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El infierno griego frena el fútbol verdiblanco

Atenas fue un fortín. El Betis llegó a El Pireo con la intención de derrotar al Olympiacos a base de buen fútbol y rigor táctico, pero la estrategia de Pedro Martins logró desbaratar el planteamiento que tan concienzudamente Quique Setién suele amarrar. El partido completo puede definirse como un monólogo absoluto de abrumador dominio bético, llegando a alcanzar un ochenta por ciento de posesión en algún momento del encuentro. Sin embargo, Setién tuvo que cerciorarse de la ausencia de verticalidad que tanto está acusando a los suyos, siendo el partido de ayer el culmen de la impotencia.

El guion, claramente, siguió lo preestablecido por ambos equipos. Los verdiblancos se impusieron con el balón en sus pies desde el primer minuto, mostrándose fieles a su estilo. Por otro lado, los griegos conocían a la perfección el plan de Setién, aislando así del resto de sus compañeros a Sergio León y a Loren, claras víctimas de la férrea defensa de Olympiacos. Tal fue así que Joaquín y Lo Celso, los que más brillaron durante la primera parte, no consiguieron filtrar pases a unos espacios que estaban previamente ocupados por los centrales griegos, cortando la posible trayectoria de los delanteros verdiblancos a la hora de desmarcarse. Con Loren y León totalmente neutralizados, la escasa movilidad existente en la transición ofensiva llegaba de manos de los carrileros, Tello y Barragán, que trataban de triangular sus posiciones y mover el esférico junto a Lo Celso y a Joaquín. No obstante, una vez más, los delanteros no podían ayudar en la circulación del balón en tres cuartos, por lo que las filtraciones entre líneas de los interiores no servían de apoyo para los carrileros, viéndose sus elevaciones sobre la banda anuladas por completo.

El dominio bético quedó patente, pero fue estéril ante el sólido planteamiento defensivo de los de Pedro Martins. Excesiva horizontalidad en los verdiblancos.

Olympiacos, por su parte, basculaba correctamente al ritmo de la posesión bética, sabiendo esperar adecuadamente. Así, consiguió asustar alguna vez a sus rivales con contraataques que estuvieron cerca de fructificar, si no llega a ser, entre otras, por una parada magistral de Joel Robles, quien vio cómo su defensa se rompía a la hora de replegar debido a la elevada altura de sus carrileros y la mala ejecución de las coberturas hacia la zona de Mandi por parte de Javi García y de Sidnei, quienes habilitaron el carril por completo a Fetfatzidis. A pesar de todo, el Betis llegó al descanso fresco físicamente y con las ideas claras en cuestiones tácticas, cansando a los locales para tratar de abrir espacios con pases filtrados en la segunda mitad.

El problema, sin embargo, fue que la teoría no siempre se consigue llevar con éxito a la práctica. Eso ocurrió en la segunda parte, cuando se diluyó el efecto que tan bien consiguieron al principio Joaquín y Lo Celso. Ambos se vieron sobrepasados por un ritmo ofensivo que no era nada positivo para el conjunto bético, ralentizando la circulación con cada pase horizontal que Olympiacos obligaba hacer al Betis. Una línea de hasta 8 jugadores por delante del portero complicaba a los de Setién avanzar con decisión, a excepción de un par de jugadas con triangulaciones apoyadas sobre los carrileros que ni tan siquiera se pudieron fructificar por culpa de la precisión. Camara y Bouchalakis no solo consiguieron neutralizar el juego vertical que aportaban Joaquín y Lo Celso, sino que complicó la tarea de anclaje a un Guardado que comenzó a sentirse desportegido a la hora del repliegue, con las subidas de Sidnei y Mandi que tanto peligro causaban.

En la segunda parte el guion de partido no cambió, pero algunas desconexiones puntuales pudieron acabar además costando el partido. Un punto que sabe a mucho o poco según cómo se mire.

Los errores individuales, además, estuvieron cerca de echar por tierra, incluso, el empate. Javi García concedió, un par de veces, dos balones complicados que bien pudieron ser utilizados para materializar el primer tanto. La entrada de Canales dio un aire más ofensivo al Betis, que, en conjunto con la expulsión de Tsimikas, facilitaron la tarea a los visitantes. Un poco más de verticalidad, surtida, en gran parte, por el propio Canales y los desmarques, un poco más notorios, de Sergio León, hicieron parecer durante unos minutos que el Betis sabía por donde atacar, pero esta sensación acabó desapareciendo un poco después. Ni siquiera las entradas de Inui y de Sanabria permitieron a los béticos lograr una vía de ataque más directa, renegándose, en todo momento, a continuar circulando por el césped sin un ápice de verticalidad. Se notó, por tanto, una oxidación importante en la variante táctica, y todo apunta a que el Betis necesita imprimir algo más de ataque directo a su juego posicional para dañar a su rival y acercarse a la cuenta pendiente esta temporada: el gol.

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