía desde esa posición, sino que por el mecanismo de presión ideado por Lopetegui, el croata adelantó ostensiblemente su posición media sin balón.

En fase defensiva en campo propio la temática era prácticamente la misma. Modric solía establecerse como la segunda pieza blanca más adelantada, solo con Benzema por delante apretando a los centrales giallorossi, Modric se situaba por delante del doble pivote formado por Kroos y Casemiro mientras Bale ejercía las coberturas por banda derecha. Un cambio palpable en el organigrama madridista que deja entrever una posible nueva evolución posicional del futbolista balcánico.

En el Bernabéu, como mediapunta, dio una auténtica exhibición ante la Roma, aunque habrá que ver hacia qué tipo de futbolista evoluciona.

Pues la edad no perdona, y el físico a Modric le irá impidiendo cada vez más realizar grandes despliegues. Es ahí donde se abre un importante abanico de opciones: volver hacia el punto de partida ocupando la mediapunta o bien retrasar aún más su posición hacia el pivote, como ya hiciera un magnífico futbolista de corte similar: Andrea Pirlo. Sea como fuere, la calidad del balcánico permitirá que, sea a la altura que sea, siga asombrando a propios y extraños con su técnica, su lectura táctica y su visión de juego. Queda Modric para rato.

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